Geraldine de Santis: "La buena literatura infantil no simplifica, entreteje emociones "
La autora ítalo-dominicana celebra 17 años de carrera mientras participa en festivales internacionales y se prepara para llevar su más reciente novela al cine

El 2026 parece que será el año de Geraldine de Santis. La autora ítalo-dominicana de literatura infantil y juvenil (LIJ) celebra 17 años de carrera mientras participa en festivales como Libro Aperto, en Italia; Dominican Writers Conference, en Estados Unidos; FIL Ayacucho, en Perú; y Mar de Palabras, en República Dominicana.
En paralelo, su novela “La temible banda de los atracadores de sueños” continúa expandiéndose: llega a Brasil y Perú con nuevas ediciones, además de dar el salto al cine en un proceso de adaptación junto a la productora española Blue Water Films.
Metáfora de lo invisible

“La temible banda de los atracadores de sueños” aborda la superación del miedo, la pérdida de esperanza y la fuerza de los sueños. La idea de escribir esta novela, cuenta la autora, surgió de una incomodidad persistente.
“Surgió de una sensación bastante incómoda: la experiencia de que hay situaciones -personas, sistemas, emociones- que nos impiden seguir nuestros sueños sin que nos percatemos”.
Y agrega: “Quise convertir eso en una metáfora viva, casi humorística, pero con filo detectivesco. No me interesaba solo contar una aventura, sino, darle a los lectores —niños y no tan niños— un lenguaje, un mundo para reconocer los límites… y, si se puede, rebelarse contra la opresión de la decepción”.
Para de Santis, la imaginación y la realidad no son opuestos; más bien ambos planos se entrelazan de manera orgánica, casi de manera inevitable.
“No los veo como excluyentes. Integro todo: emociones, conflictos, pequeños absurdos de la vida diaria, porque siempre estoy escribiendo, aunque sea mientras lavo los platos y recojo la casa”.
“La imaginación es el medio que necesita la ficción para poder decir verdades, para invitar a pensar; por eso, el equilibrio está en participar de la vida, observar atentamente, tener curiosidad y deseo de descubrir, de entender para luego llevarlo todo a la narración. Es como ser malabarista de imágenes, palabras y mensajes”.
Entre generaciones
Aunque escribe para niños y jóvenes, sus libros encuentran eco en lectores adultos. No es casualidad, es intencional.
- “Me interesa muchísimo ese territorio inesperado donde también el adulto se reconoce en un libro ‘que no era para él’. Creo que la buena literatura infantil no simplifica: entreteje emociones. Y en ese proceso, muchas veces revela verdades que los adultos hemos aprendido a esquivar con el paso de los años. Escribir LIJ es crear un mundo donde las emociones pueden salir a bailar libremente”.
Sobre su proceso creativo, explica que no sigue parámetros establecidos. Es, más bien, una exploración guiada por la intuición.
“Casi siempre empieza por una idea que no me deja en paz. Luego aparece un personaje que la encarna o la sufre y ahí comienza el juego. Las ideas para la trama vienen después, cuando ya estoy lo suficientemente involucrada como para sentarme a ordenar el caos. Nudo por nudo. No soy especialmente obediente al inicio; soy más bien curiosa de qué tienen para mostrarme los personajes y las situaciones que viven”, expresa.
Dicen que el dominicano se reconoce donde sea. En su caso, también se percibe en su escritura. “Se cuela en todo, incluso cuando no lo intento. Está en el ritmo, en el humor, en cierta forma de ver el mundo con intensidad, pero también con ironía”, comenta.
“Italia me dio una relación muy estética con la narrativa; la República Dominicana, una relación muy vital. Entre ambas, creo que escribo desde un lugar que no pide permiso para mezclar, pues como todas las personas biculturales, tengo un pie aquí y otro allá, literal y figurativamente hablando”.
Honestidad ante todo

Para conectar con el público infanto-juvenil, el principio fundamental es la honestidad. “Los niños detectan la condescendencia a kilómetros. No necesitan historias moralistas, sino que los reflejen y respeten su inteligencia”.
“Si hay verdad emocional, conflicto real y un poco de riesgo, conectan. Si no, pasan la página o la pantalla sin ningún tipo de culpa. Son los lectores más francos del mundo”.
En esa franqueza también hay exigencia: escribir sin subestimar, sin simplificar en exceso, sin traicionar la complejidad de las emociones.
En medio de debates sobre inteligencia artificial y creatividad, su postura es clara: “La tecnología puede imitar estructuras, pero no vivir por nosotros”.
“Y la literatura, al final, es experiencia vital transformada en lenguaje. A mí no me preocupa tanto que la IA genere información, sino que nosotros dejemos de tener algo que valga la pena decir. Si seguimos sintiendo, contradiciéndonos y metiéndonos en problemas existenciales, la imaginación humana va a seguir teniendo ventaja”.
Del papel a la pantalla
La adaptación cinematográfica de “La temible banda de los atracadores de sueños” abre una nueva etapa en su carrera. Una expansión que la entusiasma, pero que también le genera inquietud.
“Me emociona muchísimo verla expandirse, tomar cuerpo, volverse imagen y sonido”.
Lo que me preocupa, y me parece sano que me preocupe, es la pérdida de intimidad: el cine necesita concretar lo que en el libro puede ser sugerido. Pero también entiendo que es otro lenguaje, y si algo he aprendido es a no controlar demasiado… las historias suelen defenderse solas”, concluye.

Laura Ortiz Güichardo