×
Compartir
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Horóscopos
Crucigrama
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Versión Impresa
versión impresa
Redes Sociales
Idioma español
Idioma español

El sexismo lingüístico: ¿mito o realidad?

Expandir imagen
El sexismo lingüístico: ¿mito o realidad?
Domingo Caba Ramos (FOTO: FUENTE EXTERNA )

"La lengua es un sistema económico de expresión, y el masculino vale en este caso como término neutro que sirve para masculino y femenino"

(Gregorio Salvador: lingüista, filólogo, dialectólogo y lexicógrafo español)

Sexismo lingüístico y estrategias para evitarlo

Según la óptica feminista, apuntábamos anteriormente, se incurre en sexismo lingüístico cuando se utiliza cualquier expresión que resulte discriminatoria por razones de sexo. Que la lengua española es sexista y, por ende, androcéntrica, por cuanto discrimina, infravalora, subordina, excluye, quita la palabra y oculta la presencia de la mujer; porque destaca el protagonismo masculino y alude a la mujer no directamente, sino a través de su relación con el hombre. Es lo que la etnóloga y antropóloga mexicana, doctora Marcela Lagarde (1948), ha denominado “usos misóginos del léxico y de la gramática.”

También afirmábamos que en la década de los ochenta se publicaron unas recomendaciones con las que se pretendía poner fin a una forma de hablar y escribir que, al decir de sus gestoras, no representa a las mujeres y que, por el contrario, las excluye. Específicamente en 1989, el Instituto de la Mujer, correspondiente al Ministerio de Asuntos Sociales de España, publica sus famosas y muy polémicas propuestas en pos del uso de un lenguaje no sexista. (4)


“Los cambios que, a partir de las reivindicaciones de las mujeres, se están produciendo en los papeles sociales de ambos sexos - apunta el citado Instituto - exigen una adecuación de la lengua para liberarla de estos estereotipos discriminatorios. En otra palabra, para liberarla de usos sexistas” .

Para eliminar tales usos, y en reacción al valor genérico que en español tiene el masculino, el organismo oficial peninsular aboga por una lengua sensata que no quite la palabra a nadie; y, en consecuencia, propone, entre otras, las siguientes alternativas:

1. «Cuando nos referimos a la vez, tanto al masculino como al femenino, evitar el uso, con sentido universal, de las palabras "hombre", "hombres" y los plurales masculinos, por cuanto el término hombre no representa a las mujeres, y al emplearlo como falso genérico se oculta o desdibuja la presencia, las aportaciones y el protagonismo de las mujeres. Se trata de realidades distintas y, como tales, deben ser nombradas. Se propone, en consecuencia, la sustitución de hombre y hombres, en estos casos, por persona o personas, ser humano o seres humanos, hombres y mujeres o mujeres y hombres, sin dar preferencia en el orden al masculino o al femenino »

En virtud de lo antes dicho, el feminismo propone que se utilicen genéricos universales o nombres colectivos no asociados a ningún sexo: en lugar de “los profesores”, el profesorado; en lugar de “los niños”, la niñez; en lugar de “los alumnos”, el alumnado; en lugar de “los ciudadanos”, la ciudadanía. O recurrir a dobletes genéricos que se refieran a los dos sexos: los profesores y las profesoras y viceversa; los niños y las niñas o viceversa; los alumnos y las alumnas o viceversa; los ciudadanos y las ciudadanas o viceversa. Y en vez de “los derechos del hombre”, mejor “los derechos de los hombres y las mujeres o de las mujeres y los hombres”

2. «Evitar el uso exclusivo del masculino para referirse a oficios o cargos, especialmente si quien los desempeña es una mujer. En este caso deberá emplearse formas femeninas como: oyenta, jueza, médica, gerenta, conserja, estudianta, jefa, dirigenta, etc.... »

3. «Se debe evitar que las mujeres usen el masculino, tanto plural como singular, cuando se refieren a sí mismas: “todas nosotras” y no “todos nosotros”; “cada una debe pensar así” y no “cada uno debe pensar así»

4. «Abolir la práctica de identificar a la mujer con el apellido del hombre: Filomena de García, Andrómeda de Pérez, Venancia de Peralta, etc.»

5. « En ocasiones, se cita a las mujeres como categoría aparte, después de utilizar el masculino plural como omnicomprensivo o representando a los hombres como grupo principal y añadiendo a las mujeres como grupo dependiente o propiedad del anterior. Esa forma de expresión ofrece una imagen de subordinación de un grupo respecto a otro. Así, en vez de la frase sexista: “Los nómadas se trasladaban con sus enseres, mujeres, ancianos y niños de un lugar a otro”, dígase: “Los grupos nómadas se trasladaban con sus enseres de un lugar a otro” »

6. «Los términos señora y señorita refieren el estado civil de la mujer en evidente asimetría con “señorito”, no aplicado al hombre, al cual se le llama señor sea soltero o casado. Abolir, pues el título “señorita”, el cual tiende a disminuir, y llamar señora a la mujer casada o soltera »

7. «Cuando se utilicen dobletes o empleo de los dos géneros gramaticales, se recomienda concordarlos con el último artículo o sustantivo: “los y las nuevas trabajadoras” o “las y los nuevos trabajadores »

Las recomendaciones precitadas resumen la tesis no sexista e inclusiva sustentada por la orientación feminista : el término mujer no puede, como sucede en la práctica lingüística del español, estar representado por la voz hombre, pues de esa forma se la excluye del discurso cotidiano y se le opacan o borran sus acciones.

Para Miguel García Posada (1944 – 2012) filólogo, escritor y crítico literario español, tales propuestas carecen por completo de valor o importancia lingüística. “Ya todos el mundo conoce – escribe al respecto - las famosas normas para evitar el lenguaje sexista,
redactadas por gente que, sin duda, sabe mucho de sexismo; pero muy poco de lenguaje”

Con excepción de la propuesta #4, las demás, desde el punto de vista lingüístico, las considero innecesarias, insostenibles y, sobre todo, absurdas.

Posición de la Real Academia Española

Las propuestas para el uso de una lengua no sexista, encuentran su rechazo o entran en contradicción con lo planteado y prescrito al respecto por la Real Academia Española (RAE) en dos de sus textos fundamentales: el Diccionario panhispánico de dudas (2005) y la Nueva gramática de la lengua española (2010), ambos de carácter panhispánico y consensuados por la Asociación de Academias de la Lengua Española.

« En los sustantivos que designan seres animados – se lee en el Diccionario panhispánico de dudas – el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar a la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: El hombre es un animal racional; El gato es un buen animal de compañía. Consecuentemente – amplía el precitado lexicón - los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; En mi barrio hay muchos gatos (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un conjunto formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas... » (5)

En relación con la sistemática y persistente campaña que con el propósito de “desmaculinizar” la lengua, desarrolla y ha desarrollado durante años el movimiento feminista, la R.A.E., en el texto antes referido, apunta lo siguiente:

« A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística (Subrayado nuestro, D.C), se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: “Decidió luchar ella, y ayudar a su compañeros y compañeras...”. Se olvida de que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo – y debió –decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros”» (6)

Aludir a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y las ciudadanas), con el afán de no incurrir en la supuesta “discriminación lingüística” constituye, según el Diccionario panhispánico de dudas, una “innecesaria costumbre”, generadora de “engorrosas repeticiones”, las que, unidas al deseo de mitigar la pesadez de la expresión que esas repeticiones provocan, se tratará de evitar mediante “la creación de soluciones artificiosas” que contravienen las normas de la gramática: las y los ciudadanos” (7)

Sobre el mismo tema, y en iguales o parecidos términos se expresa la RAE, en una de sus más recientes obras, la Nueva gramática de la lengua española, publicada en marzo del 2010:

« El masculino es en español el GENERO NO MARCADO, y el femenino, el MARCADO. En la designación de personas y animales, los sustantivos de género masculino se emplean para referirse a los individuos de ese sexo, pero también para designar a toda la especie, sin distinción de sexos, sea en singular o en plural. Así, están comprendidas las mujeres en Un estudiante universitario tiene que esforzarse muchos hoy en día para trabajar y estudiar a la vez. Se abarca asimismo a las osas en El oso es un animal plantígrado. Estos casos – aclara la Nueva Gramática – corresponden al USO GENERICO del masculino. Sin embargo, razones extralingüísticas (subrayado nuestro, D.C) o contextuales pueden dar a entender que se habla solo de varones...» (8)

En relación con el uso frecuente de los dobles genéricos, la docta corporación lingüística sostiene que:

« En el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas por sustantivos que manifiesten los dos géneros: los alumnos y las alumnas; A todos los chilenos y a todas las chilenas; tus hijos y tus hijas... El circunloquio es innecesario en esos casos, puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo. Se prefiere, por lo tanto, Los alumnos de esta clase se examinarán el jueves; Es una medida que beneficia a todos los chilenos; ¿Cómo están tus hijos? » (9)

La doble mención genérica, de acuerdo con el criterio académico, solo es admisible, cuando se interpreta como señal de cortesía en ciertos usos vocativos: señoras y señores; amigas y amigos; damas y caballeros, etc.

Comparto en todas sus partes estos juicios de la Real Academia Española acerca de un tema que como el supuesto sexismo lingüístico presente en el español, tantas polémicas o teorías contrapuestas ha generado, genera y generará

Los comparto, no solo porque dichos juicios se apoyan en razones eminentemente lingüísticas, sino porque al igual que el citado organismo, entiendo que los argumentos antisexistas se fundamentan en criterios extralingüísticos, específicamente sociopolíticos. Porque considero que los desdoblamientos genéricos, tales como : «diputados y diputadas, padres y madres, niños y niñas, funcionarios y funcionarias, bienvenidos y bienvenidas, todos y todas, etc.»), constituyen verdaderas e innecesarias piruetas lingüísticas, altamente cansonas y carentes por completo de elegancia sintáctica ; y porque pese al deseo de ciertos grupos colectivos de presentar la lengua como rehén histórico del machismo social, el uso genérico del masculino gramatical tiene que ver con el criterio básico de cualquier lengua: economía y simplificación. O sea, obtener la máxima comunicación con el menor esfuerzo posible, evitando decir con cuatro palabras lo que bien puede expresarse con solo dos.

TEMAS -

El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura dcaba5@hotmail.com