El desorden y el alcohol eclipsan el carácter religioso de las patronales
Expertos en cultura advierten sobre la pérdida de la esencia de las fiestas patronales y la necesidad de una intervención gubernamental

Las fiestas patronales, que en su inicio eran actividades puramente religiosas, comenzaron a integrar otro tipo de actividades con el pasar del tiempo hasta llegar al extremo en que los conciertos, el ruido y el alcohol se convirtieron en el centro de la atención.
En medio del desorden que ocasionan las multitudes y las letras obscenas de los exponentes musicales, las comunidades han ido desplazando el carácter místico de un evento cuyo propósito es venerar al santo patrón del lugar y conmemorar la fecha de fundación de los pueblos.
Conflicto y tragedia
La imagen que se difunde en redes sociales y medios de comunicación es la de los conflictos violentos, el abuso de los espacios públicos y hechos trágicos.
Una suceso que conmovió al país fue el atropellamiento de una multitud que salió de una fiesta patronal en Las Yayas, provincia de Azua, en la madrugada del 1 de septiembre del 2024.
Un camión cargado de aguacate embistió a los jóvenes que se divertían en plena carretera Sánchez. Una decena de ellos murió y otros 40 resultaron heridos.
editar placeholder">Roldán Mármol, sociólogo y gestor cultural, lamenta que los organismos gubernamentales que tienen que ver con la cultura del país hasta ahora no hayan mostrado interés por intervenir para preservar la esencia de esta tradición.
"Ha habido ausencia de una política cultural. El Ministerio de Cultura debiera acompañar esas celebraciones y asesorarlas. Ha habido falta de una estrategia para que eso no se debilite, especialmente para la participación de las nuevas generaciones", lamenta el artista.
En la organización de estas actividades suelen colaborar unidos las gobernaciones, los ayuntamientos, las iglesias y los empresarios. En conjunto, anuncian al inicio del evento un calendario que conjuga misas solemnes y procesiones con conciertos y rifas.
También se incluyen corridas de caballo, palo encebao, concursos de belleza para elegir a los reyes del evento, actividades deportivas, karaokes y diversas expresiones artísticas, tales como recitales de poesía, conversatorios, exposiciones pictóricas, obras de teatro y danza.
Asimismo, se activa la dinámica comercial con la venta, además de alcohol, de artesanías, comida y otras mercancías.
editar placeholder">"Ya las fiestas patronales se han ido de la mano como espacio de transmisión de identidad y de expresión de la diversidad cultural de un pueblo. Eso era fundamentalmente la característica que tenían las fiestas patronales, pero ya se han convertido simplemente en un espacio para venta y consumo de bebidas alcohólicas", observa Mármol.
Explica que esta transformación se afianzó a finales de la década de los 80 y principios de los 90, cuando comenzó a darse un cambio impulsado por las innovaciones tecnológicas, la cultura urbana y el auge capitalista.
Las licoreras vieron una oportunidad para vender sus productos y empezaron a patrocinarlas hasta el punto en que sus marcas son la imagen que sobresale en el espacio del evento.
Pedro Quezada, presidente de la Federación Dominicana de Arte y Cultura (Fedoarcu), ha visto que en la actualidad conviven tres modelos distintos de celebración, según el lugar.
En muchos, las patronales se alejaron totalmente de su sentido religioso, en otros coinciden lo festivo con lo cristiano, y en algunos pocos se mantienen las viejas tradiciones.
En diversos lugares las alcaldías organizan las fiestas populares, y las iglesias, de manera independiente, dirigen las conmemoraciones religiosas.
Sincretismo religioso
En las patronales históricamente se han mezclado las manifestaciones religiosas del catolicismo con las africanas que trajeron los esclavos durante la época colonial.
De este modo, la fiesta de Santa Ana se dedica en la práctica a Anaisa y todos los santos católicos son celebrados entre bailes africanos con palos y atabales.
Las más grandes y concurridas son las de La Altagracia y San José de Ocoa, en honor a la Virgen de la Altagracia; la de Santiago, dedicada a Santiago Apóstol El Mayor; la de Monte Plata, que venera a San Antonio de Padua, y la de Barahona, que celebra a la Virgen del Rosario.
El número supera los cientos ya que las provincias, los municipios y los distritos municipales suelen tener fiestas propias y separadas.




Balbiery Rosario