De librería a colmado: La Trinitaria cambia su destino tras 57 años en la Ciudad Colonial
La librería, un ícono cultural en Santo Domingo, cerró en noviembre de 2025, dejando un legado de 57 años en la promoción de la lectura y el pensamiento crítico

(CORTESÍA DE RADHY MIRANDA)
Donde por décadas se hablaba de literatura, historia y país, ahora funcionará un colmado. El local que albergó la emblemática librería La Trinitaria, en la calle Arzobispo Nouel de la Ciudad Colonial, cambió de destino y con ello reabre el debate sobre la pérdida de espacios culturales en la capital.
El cambio ha sorprendido a residentes y visitantes habituales de la zona. No se trata de cualquier negocio: allí operó durante más de medio siglo uno de los principales puntos de encuentro intelectual del país.
Uno de los residentes lamentó la instalación del negocio y cuestionó la falta de políticas de preservación cultural.
"Creo que el Estado debe velar por la preservación de nuestra identidad. La librería La Trinitaria forma parte de lo que somos los dominicanos. En consecuencia, debió crearse allí un recinto cultural para mantener viva la obra de la librería, cuyo nombre se tomó del movimiento patriótico La Trinitaria, fundado por el patricio Juan Pablo Duarte", afirmó el gestor cultural Radhy Miranda.
La Trinitaria cerró sus puertas en noviembre pasado, poniendo fin a 57 años de historia. Fue fundada el 22 de noviembre de 1968 en la calle La Trinitaria esquina 30 de Marzo, en San Carlos, por Virtudes Uribe, junto a su hermana Juana Emilia y su madre Bertha Moreau de Uribe.
Con el tiempo, dejó de ser solo una librería. Se convirtió en un punto de encuentro donde coincidían escritores, artistas, políticos e investigadores. Un lugar donde siempre había conversación.
Por sus estantes y tertulias pasaron figuras de la literatura universal como Mario Vargas Llosa, José Saramago y Elena Paniatowska. También escritores dominicanos como Pedro Mir, Freddy Gatón Arce, Virgilio Díaz Grullón, Juan Bosch, Leonel Fernández, entre otros.
A esto se sumaban tertulias frecuentes con intelectuales como Miguel Cepeda, Alejandro Paulino, Hamlet Hermann y el periodista Bonaparte Gautreaux Piñeyro.
Desde sus inicios, La Trinitaria apostó por la importación de libros de teoría política, especialmente de editoriales como Siglo XXI y Grijalbo, de México. En 1977 se integró Juan Báez Melo, ampliando la oferta hacia la pedagogía y la creación literaria.
Cronología y legado de La Trinitaria en la Ciudad Colonial
En 1978 se trasladó a su sede definitiva en la calle Arzobispo Nouel 160, donde construyó su historia. A partir de 1985, se especializó en libros dominicanos, promoviendo autores locales con exposiciones en distintas ciudades del país.
El veterano periodista Bonaparte Gautreaux Piñeyro dejó constancia de su impacto en un texto publicado en el periódico Hoy en 2017.
"A Virtudes siempre la veo como la dulce jovencita que ingresó a estudiar en la Facultad de Derecho en octubre de 1956. De ahí nuestra relación", escribió.
También destacó su vocación por la lectura:
"Ese amor a la lectura y a los libros, obviamente inculcado por el excelente lexicógrafo que fue su padre".
Y resumió el sentido de la librería con una frase que hoy cobra más peso:
"Se quiebran las palabras para juzgar, para apreciar, para loar ese esfuerzo sostenido, permanente, sin descanso, para sostener el libro de autor dominicano en primer plano".

Misión cumplida
En una entrevista concedida en 2017 a la periodista y escritora Emilia Pereyra, publicada en Diario Libre, Virtudes Uribe afirmó que la librería cumplió su misión histórica.
"Han sido años difíciles. Los comienzos fueron muy duros. Nosotros comenzamos, no a vender libros dominicanos, sino libros de fuera, libros marxistas, en los doce años de Balaguer. Esos libros se vendían muy bien... Teníamos buena clientela. Se vendían inmediatamente. Era el boom. Después que vino la democracia el libro descendió", explicó.
Ante ese nuevo contexto, decidió apostar por el libro dominicano, pese a las críticas iniciales.
También impulsó la edición de obras y llegó a publicar cerca de un centenar de títulos de historia y literatura de autores nacionales y de la diáspora.
"Hemos publicado a escritores dominicanos, sobre todo, pero libros de historia que sirvan de apoyo a los estudiantes. Lo que más se vende es la historia", agregó.

Cierres
- En términos generales, el sector librero enfrenta una realidad compleja. El poco interés por la adquisición del libro físico, el pago de servicios y tributos, así como la falta de acompañamiento de estamentos oficiales vinculados al desarrollo de la cultura, figuran entre las razones por las que muchas librerías han desaparecido de la ciudad, llevando a sus propietarios a cerrar sus establecimientos.
- Hoy, el cambio de uso del local expone una realidad más amplia: la transformación cultural y comercial de la Ciudad Colonial.


Severo Rivera