Mary Loly de Severino, una vida entregada al arte

  • La consultora cultural y tasadora de artes visuales ha muerto este jueves a sus 78 años
$!Mary Loly de Severino, una vida entregada al arte
Mary Loly Pérez de Severino, se desarrolló como consultora cultural y tasadora de artes visuales. Marvin del Cid

Un viernes de julio, hace dos años, visité al pintor Jorge Severino porque quería contar su vida. Me recibió junto a su inseparable mascota, Lady Di, y contaba algunas de sus anécdotas de diplomático en Madrid cuando llegó una persona tan indispensable como él para lograr el perfil: Mary Loly Pérez de Severino, la consultora cultural y tasadora de artes visuales que había sido su agente y compañera de vida desde los 80.

Se habían conocido a mediados de la década de 1970, cuando Jorge trabajaba en la multinacional NCR y empezó a tomar unas clases de un lenguaje de programación que usaba IBM, la empresa rival. Ella era la maestra y él quedó tan prendado de ella que la invitó a salir, sin contar con que sería muy cortante -“¿Y para qué? Yo no salgo con alumnos”- aunque, como confesaba más de 40 años después, encontraba “buenmozo” a su enamorado.

Pero fue el arte de Jorge lo que la atrajo más hacia él. Un día el crítico Humberto Soto Ricart le dijo que la llevaría a conocer al artista que le iba a “tumbar la quijada a todo el mundo”, que estaba montando su exposición y, para sorpresa de ella, era su alumno.

En mi perfil contaba que “Cuando Mary Loly recuerda la noche en que conoció a Jorge, el artista, ríe y comenta que al día siguiente llevó a unas amigas y a su profesor de pintura a la exposición, pues al ver las obras, le fascinó... ¿el pintor?

―Yo le fasciné―, aclara Jorge, en un tono encantador de altivez”.

Ahí había empezado toda la complicidad que anhelaría cualquier pareja de enamorados. Ella, asturiana de nacimiento y dominicana de corazón, siempre sintió una pasión por las artes plásticas, que promovió desde La Galería ―pinacoteca que tuvo por más de 20 años, impulsando a jóvenes artistas― y difundió desde el programa televisivo Artes Visuales, donde entrevistaba a pintores y coleccionistas de diversos países entre 1991 y 2006.

Cuando conoció a Jorge llevaba años divorciada y tenía dos hijos: Claudio y Samuel. Jorge iba por su tercer matrimonio -que pronto terminaría- y tenía tres hijos. Luego empezaron a vivir juntos y Mary Loly no aceptó casarse con él hasta que se lo pidió por tercera vez y a modo de ultimátum.

Fue Mary Loly quien lo alentó a dejar la multinacional para dedicarse por entero a la pintura. Quien lo conquistó para que se dejara crecer un poco el pelo y llevara su típica coleta. Quien lograba que pintara para que sus cuadros llegaran a grandes coleccionistas aun cuando su terquedad de artista se negaba. Quien comprendía su manía de no comer cebolla o vegetales y su devoción por las series de detectives y novelas negras. Quien olvidó el enfado cuando él embarró de azul marino sus finos encajes de seda traídos de Suiza al ver el cuadro de una las Novias para Ogún, una de las más exquisitas series de Jorge Severino. Era ella la anfitriona inigualable que agasajaba a sus invitados mostrando su talento en otra de las grandes artes: la cocina. La mujer fuerte, con fino sentido del humor, que llevaba las riendas de la carrera de su artista, del pintor que, como ella decía, había colocado socialmente a las mujeres negras.

Y él, quien decía -al empezar las conversaciones- que era a Mary Loly a quien iba a entrevistar, sabiendo que ella conocía su vida y obra tan bien como él. El que la miraba con esa mezcla de admiración y amor sin tiempo y el que se impacientaba si se iba a la cama y ella tardaba mucho en ir junto a él.

Mary Loly revisa fotografías de otras épocas. Marvin del Cid
Mary Loly revisa fotografías de otras épocas. Marvin del Cid

Cuando la conocí admiré en ella lo que entiendo es la verdadera belleza, la que el paso de tiempo y sus arrugas no son capaces de destruir y que es tan imponente como las negras de los cuadros de Severino.

Jorge me dijo una vez que nunca la había pintado porque le faltaba color. Una noche -o madrugada porque ya eran más de las 12... así eran los encuentros en su casa...- Mary Loly decía entre risas que no había reparado en diferencias de colores de piel hasta que, en el colegio, en el país, le dijeron “desteñida”. Entonces Jorge dijo, con su coquetería habitual, que lo había elegido a él -que es negro- y la tomó de la mano.

La vi junto a Jorge, por última vez, el 8 de agosto, en un homenaje al crítico de arte y pintor Danilo de los Santos -gran amigo de la pareja-, quien murió en julio. Al ver su vigorosidad al hablarme de la monografía sobre Severino que Danilo había dejado inconclusa nunca pensé que justo tres meses después leería en el Facebook de Jorge “Murió mi Mary Loly”.

Que allá donde vayas, querida Mary Loly, encuentres muchos colores para que no extrañes tanto a Jorge, a tu príncipe pintor.

20181108 https://www.diariolibre.com

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