Mu Kien Sang Ben: “Escribiré del alma y la razón por siempre”
La historiadora puso a circular ayer su libro “Volviendo al Caribe”

A Mu Adriana Kien Sang Ben, educadora e historiadora reconocida, no la ha amilanado la pandemia del coronavirus al punto de que se ha mantenido indagando y escribiendo y acaba poner en circulación su libro “Volviendo al Caribe”, publicado por la editorial de la Universidad de Magdalena, de Colombia.
La expresidenta de la Academia Dominicana de la Historia, con muy amplia cosecha bibliográfica fruto de su entrega intelectual, promete escribir “del alma y la razón por siempre”, pues mantiene intacta su pasión por las ciencias sociales y sus deseos de decir lo que piensa sin doblegar sus palabras.
La exdirectora del Centro de Estudios Caribeños de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra accedió, sin inconvenientes, a responder varias preguntas de Diario Libre y a expresar su pensamiento sobre su ejercicio profesional y otros tópicos vinculados.
¿Le ha provocado escribir sobre pandemia?
Sí, he trabajado mucho. El escritor necesita encierro, y el COVID ha sido la excusa ideal para encerrarme y producir. El recién pasado 8 de octubre, en el marco la Feria del libro de Santa Marta, se puso a circular mi libro “Volviendo al Caribe”, publicado por laeEditorial de la Universidad de Magdalena. En noviembre el Archivo General de la Nación celebrará su séptima feria del libro de Historia con el tema “La mujer en la historia dominicana”. Está dedicado a tres mujeres historiadoras: Carmen Durán, Lusitania Martínez y yo. En ese marco se publicará un ensayo mío titulado “La mujer china: del dolor a la esperanza”. Estoy finalizando, junto a José Chez y Rosa Ng, el libro “Historia de la migración china a la República Dominicana. 1861.2018”. Estamos en fase final. A mí me correspondió la segunda parte que comprende los años 1961-2000.
También he seguido escribiendo mi columna semanal “Encuentros” en Areíto del periódico Hoy, que me toma tiempo. Además, de seguir dando clases virtuales, escribiendo para proyectos y coordinando programas académicos.
O sea que he estado encerrada pero activa.
Fue la primera mujer en presidir la Academia Dominicana de la Historia. ¿Cómo fue su experiencia y qué aprendió de ella?
Para mí fue un gran honor y un reto mayúsculo. Fueron tres años intensos en el que no solo se realizaron múltiples actividades, sino que buscamos los fondos para restaurar la edificación, y, además, nos fue cedida la Capilla de la Soledad. Me siento satisfecha, tranquila de haber cumplido con pasión mi deber. Pero trabajar y dirigir la academia fueron dos tareas muy intensas que mermaron mi producción intelectual. Ahora, con el sosiego debido, he podido escribir y leer cosas que dejé pendientes con el activismo de esos tres años.

También hace poco dejó de dirigir el Centro de Estudios Caribeños de la Pucmm. ¿Le resultó difícil dejar ese espacio?
No he abandonado el Centro de Estudios Caribeños; dejé de ser la directora. Sigo en el centro como asesora y dirigiendo dos proyectos con financiamiento externo. Además, continúo realizando labores académicas. El nuevo director, doctor Antonino Vidal Ortega, es un excelente historiador que lo trajimos al país para que reforzara el centro y sus programas académicos.
Ahora me siento más libre para investigar, hacer proyectos e inventar cosas, pues ya no tengo la carga administrativa del centro. Coordino el Doctorado en Historia del Caribe y la Maestría en Estudios Caribeños.
En los años que me quedan por vivir, que son cada día menos porque acabo de cumplir mis 65 años, quiero dedicarme a mis pasiones: enseñar y escribir. He tenido que desempeñar por mucho tiempo labores administrativas que generan tensiones y te limitan la creatividad. Me siento feliz, porque estoy productiva y sin el pesado fardo de lo que supone administrar.
¿Ser dominico-china le ha ampliado las perspectivas como historiadora?
No lo he pensado. Soy historiadora porque desde niña me sentí siempre atraída por las ciencias sociales. Estudié la licenciatura en Educación para enseñar historia y geografía. Soy historiadora porque adoro investigar y me fascina el proceso creativo, las dudas iniciales cuando inicias un tema, para luego, después de la oscuridad, encontrar el camino para enrumbar tu investigación. Ese proceso es mi adrenalina cotidiana: aprender, crear, escribir, escudriñar...
Hice conciencia de mi “chineidad”, para llamarla de alguna manera, siendo adulta. Aunque desde niña sabía que tenía la ascendencia, no me sentí marginada y atacada. Quizás no me di cuenta, porque nuestro padre nos enseñó que había que caminar y caminar, y si en el trayecto te caes, entonces, te levantas. Si te caes de nuevo, te levantas otra vez y sigues la ruta.
Al morir nuestros padres, sus hijos quisimos recuperar esa parte de nuestra herencia cultural. Era, es, quizás como una forma de tenerlos presentes. Ahora defiendo con fuerza y pasión mi identidad híbrida y la exhibo orgullosa.

¿Por qué la figura de Juan Pablo Duarte sigue siendo controversial?
No creo que la figura de Juan Pablo Duarte sea controversial. Todo lo contrario. Lo que se ha cuestionado el hecho de existan tres padres de la Patria, porque los otros dos han sido cuestionados por la historia. Mella por su alianza con Pedro Santana. No olvidemos que fue el negociador enviado por Santana a negociar la anexión o, en su defecto, el reconocimiento de la independencia. Sánchez defendió al ultra conservador Buenaventura Báez, aunque se inmoló luego.
La crítica que se le ha hecho a Duarte ha sido su permanencia en Venezuela, pero en el proceso de la guerra restauradora, sus propios aliados no lo quisieron, no le permitieron participar. Después de ese doloroso episodio jamás regresó.
¿Se sigue enseñando mal la historia dominicana en el sistema de enseñanza?
Sí, siempre. Hace muchos años, durante la enseñanza tradicional, la historia se enseñaba de manera memorística; se presentaban hechos desconectados. No existían explicaciones de los sucesos.
Hoy la historia está peor, pues el nuevo currículo la ha secuestrado en una maraña que se llama ciencias sociales; donde se enseña todo y nada al mismo tiempo. Los niños no saben historia, desconocen las cosas elementales. No me refiero a los del sector público, también al sector privado.
Esta desgracia la he denunciado públicamente de manera verbal y pública. La historia debe ser el eje de las ciencias sociales, pues como decía don Claudio Sánchez Albornoz, “es la maestra de la vida”.
No conocemos nuestra historia, y estamos repitiendo una y otra vez los errores del pasado. El clientelismo político tiene sus raíces en el siglo XIX. El transfuguismo es un hecho también del pasado. El liderazgo autoritario es otro lastre que todavía tenemos. ¡Pesado es nuestro fardo!
¿Sirve la intuición a la hora de investigar y escribir en el campo de la historia?
El investigador es una especie de Sherlock Holmes del pasado. Busca, indaga y rastrea en miles de documentos dispersos en los anaqueles de los archivos. La intuición guía tus pasos, los datos encontrados lo confirman o no. A veces aparecen personajes y uno se pregunta ¿quién es?, ¿qué importancia tenía en ese momento? Esas preguntas te obligan a seguir buscando para encontrar respuestas.
¿Cómo se dio cuenta de que lo suyo sería la historia?
Siempre, siempre, siempre. Lo mío, desde niña, eran las ciencias sociales, y, dentro de ellas, la historia.
¿Algunos historiadores han sido fundamentales en su proceso de formación? ¿Qué le han enseñado?
Antes de irme a París a hacer el doctorado, leía con avidez lo que escribían Roberto Cassá y Frank Moya Pons. Ellos fueron claves en mi formación inicial. Ruggiero Romano, mi temido y amado director de tesis, me marcó para siempre. Me enseñó a ser crítica con las verdades aceptadas como válidas. A leer con ojo crítico. Los grandes de la escuela de Los Anales me impactaron: Fernando Braudel, Jacques Le Goff y Pierre Vilar. Hoy, más de treinta años después, he aprendido a ser caribeñista, a salir del confort de la historia local, para adentrarme en otros mundos. En ese sentido, Consuelo Naranjo Orovio ha sido una gran maestra, por su capacidad de síntesis y de analizar la realidad.
¿Identifica algunas falencias en la historia dominicana?
No se a qué te refieres con falencias. Pero te puedo decir, que nosotros somos demasiados localistas. Aunque hemos aprendido. Frank Moya escribió un excelente libro sobre historia del Caribe. Raymundo González ha sido muy certero con sus estudios sobre la esclavitud.
Un elemento importante es que se están formando nuevas generaciones que desean estudiar y formarse en historia desde la perspectiva académica. Esto es un elemento nuevo, porque la mayoría de los historiadores son de oficio, no de formación.
Tomando en cuenta el éxito que tuvo su monólogo “Minerva”, ¿se animaría a seguir produciendo para el teatro o esa experiencia fue episódico?
De hecho, ayudé con el texto de una obra que presentó mi amiga Edilí, “La cuarta mariposa”, que era un homenaje a Dedé. También hay un monólogo que escribí que no se ha puesto en escena. Ojalá que ahora ella (Edilí) se anime.
¿Se ha sentido tentada a escribir una novela?
¡Si! ¡Sí! Tengo antes en proyecto, ya tengo el esqueleto, escribir un libro de aventuras. Lo escribiré, pero el argumento lo hicimos mi nieto Andrés y yo, es decir, es el coautor del libro. Pienso hacerlo antes de que finalice el año.
No quiero morir sin escribir una novela. Soy una lectora de novelas. Para el libro sobre la mujer china, utilicé las novelas de Lisa See, Amy Tan y Pearl S. Buck. Quiero escribir una novela que no sea histórica. Eso está en mis planes.
¿Hacia dónde sigue su carrera intelectual después tener tan buenos resultados?
A donde el viento me lleve. Quiero escribir sin ataduras. Quiero decir lo que pienso sin tener que doblegar mis palabras. Quiero seguir indagando historias, ahora estoy metida en la historia del Caribe. Tengo un libro sobre los culíes en el Caribe Hispano que iniciaré en el 2021, pues ya tengo el material recogido en los archivos españoles. En proyecto también está un libro sobre migración e identidad.
Escribiré siempre, hasta mi último aliento, hasta que mis dedos se endurezcan y se resistan a esta máquina mágica que nos ayuda en el proceso. Escribiré del alma y la razón por siempre. Lo he dicho otras veces, me encanta mi escritura de la razón, pero adoro mi escritura que nace desde la profundidad de mi alma.
Escribir es para mí, como dice José Luis Sampedro, es una razón para vivir.
Emilia Pereyra
Emilia Pereyra