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Historia dominicana
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Infante destacó lucha del país por restablecer la soberanía en la primera ocupación militar

Pronunció discurso de ingreso como miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Historia

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Infante destacó lucha del país por restablecer la soberanía en la primera ocupación militar
Mu Kien Sang Ben, presidenta de la Academia Dominicana de la Historia, le entrega su pergamino al investigador Fernando Infante. Les acompañan, a la izquierda, Adriano Miguel Tejada y, a la derecha, José del Castillo y Manuel García Arévalo. Foto: Karina Valentín.

El historiador Fernando Infante destacó los esfuerzos que se hicieron en la República Dominicana para restablecer la soberanía nacional durante la primera ocupación militar estadounidense del 1916 al 1924, período en el que los interventores impusieron la censura y la represión.

Al pronunciar su discurso de ingreso como miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Historia, el investigador explicó el contexto en que se produjo “la Intervención Militar Norteamericana que llevó al ocaso la soberanía nacional, durante los ocho años transcurridos desde l916 hasta 1924”.

Infante, cuya disertación versó sobre “Los empeños nacionalistas contra la vulneración de nuestra soberanía durante la primera intervención norteamericana (1916-1924)” recordó que en abril de 1916 el presidente Juan Isidro Jiménez tuvo que enfrentar un grave conflicto en su gobierno, pues el levantisco general Desiderio Arias, entonces secretario de Guerra y Marina, por desavenencias surgidas entre este y el jefe de Estado, desconoció la jerarquía del presidente, con el respaldo de un determinado número de miembros del Congreso.

Explicó que ese brote de rebeldía fue la causa que sirvió de pretexto para que se llevara a cabo la ocupación militar de la República Dominicana por la Infantería de los Estados Unidos.

Y agregó: “Desde la muerte del presidente Ramón Cáceres, en noviembre de 1911, el país permanecía sumido en una inestabilidad política que había dificultado los distintos ejercicios gubernativos posteriores a aquel hecho, aunque, a pesar de las frecuentes insurrecciones, los breves gobiernos que se sucedieron se las habían arreglado para cumplir con la cuota correspondiente al pago de la deuda que el país debía entregar al Receptor General de Aduanas que el gobierno norteamericano había designado para tales fines, de acuerdo a la Convención firmada entre ambos Estados en 1907”.

Dijo que mientras la ocupación se acercaba hubo febriles e intensas discusiones entre las autoridades norteamericanas y las dominicanas, para que pudiera dársele al país cierta normalidad institucional y por ello los dirigentes políticos de aquel momento, principalmente Horacio Vázquez, Federico Velázquez y Elías Brache hijo, así como personalidades representativas de sectores importantes, se pusieron de acuerdo para ofrecer la presidencia de la República al doctor Francisco Henríquez y Carvajal, un prestigioso ciudadano, con amplia experiencia de Estado, quien residía en Cuba.

El día 29 de julio, dijo, llegó el doctor Francisco Henríquez y Carvajal a Santo Domingo y se mantuvo como presidente hasta el mes de noviembre.

“Su patriotismo le había impedido aceptar determinadas exigencias que les fueron formuladas por el gobierno norteamericano. La ocupación formal no podía esperar más. El día 29 fue proclamada por el capitán de navío H. S. Knaap, quien había llegado al puerto de Santo Domingo 5 días antes con instrucciones concretas del gobierno americano, para el establecimiento de un gobierno militar de ocupación en la República Dominicana”.

Dijo que mientras tanto, y a pesar de su situación anómala, el país luchaba por sobreponerse a su humillante circunstancia, según el abogado Luis F. Mejía, testigo importante de aquellos tiempos”.

Citando a Mejía señaló que los años del 1917 a 1919 transcurrieron con la prensa amordazada por la censura y el patriotismo en vigilante espera y que salvo en los campos de Salcedo y en el este donde la insurrección se había extendido, el país gozaba de paz material y se discutía con calor inusitado sobre la guerra europea.

Agregó que aunque conforme la descripción presentada por Mejía podría asumirse que la situación nacional era de aceptable normalidad la misma no era más que aparente, pues como él mismo describe “el gobierno militar...bajo la jefatura del capitán Knaap no escatimó el uso de la violencia para imponer su autoridad usurpada”.....No es de extrañar que la llegada de los soldados norteamericanos provocaran a veces actos de desesperación”.

Infante recordó que partidas inconexas de hombres mal armados se lanzaron a los montes, sin orden ni concierto, y que el gobierno de la ocupación los calificó de bandidos o gavilleros

Represión y el plan de evacuación

Infante dijo que como una especie de gladiador solitario continuó el presidente Henríquez su labor patriótica, esta vez en los Estados Unidos.

“Prueba evidente de nuestra desarticulación político-social y el enorme peso de la censura y la represión impuesta por los interventores fue el hecho de que en el momento, es decir, a finales de julio de 1919, no fue posible, a pesar de su encarecido requerimiento, que ningún líder político dominicano pudiera acompañarle en su misión en Washington a fines de dejar constituida en la ocasión, en el mismo corazón del Imperio, la Comisión Nacionalista”.

Agregó que a fines de julio se constituyó en Nueva York la Comisión Nacionalista Dominicana, presidida por el doctor Francisco Henríquez y Carvajal y que completaban Tulio Manuel Cestero, Federico Henríquez y Carvajal y Max Henríquez Ureña.

Explicó que en aquella ciudad se encontraba el licenciado Francisco J. Peynado, que asistió a una conversación con los comisionados, pero se excusó de formar parte de la comisión por tener que regresar pocos días después a Santo Domingo, donde le reclamaban atenciones profesionales de urgencia”.

Dijo que este respetable abogado sería quien de la parte dominicana articularía el plan de evacuación que daría por terminada la ocupación militar norteamericana en la República Dominicana.

Afirmó que la propuesta inicial del presidente Henríquez estuvo orientada a proponer, conforme su genuino criterio nacionalista, lo que se definió como la desocupación “pura y simple” del gobierno interventor, que consideró una pretensión inspirada en su acendrado nacionalismo, pero reñida, a todas luces, con las pretensiones hegemónicas norteamericanas.

“Fue a principios de marzo de 1920, cuando comienza a producirse un verdadero despertar nacional frente a la ocupación, ya que para entonces, como expresa al respecto el destacado historiador Roberto Cassa: ‘el gobierno de Estados Unidos llegó a la conclusión de que la ocupación de la República Dominicana estaba generando un extendido repudio en América Latina. En muestra de disposición a la negociación, orientó al gobernador para que eliminara la censura, que hasta ese momento castigaba con pena de cárcel cualquier manifestación critica a la ocupación militar’”.

Dijo que en no poco contribuyeron a ello las actitudes patrióticas de destacados intelectuales, muchos de los cuales fueron víctimas de la persecución y la censura impuesta por los interventores, como fue el caso de Emiliano Tejera, Fabio Fiallo, Américo Lugo, monseñor de Mena, Rafael César Tolentino, Manuel Alexis Liz, Luis Conrado del Castillo, Horacio y Rufino Blanco Fombona, Manuel Flores Cabrera, Ramón Guzmán, Doroteo Regalado y Oscar Delanoy, entre otros.

Afirmó que fueron ellos los gestores de la denominada Unión Nacionalista Dominicana, la cual se constituyó en marzo de 1920, cuya presidencia recayó en Emiliano Tejera y Enrique Henríquez, vicepresidente.

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Infografía
Fernando Infante pronuncia su discurso de ingreso. Foto: Karina Valentín.

“Esta organización, en la que figuraban hombres de todos los partidos y procedencias, unificó las voluntades por un mismo ideal y vendría a convertirse en la mejor articulada organización cívico-política en contra de la intervención, galvanizando la resistencia cívica a través de la realización de actividades que, como la semana patriótica, estuvieron encaminadas no sólo a manifestar el descontento uniendo sus esfuerzos a las organizaciones ya formadas en el exterior sino también a brindar el concurso económico necesario para que el Dr. Henríquez continuara su cruzada patriótica internacional”, agregó.

Afirmó que en aquel momento, la visión de las cosas también comenzaba a cambiar por parte de los actores políticos y diplomáticos norteamericanos como también en el Congreso Norteamericano, gracias al influjo ejercido por distinguidos abanderados del patriotismo, como fue el caso de Horace Knowles, un prominente abogado norteamericano, quien había sido ministro plenipotenciario en el país unos diez años atrás.

Dijo que prueba de los resultados de la acción nacionalista y de la eficaz intervención de Knowles fue la designación por parte del Congreso de la “Comisión seleccionada del Senado de Estados Unidos sobre Haití y Santo Domingo”, la cual arribó a Santo Domingo en agosto de 1921 con el propósito de conocer a profundidad la actitud del pueblo dominicano ante la intervención.

Aseguró que la Comisión, después de escuchar numerosos testimonios sobre la conducta reprochable y los atropellos que cometieron muchos miembros de las fuerzas militares interventoras, contra ciudadanos dominicanos, regresó a Washington.

“Su informe fue decisivo para que el gobierno norteamericano decidiera dar los pasos para la desocupación, y así sacarse la molestosa espina en que para ese gobierno se había convertido la ocupación militar de la República Dominicana”, dijo.

Expresó que el licenciado Francisco José Peynado, discípulo de Hostos y abogado prominente, se había mantenido al margen de la política partidaria y vivía dedicado a su profesión desde los tiempos de Lilís, en que fue encarcelado.

Citando a Mejía, Infante dijo que Peynado había estado en Washington como ministro plenipotenciario durante los efímeros gobiernos de Victoria, Nouel y Bordas y que en el gobierno de Henríquez y Carvajal fue secretario de Hacienda.

“Estos antecedentes y la inobjetable conducta ciudadana lo calificaban como el dominicano más idóneo, en aquellas circunstancias, para iniciar las negociaciones con las autoridades norteamericanas”, afirmó.

"“Prueba evidente de nuestra desarticulación político-social y el enorme peso de la censura y la represión impuesta por los interventores fue el hecho de que en el momento, es decir, a finales de julio de 1919, no fue posible, a pesar de su encarecido requerimiento, que ningún líder político dominicano pudiera acompañarle (al presidente Henríquez) en su misión en Washington a fines de dejar constituida en la ocasión, en el mismo corazón del imperio, la Comisión Nacionalista”. "Historiador Fernando Infante

Agregó además: “A Washington viajaron junto a Peynado los políticos más prominentes en aquel momento: Horacio Vázquez, Federico Velázquez, Elías Brache hijo, a quienes acompañó monseñor Nouel. La opinión a favor de un entendido para devolver al país su soberanía se podría decir que era abrumadoramente mayoritaria”.

Explicó que los enviados fueron recibidos en la cancillería americana y sostuvieron una conferencia con el jefe de la Sección Latinoamericana del Departamento de Estado Sumner Welles y con el secretario Hughes, de quienes obtuvieron la seguridad de que se desistiría de imponer un control financiero y una misión militar al país.... mediante un acuerdo con las dirigentes dominicanos para constituir un gobierno provisional”.

Explicó que el 30 de junio de 1922 los comisionados dominicanos concertaron las bases de un plan de desocupación con el secretario Hughes, quien designó a Sumner Welles y el ministro americano en Santo Domingo para que suscribieran “at referéndum”, un tratado con dichos señores representantes de la opinión de la inmensa mayoría de los dominicanos, según se admitía.

Agregó que, no obstante, “los sentimientos de los nacionalistas suspicaces no confiaban del todo en el Plan Hughes-Peynado.

“Consideraban también que el Tratado implicaba el reconocimiento jurídico de la legalidad de la intervención. Inspirado en ese criterio se reunió el Congreso Nacionalista en Santiago bajo la presidencia de Américo Lugo que lanzó el 6 de octubre de 1922 una protesta enérgica contra el plan. Se celebraron numerosos mítines y manifestaciones públicas para combatirlo y se aconsejó al pueblo la abstención electoral”, dijo Infante citando a Mejía.

A su juicio la consigna de la desocupación “pura y simple” fue enarbolada por los nacionalistas con mucha pasión y poco sentido de la realidad.

Explicó que el Memorándum del Entendido de Evacuación de la República Dominicana por las fuerzas militares de los Estados Unidos de América, concertado en Washington, en junio 30 de 1922, más conocido como Plan Hughes-Peynado, estableció las bases para los fines que permitieron su formulación, con la escogencia de un gobierno provisional, mediante votación entre Horacio Vázquez, Federico Velázquez, Elías Brache hijo, Francisco J. Peynado y monseñor Adolfo A. Nouel, personalidades de la vida nacional dominicana envueltas en las negociaciones.

Dijo que la elección del presidente provisional que tomaría las medidas para la vuelta del país a su vida institucional soberana recayó en un reconocido representante del alto comercio, el señor Juan Bautista Vicini, bajo cuya dirección se dieron todos los pasos hasta concluir con las elecciones de 1924 que llevarían a la presidencia de la República al general Horacio Vázquez y a la desocupación del país por las tropas norteamericanas, cumpliéndose cabalmente todo lo pactado.

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Infografía
Mu Kien Sang coloca en la solapa de Infante el botón de la Academia Dominicana de la Historia. Foto: Karina Valentín.
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