Criticarte - El arte provocador
Preámbulo (impresión cromogénica sobre papel, 2008) fue la obra merecedora del Gran Premio del XXII Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, convocado por el Centro León de Santiago. Su autora, Raquel Paiewonsky, resultó la única ganadora del premio más importante por segundo año consecutivo en la ya larga historia del concurso.
No es extraño que la obra haya suscitado ciertos sonrojos por parte de algunos sectores conservadores. En Londres, por ejemplo, hace poco tiempo tuvo que ser cambiada la portada del libro "Experience", del autor Martin Amis porque aparecía él mismo en una foto de su infancia con un cigarrillo en la boca. Allí mismo, hace seis años, la National Portait Gallery tuvo que cambiar el afiche original de una muestra de sir Peter Lely en el metro londinense, porque aparecía un retrato de la condesa de Oxford con un pecho al descubierto, y en su lugar colocar uno de la no menos condesa de Richmond bien tapadita. Londres vetó en el recién terminado año 2008 un cartel que anunciaba una exposición de Lucas Cranach el Viejo en la Royal Academy of Arts. El afiche presentaba una mujer del Renacimiento, desnuda con sólo un velo transparente entre las manos que provocaba aún más su desnudez. Casos similares abundan en el mundo de hoy. Moraleja: no siempre es bueno tomar a Londres como norte.
Una de las funciones del arte es provocar, transgredir las normas, cuestionárselas y llamar a la reflexión. Lo ha provocado la serie de 200 cadáveres disecados dispuestos en distintas posturas, que ha sido vista por más de 13 millones de personas. Lo han provocado Dadá, Malevich (con aquel cuadro negro sobre un fondo blanco) y Duchamp (en 1917, quien envió bajo seudónimo a un concurso un urinario) con un sinnúmero de 'maldades' que inauguraron el arte conceptual. Incontables son los casos que podrían citarse de provocaciones artísticas dentro de las artes plásticas.
Marcelo Gioffré, un periodista y escritor argentino, ha notado que la etapa actual del arte se caracteriza, entre otras cosas, por "una libertad creadora y estilística como nunca antes había tenido y por la autoconciencia de su papel filosófico y político". Por otra parte, como nunca antes, se propugna que cada cual haga su lectura de la obra y que cada lectura sea válida.
Raquel Paiewonsky indaga en la femeneidad y lo hace a su modo, provocando, contraponiéndose con coraje y calidad estética a las normas. "Preámbulo", donde cinco niñas escogieron cada una el atuendo que deseaban, puede tener varias lecturas, pero de ahí a llevarla a las zonas más intolerantes, hay un trecho largo. La artista indaga sobre la relación entre cuerpo y edad. Tanto lo femenino como lo sexual nacen con el ser humano y con él mueren. Por tanto no hay que asustarse que esas niñas, como todas, quieran ser mujeres pronto, y anhelen tener este o aquel tipo de cuerpo, cercano a los estereotipos. Basta con fijarse que la más gruesa quiere ser una mujer delgada, que la mulata desea poseer cabellos rubios, o la rubita los desea negros, etc. De modo que la reflexión pasa también por lo racial y por las inconformidades con los parámetros de la sociedad.
Este fenómeno de que los niños quieran ser grandes, crecer, es también consecuencia de las continuas apelaciones que la publicidad y la propia sociedad hacen a los niños de venderles estereotipos y paradigmas deseables para todo el mundo.
Desde una crítico de arte tan respetable como Marianne de Toentino, entre otros, hasta el público que le premió con una mención, han respaldado la obra de Raquel.
No es extraño que la obra haya suscitado ciertos sonrojos por parte de algunos sectores conservadores. En Londres, por ejemplo, hace poco tiempo tuvo que ser cambiada la portada del libro "Experience", del autor Martin Amis porque aparecía él mismo en una foto de su infancia con un cigarrillo en la boca. Allí mismo, hace seis años, la National Portait Gallery tuvo que cambiar el afiche original de una muestra de sir Peter Lely en el metro londinense, porque aparecía un retrato de la condesa de Oxford con un pecho al descubierto, y en su lugar colocar uno de la no menos condesa de Richmond bien tapadita. Londres vetó en el recién terminado año 2008 un cartel que anunciaba una exposición de Lucas Cranach el Viejo en la Royal Academy of Arts. El afiche presentaba una mujer del Renacimiento, desnuda con sólo un velo transparente entre las manos que provocaba aún más su desnudez. Casos similares abundan en el mundo de hoy. Moraleja: no siempre es bueno tomar a Londres como norte.
Una de las funciones del arte es provocar, transgredir las normas, cuestionárselas y llamar a la reflexión. Lo ha provocado la serie de 200 cadáveres disecados dispuestos en distintas posturas, que ha sido vista por más de 13 millones de personas. Lo han provocado Dadá, Malevich (con aquel cuadro negro sobre un fondo blanco) y Duchamp (en 1917, quien envió bajo seudónimo a un concurso un urinario) con un sinnúmero de 'maldades' que inauguraron el arte conceptual. Incontables son los casos que podrían citarse de provocaciones artísticas dentro de las artes plásticas.
Marcelo Gioffré, un periodista y escritor argentino, ha notado que la etapa actual del arte se caracteriza, entre otras cosas, por "una libertad creadora y estilística como nunca antes había tenido y por la autoconciencia de su papel filosófico y político". Por otra parte, como nunca antes, se propugna que cada cual haga su lectura de la obra y que cada lectura sea válida.
Raquel Paiewonsky indaga en la femeneidad y lo hace a su modo, provocando, contraponiéndose con coraje y calidad estética a las normas. "Preámbulo", donde cinco niñas escogieron cada una el atuendo que deseaban, puede tener varias lecturas, pero de ahí a llevarla a las zonas más intolerantes, hay un trecho largo. La artista indaga sobre la relación entre cuerpo y edad. Tanto lo femenino como lo sexual nacen con el ser humano y con él mueren. Por tanto no hay que asustarse que esas niñas, como todas, quieran ser mujeres pronto, y anhelen tener este o aquel tipo de cuerpo, cercano a los estereotipos. Basta con fijarse que la más gruesa quiere ser una mujer delgada, que la mulata desea poseer cabellos rubios, o la rubita los desea negros, etc. De modo que la reflexión pasa también por lo racial y por las inconformidades con los parámetros de la sociedad.
Este fenómeno de que los niños quieran ser grandes, crecer, es también consecuencia de las continuas apelaciones que la publicidad y la propia sociedad hacen a los niños de venderles estereotipos y paradigmas deseables para todo el mundo.
Desde una crítico de arte tan respetable como Marianne de Toentino, entre otros, hasta el público que le premió con una mención, han respaldado la obra de Raquel.
Alfonso Quiñones
Alfonso Quiñones