El Ateneo Insular dedicó encuentro literario a escritores de la provincia Espaillat

El Ateneo Insular celebró su encuentro literario en el Centro de Espiritualidad San Juan de la Cruz, en La Torre, comunidad de La Vega.
Tres escritores de la ciudad de Moca, provincia Espaillat, fueron encomiados en este encuentro los días 30 y 31 de octubre del presente año 2021.
De la escritora Thammy Suárez, residente en los Estados Unidos, fue estudiada su primera novela titulada La vida que esperé.
La presentación de esta obra estuvo a cargo de Keila González Báez, líder del programa «Autor en 90 Días», A90D, a través del cual Thammy Suárez hizo realidad su sueño.
«La vida que esperé es una novela corta, intensa, con giros inesperados capaces de obligar al más distraído de los lectores a prestar atención a esta novel escritora de quien me enorgullece ser su mentora», expresó González Báez.
“Con un magistral uso de los espacios temporales, Thammy Suárez nos lleva a través de los recovecos de un amor posible que tarda una década en consumarse. Y si bien podemos adivinar el final desde el principio, logra entretenernos, entre otras cosas, con un notable manejo del lenguaje y precisas descripciones de los lugares donde se desarrollan las escenas, sumergiéndonos en las costumbres y creencias de tres lugares tan distintos como son: Massachusetts, Colombia y Estambul”, expresó.
La novela cuenta con el prólogo de Bruno Rosario Candelier, Premio Nacional de Literatura 2008.
El escritor dominicano expresó que «Thammy Suárez vino al mundo signada por una profunda vocación humanizante».
«Dotada con las condiciones intelectuales, morales, estéticas y espirituales para vivir la vida con sentido, asume el arte de la creación verbal con entusiasmo y la determinación de quien sabe lo que tiene que decir para testimoniar la belleza que su sensibilidad atrapa y el fulgor que su intuición perfila a la luz de sus percepciones entrañables», añadió.
Dijo que la “señal de una narrativa diestramente articulada le da el inicio de la obra que, según ilustran los textos ejemplares de la novelación, es la acción desde el mismo comienzo, como se aprecia en esta novela de Thammy Suárez.
“Llovía a cántaros. No había manera de llegar a casa hasta que mermara la lluvia. A menos que, como en los días de la niñez, Amalia decidiera jugar entre los charcos. Aquellas travesuras que más de una vez provocaron el regaño de sus padres, muy estrictos, por cierto...»,citó.
Luis Quezada Pérez, teólogo y filósofo mocano tituló su estudio «Amalia y Murat, quien siembra ilusiones, cosecha flores».
Y dijo: «Thammy Julissa Suárez de León es una mocana residente en Nueva York, que en este segundo año de la pandemia del COVID-19, nos entrega su novela La vida que esperé con el elocuente subtítulo “Las decisiones en libertad superan los prejuicios”».
Señaló que en el texto aparecen «tres palabras claves: decisiones, libertad y prejuicios», y que «toda la trama narrativa va marcada por decisiones libres que asumen los protagonistas, superando los prejuicios y las costumbres, que muchas veces “nos atan de manos y pies”, al decir de una canción».
«Para un teólogo, la vida es la voluntad inquebrantable de un Dios amoroso... La esperanza es el horizonte fundamental de la existencia. Si leemos toda la narrativa de Thammy Suárez veremos que su novela es el desafío de vivir un amor de pareja contra viento y marea». Afirmó.
Otro de los escritores estudiados fue el poeta Juan Santos con su poemario Oda al Manantial
Esta obra tiene dos solemnidades en su escritura, pues al tiempo que honra al Dios que le proveyó su especial acercamiento espiritual, el poeta también tributa homenaje al maestro del Interiorismo, don Bruno Rosario Candelier.
A propósito, en su discurso ensayístico sobre la valoración de esta obra, Rosario Candelier expresó: «El ejemplo de Juan Santos es doblemente admirable. Lo que el poeta mocano muestra en esa obra es poesía, creación poética. Quien escribe poesía necesariamente tiene que salir de la realidad, de la realidad cotidiana o la realidad real, es decir, de la realidad que vivimos los seres humanos porque la poesía trabaja en un nivel que se llama realidad estética».
Además, afirmó: «El caso particular del autor de esta obra poética hay otro salto que ha dado: ya no es el salto de la realidad real a la realidad estética, sino a la realidad mística, doble salto, doble profundidad, doble sentido, con los que el poeta trabaja para su creación poética».
Señaló que «Cuando Juan Santos habla de “manantial”, no se refiere en esta obra a lo que el diccionario de la lengua consigna en su léxico, ya que esa palabra significa, en la conceptualización y la imaginación del poeta, no a un lugar donde hay agua, sino que usa esa palabra como un valor simbólico, es decir, con un sentido espiritual, trascendente y místico, y es esa conexión profunda que él establece desde su particular sensibilidad, es decir de alguien que asume la realidad con ese sentido espiritual y trascendente, tiene una alta significación... “si tus palabras se apagaran/ como velas en una noche de luna clara,... Padre/¿Adónde tu soplo/ alumbró en silencio mi horma?”», leyó citando al poeta.
Luis Quezada Pérez expresó en su estudio que «Oda al Manantial es un cántico al misterio, esa dimensión profunda de sentido que es origen y meta de todo lo que existe».
Dijo que «Juan Santos intuye que el Misterio es una Persona Plural, un ser –en- comunión; no es soledad, sino familia; es el Único, pero no es uno; pues en él se conjugan dos aspectos que sintetizan al Misterio: AMOR y VIDA». Apuntó que «Desde Píndaro entre los griegos, pasando por Horacio entre los latinos, siguiendo por los clásicos del Siglo de Oro español hasta llegar a Pablo Neruda, la oda ha servido para cantar a los existenciales».
«Juan Santos le canta a la esencia de la existencia, al Manantial del cual todo fluye, todo”, agregó.
Miguelina Medina, por su parte, expuso en su ponencia que: «Como todo místico, Juan Santos siente sed permanente, aunque recibe el agua para saciarse; está lleno del cansancio de la luz que lo agota; la piel la siente plegada y añeja, milenaria; pregunta insistentemente y la carne le es insuficiente para recibir la respuesta».
Con la obra de Giovanna Ramos, Me atreví a los 40, culminaron los estudios a las creaciones literarias de los escritores mocanos en este encuentro interiorista.
En la sesión matinal del domingo Miguelina Medina presentó un estudio titulado «El sentido estético de Giovanna Ramos».
«Este libro de Giovanna Ramos tiene omniscientemente el Código Morse sobre él haciendo función de comunicación in extremis instintivamente».
«Este “Efecto Morse”, como lo he llamado, en mi caso lo percibí al llegar al inicio del capítulo “Mis primeros saltos al vacío, a pesar del miedo”, en el cual se me develó la explicación de la imagen del libro dividido que se me había formado», dijo.
Expuso que «la división» a la que se refiere «son las dos formas en que la autora presenta sus exposiciones: una, iniciando los capítulos con relatos, en letras cursivas, y la otra iniciando los capítulos entrando directamente a la historia o reflexión».

Luis Quezada Pérez, en su disertación, «“Mujer abre tu ventana”, testimonio literario de Giovanna Ramos», expuso: «En un tiempo en que el coronavirus arreciaba y generaba depresión en muchas personas, publicar esta novela era un baño refrescante”.
Explicó que «los citólogos afirman que cada siete años, los seres humanos cambian totalmente todo su andamiaje celular. La niña Giovanna está terminando su primer ciclo citológico y será en su sexto ciclo citológico cuando ella realmente haga posible su vocación de “abrir las ventanas a las personas, especialmente a las mujeres”».
Consignó: «La novela termina con una frase que es el título del libro: “Consumado fue: ‘Me atreví a los 40’». Expuso que, a las cuatro décadas de existencia, Giovanna hizo posible aquello que muchos no logran: atrever a atreverse».
«Creo que la gran vocación existencial de Giovanna Ramos se define con una palabra: acompañar. Ella busca acompañar a personas, sobre todo mujeres, a pasar del estado actual en el que se encuentran a su estado deseado... Es un libro espejo», dijo.
En su ponderación de esa obra, el doctor Rosario Candelier manifestó: «Esplendorosa, entusiasta y talentosa, Giovanna Ramos hace una evaluación de su vida en un emocionado testimonio impregnado de transparencia y valor, y de su intuición brota la luz que su corazón amasa con dulzura, y de su alma fluye el aliento divino que le da sentido a su vida, y de su palabra sale el valor del arte testimonial de su creación».
Afirmó que «Lo que Giovanna Ramos valora y exalta como el centro de sus apelaciones entrañables quiere despertarlo en los demás para que encuentren el sentido de sus vidas».
Manifestó que «Esta nueva escritora mocana tiene un elevado ideal en la vida, y así lo infunde a los demás para que cada uno sienta y comprenda que ha de vivir conforme un propósito de edificación y crecimiento espiritual».
Agregó el crítico literario que en cada capítulo de «esta “obra testimonial de Giovanna Ramos, se puede apreciar el encanto de la narración mediante la descripción de fulgurantes imágenes cuya sensorialidad y encanto atizan la emoción y despiertan el sentido estético y la fruición espiritual que vive la escritora en su entrañable sensorialidad enfatizando el significado emocional y espiritual que su palabra formaliza con la propiedad del lenguaje correcto, limpio y hermoso para que el lector coparticipe de la vivencia que la autora evoca y la experiencia que revela en esta obra de amor, coraje y devoción por el encanto de la vida y fascinación de la belleza».
Colaboración: Miguelina Medina