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De "Pinto y Valdemoro" a "Lucas y Juan Mejía": cómo los dominicanos adaptamos los refranes españoles

Las expresiones populares han sobrevivido durante siglos gracias a la adaptación de los hablantes, que las modifican según su cultura, su entorno y su forma de hablar

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De Pinto y Valdemoro a Lucas y Juan Mejía: cómo los dominicanos adaptamos los refranes españoles
Imagen de archivo que ilustra cómo los dominicanos adaptamos los refranes españoles. (FUENTE EXTERNA)

Los refranes han acompañado durante siglos la vida cotidiana de los hablantes del español. Su permanencia no solo se debe a la sabiduría popular que condensan en pocas palabras, sino también a la capacidad que han tenido para adaptarse a cada época y a cada comunidad.

En República Dominicana, muchas de estas expresiones heredadas del español peninsular han sido transformadas por el habla popular hasta adquirir un carácter propio, incorporando referencias locales, indigenismos y elementos culturales cercanos a la experiencia cotidiana de los dominicanos.

Uno de los ejemplos más conocidos es el refrán español "A falta de pan, buenas son tortas", que en el Caribe evolucionó hacia "A falta de pan, casabe". El cambio no es casual: el casabe, alimento de origen taíno, pasó a formar parte del vocabulario y de la identidad cultural de las Antillas desde los primeros años de la colonización.

Algo similar ocurre con la expresión "El que fue a Sevilla perdió su silla". Debido a la distancia cultural y geográfica con la ciudad española, en República Dominicana el refrán fue adaptado hasta convertirse en "El que fue a Villa perdió su silla", una versión más cercana al oído y al uso popular local.

Otro caso llamativo es el refrán español "Estar entre Pinto y Valdemoro", utilizado para describir una situación de indecisión o confusión. La frase hace referencia a dos localidades de Madrid separadas por un arroyo y está vinculada a una antigua anécdota popular.

Con el tiempo, los dominicanos reinterpretaron la expresión y la transformaron en "Estar entre Lucas y Juan Mejía", supuestamente inspirada en dos parajes de El Seibo también divididos por un arroyo. Aunque el origen exacto de esta adaptación no está del todo documentado, la expresión continúa viva en el habla popular.

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Infografía

La lengua la hace el hablante

  • Especialistas en lengua y cultura popular señalan que estas transformaciones reflejan la manera en que los hablantes se apropian del idioma y lo ajustan a su realidad social y cultural.
  • Lejos de desaparecer, los refranes sobreviven precisamente porque cambian junto con quienes los utilizan.
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