¿Felicidad es cuando el deseo y el placer superan la vanidad?
La necesidad de recibir admiración puede llevarnos a confundir el bienestar con las apariencias y el éxito con la acumulación de bienes

Es difícil que sintamos que estamos siendo vanidosos, por lo que te sugiero que lo mires en otra persona... así te apartas de tus juicios previos.
Buscar la admiración de otros es algo natural en la sociedad. Desde que nacemos estamos obligados a luchar por destacarnos.
Piensa en unos gemelos en un hogar donde la comida es escasa. El que más llore saldrá beneficiado. La madre no tiene preferencias, solo que siente que aquel con más necesidad es el que más alto grita... supervivencia.
Los niños van creciendo y los padres vamos intentando criarlos como triunfadores... hay que destacarse. Llegan a la adolescencia y comienzan las danzas de conquista. Las niñas tienen que ser atractivas, los niños también. Aunque inconscientemente elegimos factores diferentes.
Al momento de apareamiento, llega algo muy importante y decisivo para nuestras finanzas; los factores de elección han cambiado por la evolución de la sociedad.
Antes el joven era elegido por su capacidad de caza y pesca. ¿Y hoy?
Nos queda en el subconsciente que el macho de nuestra especie es proveedor. Antes era comida, luego tierras (de donde se conseguía comida) y ahora es dinero. Aunque debería ser la capacidad de crear y mantener dinero.
En todo caso, tanto él como ella tienen que ser elegidos por algunas cualidades. Lo malo es que no hemos evolucionado en nuestro cerebro tan rápido como nuestra sociedad.
Ya las jóvenes tienen igual capacidad de producir dinero como los jóvenes. Encontrar la mujer con los genes adecuados para tener descendencia sigue estando en el subconsciente y, de manera automática, sigue influyendo; por lo que la vanidad entra en juego.
Conseguir admiración es determinante para muchos, no solo para obtener pareja, sino también otras cosas, como el respeto de los demás.
¿Sabes que puedes tener una deuda muy importante sin saberlo?
¿Vivimos para disfrutar o para impresionar?
Ya los hombres no salimos literalmente a cazar, ahora podemos comprar la presa para llevarla a la casa. Los músculos y una quijada amplia no son lo que determina al cazador. Como tampoco las caderas y la piel sana y linda a la mujer.
Los hombres podemos mostrar la capacidad financiera haciendo compras, las que por un mayor poder adquisitivo pueden convertirse en pura vanidad. La mujer alardeaba por toda la aldea moviendo sus caderas y mostrando su rozagante rostro, hoy muchas compras la pueden poner en lo más alto de la lista.
Andamos buscando admiración y solemos hacerlo gastando dinero. Alardear es la norma. Presumir riqueza material es algo tan común que no medimos las consecuencias en el corto plazo, mucho menos en el largo.
Buscamos la admiración y perdemos de vista muchas cosas importantes. La primera es que la mayoría que deseamos impresionar nunca se permitirá admirarnos. Nuestra vanidad les causa envidia y les lleva a una crítica perenne.
Es como cuando subo al escenario y veo una persona que se nota opuesta a lo que estoy diciendo. No me puedo concentrar en ella, sino en los otros cientos que sí están ahí porque fueron a aprender de lo que les comunico.
Cuando la gente te admira y respeta por lo que eres no hay necesidad de intentar que te admire por tus riquezas materiales. Si vivimos en autenticidad, nos rodeamos de los que en verdad merecen estar en nuestra manada. Vivir nuestros deseos y placeres nos hace vivir.

Diego Sosa