Ericarol Carlo: "Las historias que callamos también merecen ser contadas"
Con su sexto libro, "Esos hombres que nos hicieron llorar... y sanar", y el pódcast "¡Qué tiemblen los sapos!", escritora, editora, mentora y creadora de libros con alma convierte sus experiencias y las de otras mujeres en conversaciones sobre el amor, las heridas y el poder de compartir la propia historia

Para Ericarol Carlo, escribir es mucho más que un oficio. Tras dejar atrás el mundo corporativo, encontró en la literatura una forma de conectar con las personas y abordar, sin miedo, esas historias difíciles que muchas veces necesitan ser contadas.
Hoy suma seis libros publicados -entre mindfulness, ficción y narrativa personal-, ha ayudado a más de treinta mujeres a convertirse en autoras y ha cosechado reconocimientos internacionales por su trabajo literario.
Su más reciente obra, Esos hombres que nos hicieron llorar... y sanar, es quizá la más personal de todas. En sus páginas se aleja de la ficción para mirar su propia vida y compartir episodios de relaciones marcadas por la codependencia, la baja autoestima y las decisiones que, con el tiempo, terminan convirtiéndose en aprendizajes.
El libro dialoga con su nuevo pódcast, ¡Qué tiemblen los sapos!, un espacio donde las conversaciones sobre el amor, la infidelidad, los patrones afectivos y las segundas oportunidades se cuentan sin solemnidad, pero con mucha honestidad y, sobre todo, con humor.
En esta conversación con Diario Libre, Ericarol habla del momento en que decidió contar su propia historia, de la disciplina que exige escribir, de la importancia de la autopublicación y de por qué sigue convencida de que todas las personas tienen una historia capaz de tocar la vida de alguien más.

Tu nuevo libro Esos hombres que nos hicieron llorar... y sanar está tocando fibras muy profundas. ¿En qué momento supiste que esta historia tenía que salir al mundo?
Desde que viví esas experiencias supe que algún día escribiría sobre ellas, pero no estaba preparada. Primero llegaron mis libros de mindfulness y luego la ficción, donde pude dejar volar la imaginación. Sin embargo, esta historia siempre estuvo escrita en mis apuntes, solo que aún no tenía forma.
El impulso definitivo llegó cuando una amiga me contó una situación muy parecida a la que yo había vivido diez años atrás. Mientras intentaba decirle que todo iba a estar bien y que algún aprendizaje saldría de ese dolor, me encontré reviviendo mis propias experiencias.
Sentí impotencia, rabia y entendí que había llegado el momento de contar mi historia. Ese día decidí darle forma al libro y también al pódcast. Para mí, ambos proyectos son parte de una misma conversación.
Si tuvieras que hacer una sinopsis a los lectores de lo que van a encontrar en este libro...
Van a encontrar historias de momentos en los que me fallé a mí misma por falta de autoestima y por una condición que descubrí que tenía: la codependencia. Hablo de las veces en que me hice pequeña para aceptar migajas de amor, de cariño y de valoración.
Comparto esos episodios hasta llegar al momento en que reconocí lo que me estaba pasando y decidí seguir adelante. Ya no me quedaba otra opción que avanzar.

Muchas lectoras sienten que el libro les habla directamente. ¿Te da vértigo esa conexión tan íntima con quienes te leen?
No, para nada. No siento vergüenza. En el libro cuento cosas que hice y de las que no me siento orgullosa. Muchas personas podrían decir que jamás actuarían de esa manera, pero creo que todos nos equivocamos.
Vivimos en una época en la que mucha gente intenta mostrar una vida perfecta y creo que hace falta más honestidad. Hace falta decir: "Me equivoqué, pero encontré la manera de resolverlo". No siempre se trata de colocarse en el papel de víctima; también debemos reconocer nuestra responsabilidad en algunas decisiones.
Has dicho que hay libros que llegan como un espejo... pero no siempre estamos listas para mirarnos. ¿Cómo manejas ese equilibrio al escribir?
Yo creo que cada persona escribe sobre aquello para lo que ya está preparada. Hay una gran diferencia entre escribir mirándote a ti misma y decidir publicar esa historia.
Conozco a muchas autoras que han compartido experiencias mucho más duras que las mías, pero lo hicieron cuando sintieron que era el momento adecuado, porque entendieron que su testimonio podía ayudar a otras personas.
Entre tus páginas hay dolor, pero también mucha luz. ¿Escribir ha sido tu forma de reconstruirte (o sanar)?
Yo siempre he escrito, pero hay una gran diferencia entre escribir y publicar, entre decirle al mundo: "Mira, yo pasé por esto". Publicar el libro ha sido, sin duda, una forma de reconstruirme.
Y el pódcast también ha sido parte de ese proceso, porque al escuchar las historias de otras mujeres, yo también voy encontrando nuevas maneras de entender la mía.
No creo que sea un camino lineal y, de hecho, no me gusta mucho la palabra "sanación", porque suena a que uno está roto o enfermo.
Prefiero pensar que es un proceso de transformación: antes estaba en un lugar que me hacía sufrir y hoy estoy en uno donde me siento más tranquila, más serena y en paz conmigo misma.
¿Encontraremos en este libro herramientas o no necesariamente?
Sí. Como yo no soy psicóloga, quise que el libro tuviera un respaldo profesional y recurrí a tres psicólogas amigas. Al final de cada capítulo ellas aportan su mirada y ofrecen una especie de mapa de acción para ayudar a entender por qué ocurren ciertos patrones.
Yo cuento mi historia y las decisiones que tomé desde mi experiencia personal, pero ellas explican, por ejemplo, por qué muchas mujeres aprenden a callar desde pequeñas, o por qué solemos elegir determinados tipos de parejas y repetir ciertos vínculos.
Muchas de esas conductas tienen que ver con la forma en que aprendimos a amar en nuestra infancia y con nuestras primeras relaciones familiares.
Mi papel no es dar respuestas profesionales. Yo comparto lo que viví y lo que aprendí en el camino; la orientación psicológica la dejan ellas, porque considero que esa parte no me corresponde a mí.
Ericarol Carlo publica su tercer libro "Alas en el crepúsculo"
Ericarol Carlo: "Tenemos que reaprender esa capacidad de buscar espacios de reflexión y soledad"
En tu pódcast ¡Qué tiemblen los sapos! hablas de relaciones sin filtros. ¿Qué necesidad personal o colectiva te llevó a crear ese espacio?
La necesidad de que las mujeres entiendan que lo que les pasa no les sucede solo a ellas. A lo largo de mi vida he aprendido que el sufrimiento es una experiencia universal.
Cuando alguien atraviesa una infidelidad, un divorcio o una relación difícil, suele pensar que es la única persona en el mundo viviendo eso, cuando en realidad hay millones pasando por situaciones similares.
- Compartir esas experiencias alivia, porque te das cuenta de que no estás sola. Escuchas una historia y piensas: "Eso me pasó a mí". Ahí surge la empatía y también el aprendizaje. Te preguntas cómo lo manejó la otra persona, qué harías diferente o qué herramientas encontró para salir adelante.
En mi caso, por ejemplo, mi divorcio no fue amigable ni sencillo, pero conocer historias distintas me ha ayudado a hacer las paces con lo vivido.
No se trata de arrepentirse ni de querer volver atrás, porque eso es imposible, sino de aceptar que cada quien enfrenta las circunstancias como puede y que siempre hay algo que aprender de las experiencias propias y ajenas.
En el pódcast se habla de infidelidad, patrones y decisiones difíciles, pero también hay humor. ¿Por qué era importante para ti mezclar ambas cosas?
Porque esa es mi manera de enfrentar la vida. Me gusta verlo todo con humor, reírme de mí misma, de las circunstancias y, a veces, hasta de los momentos más difíciles. Creo que el humor aligera las cargas.
Cuando me tocó editar los episodios del pódcast y volver a escuchar todas esas historias, lejos de revivir el dolor, muchas veces me reía, me divertía y me sentía feliz de haber creado ese espacio.
Me siento muy feliz de haber hecho este pódcast y de que esté disponible para tantas personas en YouTube y Spotify.
Te mueves entre el mindfulness y la ficción con mucha naturalidad. ¿De dónde nace tu proceso creativo?
Siempre me ha gustado escribir. Soy una persona muy creativa y también muy emprendedora. Veo cada libro como un proyecto y el pódcast también nació con esa misma visión. A lo largo de mi vida he emprendido muchas cosas, pero siempre con el propósito de ayudar a otras personas.
Creo que uno viene a este mundo a compartir lo que aprende. Hace poco escuché una frase de Marta Heredia que me encantó y la siento muy cercana a mi forma de ver la vida: "Los talentos se comparten, no se presumen".
Yo creo profundamente en eso. Ya sea a través de un libro, de la música, de una película o de cualquier expresión artística, siempre hay algo que podemos aportar a los demás.
A mí me motiva esa idea de crear para compartir. Por eso escribo, por eso hice el pódcast y por eso me gustaría, algún día, dar el salto a un largometraje o a un documental. Siento que ese podría ser el próximo paso de mi proceso creativo.
También acompañas a otras mujeres a escribir sus libros. ¿Cuál es el miedo más común que encuentras... y cómo se rompe?
Sí, el miedo está muy presente en las mujeres. Yo diría que tengo un porcentaje de éxito bastante alto motivándolas y empujándolas a escribir, pero muchas veces el mayor obstáculo es el qué dirán.
Tendemos a pensar que el mundo son las pocas personas que tenemos alrededor: mi mamá, mi papá, mi esposo, mis hijos. Ese miedo a lo que puedan pensar quienes las rodean es, muchas veces, la principal razón por la que una autora decide no publicar su libro.
¿Cuántos títulos has ayudado a publicar?
Más de 30, alrededor de 35, y en su mayoría mujeres. Varios de esos libros han recibido importantes reconocimientos. Mis novelas Las hijas de Enrico Russo y Dos hermanas fueron premiadas en los International Latino Book Awards, pero también me llena de orgullo el éxito de autoras a las que he acompañado.
Por ejemplo, Flechando sueños, de Bárbara Hernández, obtuvo una medalla de bronce y compitió en la misma categoría que un libro de Jorge Ramos, de Univision.
Aunque él ganó el premio, para mí fue un gran reconocimiento ver a una autora y a una editora tan pequeñas compartiendo espacio con sellos tan grandes como Penguin o Planeta. También Laboralmente feliz, de Carol Suárez, recibió una mención de honor en esos premios.
Creo que, si más personas se animaran a participar en estos certámenes, tendríamos muchos más autores dominicanos reconocidos internacionalmente. El problema es que todavía hay mucho desconocimiento sobre estas oportunidades.
Hablas de escribir "con alma". ¿Cómo se siente eso en la práctica, lejos de lo técnico?
Mis dos primeros libros los escribí sin conocimientos de narrativa ni técnicas literarias. Los escribí completamente desde el corazón. Si alguien los analiza encontrará errores, pero eso no disminuye el orgullo que siento por ellos.
Para mí, escribir con alma significa dejar el miedo a un lado. Ahora bien, escribir desde el corazón no garantiza que publiques un libro. Lo que realmente te lleva a terminarlo es la disciplina y el amor por la historia que quieres contar.
En estos tiempos de inmediatez, tú propones escribir sin prisa. ¿Por qué crees que eso es casi un acto revolucionario?
Porque hoy todo parece exigir velocidad. Yo creo en escribir sin prisa, pero también en publicar con objetivos claros. Motivo a las personas a trabajar con un cronograma y a respetar sus tiempos. Puede que no suene muy romántico, pero la creatividad también necesita disciplina.
Después de tantas historias -en libros y en el pódcast-, ¿has descubierto algo que se repite en la forma en que elegimos amar?
Sí. He aprendido que solemos vincularnos desde aquello que nos resulta familiar. Los patrones que vivimos en nuestra infancia suelen repetirse de manera inconsciente en nuestras relaciones adultas. La única forma de romper esos ciclos es hacerlos conscientes y preguntarnos por qué elegimos de determinada manera.
Si una mujer está leyendo esto y siente que tiene una historia guardada... ¿qué le dirías?
Que todas las historias son importantes. Todas. Hace poco un hombre me contó cómo, después de un accidente, logró correr un maratón. Era una historia emocionante y al final me preguntó si eso daba para un libro. Le respondí que sí, porque era su historia.
Tal vez existan miles de experiencias parecidas, pero ninguna está contada desde su mirada. Si una persona siente el deseo de compartir lo que ha vivido, debe saber que su historia tiene valor y que puede ayudar a alguien más.
Entre tus libros, los que ayudas a escribir y las conversaciones que abres, ¿qué es lo que más te emociona de este camino?
Todo. No siento que esté trabajando. Me hace feliz levantarme, escribir, acompañar a otras personas y crear nuevos proyectos.
Tengo la fortuna de vivir de algo que disfruto profundamente. Tal vez no sea perfecto y siempre haya metas por alcanzar, pero me siento agradecida de poder dedicar mi tiempo a aquello que me apasiona. Todo lo que hago me gusta y eso, para mí, ya es un privilegio.
¿Dónde podemos encontrar este libro y todos tus libros, tanto físicos como digitales?
Todos mis libros están disponibles en Amazon, tanto en formato físico como digital, incluyendo Kindle. También pueden encontrarlos en Cuesta Libros, una librería a la que le tengo mucho cariño porque apoya a los escritores dominicanos y, además, es la única que paga los libros al momento de recibirlos.
En las demás, generalmente se trabaja bajo consignación, algo que considero un poco injusto, aunque entiendo la realidad del mercado.
En República Dominicana todavía no contamos con sistemas de distribución y logística como los de otros países, en parte porque nadie ha desarrollado ese modelo de negocio.
En el caso específico de mi nuevo libro, también está disponible en Moriah Librería, una librería en línea que realiza envíos a todo el país. Me parece una iniciativa fabulosa y admiro mucho el trabajo y la valentía de las jóvenes que la impulsan.
Escribir un libro puede ser un desafío, pero para muchos autores dominicanos el verdadero reto comienza cuando ponen el punto final al manuscrito.
Encontrar una editorial, distribuir la obra y llegar a los lectores suele convertirse en un camino que, en la mayoría de los casos, deben recorrer solos.
La escritora Ericarol Carlo conoce bien esa realidad. Lejos de la imagen romántica del autor que envía un manuscrito a una editorial y espera ser descubierto, asegura que el ecosistema literario dominicano funciona bajo otras reglas.
Y eso no significa, aclara, que falten lectores. "Yo nunca lo he pensado así. Creo, igual que tú, que la gente sí lee", afirma. A su juicio, existen señales alentadoras, como el respaldo de librerías como Cuesta Libros o iniciativas de promoción de la lectura como SDQ Lee. El problema, explica, no es la ausencia de público, sino las limitadas estructuras que existen para acompañar a los escritores.
"El mundo literario en República Dominicana funciona de una manera muy distinta a la de países como México, Argentina o España", señala. Mientras en esos mercados un autor puede aspirar a que una editorial se encargue del proceso de publicación, distribución y promoción, en República Dominicana la realidad suele ser diferente.
"Aquí no existe una editorial que publique tu libro, se encargue de todo el proceso, te pague regalías y además lo promocione. Lo que tenemos son autores independientes al 100 %", explica.
Aunque menciona algunos escritores dominicanos que han logrado abrirse paso en editoriales internacionales, reconoce que son excepciones. La mayoría debe asumir el papel de escritor, editor, vendedor y promotor de su propia obra.
"Tenemos que salir a vender nuestros propios libros. Lo hacemos en eventos, talleres, charlas y a través de nuestras redes de contacto. Nuestros primeros lectores y compradores suelen ser la familia y los amigos", comenta.
Lejos de verlo como una desventaja, Carlo entiende que la autopublicación se ha convertido en una oportunidad para que los autores tengan mayor control sobre su trabajo. De hecho, cuando se le pregunta si es mejor publicar por cuenta propia, su respuesta es inmediata: "Para mí, sí".
La escritora considera que el modelo editorial tradicional ha cambiado en todo el mundo. La idea de enviar un manuscrito y esperar a que una editorial convierta a un desconocido en un autor de éxito pertenece, en gran medida, a otra época.
"Esa imagen romántica del escritor que nos han vendido las películas ya no existe. Hay otras formas de publicar y llegar a los lectores", asegura. A su entender, incluso las grandes editoriales han transformado sus criterios y hoy prestan atención no solo a la calidad de una obra, sino también a la capacidad de su autor para conectar con una comunidad de lectores.
"Muchas editoriales buscan personas con una gran comunidad en redes sociales, más allá de la calidad del libro", apunta.
Para Carlo, este cambio no implica que el libro esté perdiendo relevancia. Más bien, considera que está ocurriendo una evolución similar a la de otras industrias culturales.
"Es como la televisión: no desapareció, simplemente cambió la manera en que la consumimos, a través del streaming. Con los libros pasa lo mismo. El formato evoluciona, pero el libro sigue ahí y seguirá existiendo".
Si se trata de elegir una plataforma para dar ese paso, su recomendación es clara. "Amazon sigue siendo la mejor opción. Hoy por hoy, no existe otra plataforma que ofrezca lo que Amazon brinda a un autor independiente", afirma. Aunque reconoce que existen alternativas como Goodreads o Barnes & Noble, tanto para publicaciones digitales como impresas, entiende que Amazon continúa siendo la herramienta más completa para quienes desean autopublicarse.
Sin embargo, insiste en que el trabajo del escritor no termina cuando el libro está disponible en una plataforma. Uno de los errores más comunes, dice, es pensar que la obra se venderá por sí sola. "Hay mucha gente que imprime su libro y lo deja olvidado en una gaveta", lamenta.
Por eso anima a los autores a hablar de sus proyectos, aprovechar las redes sociales, participar en actividades culturales y compartir con el público el proceso de creación de sus obras. Incluso considera que cualquier estrategia de promoción puede ser válida si ayuda a conectar el libro con sus potenciales lectores. "Lo importante es no guardar el libro en un cajón", resume.
Su reflexión final es también una invitación para quienes sueñan con escribir. En un mercado donde la autopublicación ha dejado de ser una alternativa para convertirse en la norma, el éxito no depende únicamente de terminar un manuscrito, sino de estar dispuesto a defenderlo y hacerlo visible.
Porque, como concluye la propia escritora, "todos los libros tienen valor, sin importar lo que digan los críticos".

Beatriz Bienzobas