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Ateneo Insular
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Encuentro literario del Ateneo Insular dedicado a la obra de Lorenny Solano y René Peguero Rodríguez

La actividad tuvo lugar el 21 de febrero del presente 2026 en el Centro de Espiritualidad San Juan de la Cruz, ubicado en La Vega

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Encuentro literario del Ateneo Insular dedicado a la obra de Lorenny Solano y René Peguero Rodríguez
Interioristas durante en el encuentro literario del Ateneo Insular de febrero. (FUENTE EXTERNA)

Como si repicaran las campanas se escucharon las noticias de la celebración del encuentro de febrero del Ateneo Insular, "santuario del Interiorismo", como lo llama el maestro fundador, don Bruno Rosario Candelier.

La ardua tarea, que como de costumbre se realiza en esta escuela, fue dedicada a estudiar las obras de los escritores dominicanos Lorenny Solano y René Peguero Rodríguez.

La actividad tuvo lugar el 21 de febrero del presente 2026 en el Centro de Espiritualidad San Juan de la Cruz, ubicado en Las Lajas, El Caimito, La Penda, de La Vega, ubicación céntrica que facilita a los asistentes su participación, pues llegan de todas las regiones del país.

Las ponencias

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Infografía
Interioristas durante una de las jornadas. (FUENTE EXTERNA)

En el caso de la obra estudiada de Lorenny Solano, El oso y la rosa, las ponencias presentadas parecieron salmos graduales de apreciación estética y de sentido espiritual.

Vianibel Valerio, por ejemplo, desde el «sentido estético» de la obra, manifestó: «A medida que avanzaba en la lectura, recordé inevitablemente la experiencia de enfrentarme por primera vez a El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, pues en este también la apariencia de sencillez engaña al lector apresurado».

Puntualizó: «Lo que parece una historia para niños termina por convertirse en una reflexión del mundo interior y la existencia misma. Del mismo modo, El oso y la rosa propone una visión sobre la fuerza y la vulnerabilidad. Fue entonces cuando comprendí que debía entender este texto como una alegoría delicada sobre la transformación del ser y prestar atención a las imágenes pobladas de personajes simbólicos y situaciones sencillas que conducen a pensamientos humanos complejos».

Evelyn Ramos Miranda, desde un «sentido profundo», expresó: «El oso y la rosa es una fábula infantil y juvenil de Lorenny Solano. Resulta fácil adentrarse en esta travesía, donde la naturaleza reviste de belleza cada página e invita al lector a continuar la lectura. El oso, protagonista del relato, encarna una personalidad emocionalmente cerrada, con rasgos de apego evitativo (necesita control, orden y previsibilidad para sentirse seguro; aunque anhela la intimidad, la teme); por ello, racionaliza su soledad afirmando que "así es su naturaleza".

Su dureza no es fortaleza —señaló—, sino un mecanismo de defensa. Critica a todos los animales del bosque, lo que, desde la psicología, puede leerse como proyección: atribuye a los demás aquello que no acepta en sí mismo.

"Más tarde, en la vejez, / comprendió: no perdió por amar demasiado, perdió por no saber quedarse / cuando el amor pedía coraje"».

Bruno Rosario Candelier ponderó el «sentido literario de El oso y la rosa, de Lorenny Solano»:

  • «Lo que ha hecho Lorenny Solano, comunicadora, narradora y productora de televisión, con la publicación de su opúsculo El oso y la rosa, es una creación narrativa inspirada en elementos de la naturaleza y en una vivencia plasmada en una fábula sobre la relación de pareja en la que los amantes confrontan desacuerdos y desencuentros».

Explicó que «El oso y la rosa es una fábula, en virtud de los protagonistas del texto, un oso y una rosa; la intención fictiva de la narración, con una reflexión moral; y una finalidad crítica ilustrada en el comportamiento de los protagonistas de la narración»:

«Se trata de una fábula en la que una inocente rosa inspira la atracción de un veterano oso en cuyo vínculo amoroso no logran entenderse en razón de la aspereza del oso y las espinas de la rosa, y ya se sabe que no hay aspereza consentida ni rosas sin espinas».

Sobre René Peguero Rodríguez

Kenia Mata Vega abordó La libélula, novela de René Peguero Rodríguez: «En La libélula, migrar no implica únicamente abandonar un territorio, implica abandonar las coordenadas psíquicas que permiten reconocerse como alguien. La novela se despliega como la crónica de una identidad que, privada de sus anclajes simbólicos, comienza lentamente a desorganizarse».

«Desde sus primeras páginas, el relato instala una tensión persistente entre memoria e invención, entre la necesidad de narrarse para sobrevivir y el riesgo de que esa narración se convierta en el espacio mismo donde la realidad empiece a disociarse. Para la protagonista, decir y decirse va más allá de un gesto testimonial, es el último intento de evitar la fragmentación del yo. La novela sugiere que, cuando el desarraigo se prolonga, deja de ser una circunstancia externa para instalarse en la estructura misma de la subjetividad». 

Sobre Memorias de un anfibio, novela de René Peguero Rodríguez, Rafael Hernández manifestó: «Las valoraciones tienen un alto porcentaje subjetivo en sus más variadas dimensiones, aunque haya parámetros establecidos para calificarlas dentro de un género, subgénero o estilo narrativo». Describió todos los tipos de personajes con los respectivos nombres apelativos asignados por el autor.

Expuso que «en el momento en que se publicó este relato, este tipo de temática estuvo de moda:  todo el argumento gira en torno al vicio, al hedonismo, a la satisfacción del deseo sexual, las citas a ciegas, el facilismo de la mujer aventurera en un ambiente machista donde ella se prestaba a ser considerada como un trofeo temporal, un ser débil y voluble que se irrespetaba a sí misma»:

«También el hombre-peje era una especie de maquinaria sexual, un perfecto e irresponsable sátiro», agregó.  

El teólogo Luis Quezada estudió el «sentido vivencial de El oso y la rosa, de Lorenny Solano» y Bruno Rosario Candelier presentó, además de lo expuesto, la obra Curro y yo, relato de René Peguero Rodríguez. Asimismo, participaron en este evento Víctor Escarramán, Daniel Polanco, William Acevedo Fernández, Ramón Cordero, entre otros.

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