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Historiador Tejada hizo la crónica del anunciado tiranicidio de Lilís

El director de Diario Libre disertó en la Academia Dominicana de la Historia sobre el suceso ocurrido en 1899

El historiador y periodista Adriano Miguel Tejada. Foto: Karina Valentín/ADH.
El historiador y periodista Adriano Miguel Tejada. Foto: Karina Valentín/ADH.
20180907 https://www.diariolibre.com

SANTO DOMINGO. El tiranicidio de Ulises Heureaux (Lilís) fue una especie de Crónica de una muerte anunciada, y su historia se asemeja a la relatada en la famosa novela de Gabriel García Márquez, sobre el crimen de Santiago Nasar, pues a pesar de que muchas personas conocían el complot mocano no se pudo evitar y quedó sellado el fatal destino del déspota dominicano del siglo XIX.

Al dictar una conferencia en la Academia Dominicana de la Historia, titulada “El 26 de julio revisitado”, el historiador y periodista Adriano Miguel Tejada, director de Diario Libre, reveló muchos detalles sobre el ajusticiamiento de Heureaux, con cuya muerte terminó una era de opresión y escándalos financieros.

Dijo que ha escrito: “...la conspiración para asesinar a Lilís comenzó temprano y envolvió a tanta gente, en un ambiente tan pequeño que uno se pregunta cómo fue posible mantenerla en secreto por tanto tiempo. No es que Lilís no supiera que intentaban asesinarlo. Lo extraño es que, como atraído por un sino fatal, dejara pasar el tiempo y que se desencadenaran los acontecimientos como si intentara probar, una vez más, que él, triunfador siempre, era también capaz de ganarle a la hora final”.

Explicó que para 1899, las “papeletas de Lilís” estaban totalmente devaluadas y el país vivía en descontento y que en febrero de ese año Horacio Vásquez se enteró de que por su oposición al régimen, Lilís había ordenado su eliminación física. “Enterado su primo Mon Cáceres de la situación, surge el plan de eliminar a Lilís. Todavía no se sabía el cuándo o el dónde, pero la suerte estaba echada”, precisó.

Expresó que la disposición de eliminar a Heureaux recibió un formidable impulso en abril de 1899, cuando llegó otro distinguido mocano, José Ramón de Lara, desde París, Francia, con un mensaje de Juan Isidro Jimenes, el principal caudillo de la oposición a Heureaux, en el que comunicaba su apoyo a cualquier plan que terminara con la dictadura.

Historiador Tejada hizo la crónica del anunciado tiranicidio de Lilís
Los historiadores Amadeo Julián, José del Castillo, Adriano Miguel Tejada y Manuel García Arévalo. Foto: Karina Valentín/ADH.

Agregó que en julio de 1899, ante el deterioro de la situación económica, el presidente Heureaux decidió realizar una visita a las ricas provincias del Cibao para calmar los ánimos y restablecer la confianza con su presencia, al tiempo que recaudaba fondos por medio de préstamos con los comerciantes locales para apuntalar la moneda.

Relató que Lilís llegó a Moca a las cinco de la tarde del día 25 de julio, escoltado por Juan Bautista (Guarín) González, a la sazón gobernador de la provincia Espaillat, y por el joven capitán Demetrio Rodríguez, ayudante del Gobernador y quien más tarde ascendería a la categoría de leyenda de las montoneras.

Tras revelar una serie de pormenores de la estancia del dictador en Moca, contó que a eso de las tres de la tarde del 26 de julio de 1899, Heureaux y Jacobo de Lara intercambiaban impresiones en una de las puertas laterales del comercio de este último y que un niño se acercó y entregó a Lilís un mensaje de parte de Evangelista López (La Cigua), su amante y confidente, en el que le advertía de la conspiración y le pedía que abandonara rápido el pueblo, pero él, creyendo que se trataba de una solicitud de dinero de la barragana, no leyó el mensaje, lo guardó y le envió a ella unas papeletas.

“La Cigua es la única persona que rompe el silencio de los habitantes de la ciudad sobre la conspiración, con tan buena suerte para los conjurados que Heureaux no prestó atención al mensaje”, afirmó Tejada.

Finalmente, Lilís fue ultimado en un hecho protagonizado por Ramón Cáceres y Horacio Vásquez, y que de acuerdo a Tejada tuvo también entre los conspiradores a otros mocanos como fueron Manuel Cáceres, Pablo Arnaud, Casimiro Cordero, Ramón de Lara, Jacobito de Lara, Luis Ma. Cabrera, Dioclesiano Cabrera, Domingo Pichardo, José Brache, Damasito Cabrera, Manuel (Ico) Montalvo, Francisco Pérez, Juan M. Contín, Blas de la Maza, Vicente de la Maza, Doroteo Rodríguez, Azael Rodríguez y Andresito Gómez.

Dijo que a la lista Manuel de Jesús Viñas añade a José B. Amarante, Chuchú Martínez, Santiago Jiménez, David de León y Fellito Montalvo y “uno de los Contín”, cuyo nombre no especifica, pero que se trataba de Eduardo Contín. Afirmó que otra lista agrega a Baldomero Almonte.

Las garras de Heureaux
Las garras de Heureaux

En su exposición, Tejada afirmó que Ulises Heureaux había nacido en Puerto Plata el 21 de octubre de 1845, y que recibió por nombre Hilarión y de apellido el de su madre Josefa Level. “Posteriormente, al ser reconocido por su padre, D’assas Heureaux, adoptó su apellido y cambió su nombre para Ulises, de donde derivó su apodo, Lilís o Lilises”, dijo.

Sostuvo que Lilís entró a la historia en la guerra de la Restauración, con menos de 20 años, e inició su carrera militar y política de la mano del general Gregorio Luperón, junto al cual partió al destierro en 1868.

“Se destacó como el brazo militar del Partido Azul en aquel tumultuoso período de nuestra historia, y en 1879, con el triunfo definitivo de los azules, es designado ministro de Guerra. En el gobierno de monseñor Fernando Arturo de Meriño, en 1880, fue ministro de Interior, desde cuya posición aplicó el decreto de San Fernando con una rigurosidad cruenta y legendaria”, puntualizó.

Explicó que en 1882 Heureaux sucedió al presidente Fernando Arturo de Meriño en la jefatura del Estado, en su primer período presidencial, considerado por la crítica histórica como un buen gobierno.

“A partir de ese momento, Heureaux comenzará un proceso de consolidación de su liderazgo político, ayudado por el hecho de que el líder indiscutido del Partido Azul y su mentor, el general Luperón, prefería mantenerse en Puerto Plata, atendiendo las aduanas de esa ciudad, entre otras actividades empresariales. Su poder político lo volvió a encumbrar en la más alta magistratura del Estado en 1886, en unas elecciones consideradas fraudulentas, derrotando al general Luperón, y a mantenerse en el poder por medio de 'victorias' electorales sucesivas en 1889, 1893 y 1897, hasta la hora de su muerte”, añadió.

Tejada además ha escrito que “la de Lilís fue una dictadura del positivismo, de la ideología del progreso, tan en boga a finales del siglo diecinueve, pero fue también una dictadura criolla, quizás la más criolla de ellas”.

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