Dime cómo comes y te diré cómo eres
Es disfrutando de una buena comida donde se dilucidan mportantes negocios, se agasaja personalidades y se llega a grandes cuerdos.

En tres ocasiones al día nos sentamos alrededor de la mesa con familiares, compañeros y amigos. Y muchas veces somos maestros en trigonometría que comemos con la boca abierta o expertos en finanzas que no sabemos cómo se usan los cubiertos de pescado. Gastamos fortunas en aprender lo que a lo mejor no nos será útil jamás y olvidamos hacer énfasis en el día a día, donde deberemos demostrar nuestra educación y "savoir être".
Seguro que recordamos la película Pretty Woman en la que Julia Roberts debe hacer un curso intensivo de cubiertos, modos y formas en la mesa. En general, es mucho más sencillo que contar puntas de tenedores y estudiar qué cubierto va con qué plato. Todo lo relacionado con la mesa se basa en la lógica. Además, si tenemos en cuenta que el que ideó el arte del buen comer de seguro no manejaba la mano izquierda, tenemos ya las bases establecidas.
Como hay que hacer fuerza, el cuchillo se maneja con la mano diestra. Si tomamos una sopa para la que sólo se usa un cubierto, será también con esta mano con la que asiremos la cuchara y también a este lado estará ubicada en la mesa. En cambio, aquellos elementos secundarios como el pan, la salsa o el acompañamiento del plato se sitúan a la izquierda del comensal.
Cuando tomamos un menú preestablecido con varios platos y nos encontramos con muchos cubiertos en la mesa, no debemos desempolvar el manual de las buenas costumbres, sino dejar que la lógica nos guíe. Los cubiertos situados al exterior serán los que se usen para el primer plato, los siguientes con el segundo plato y así sucesivamente.
Pero si importante es saber qué cubiertos utilizar, mucho más lo son los modos y formas en la mesa. Masticamos con la boca cerrada ya que a nadie le interesa ver cómo lo hacemos; llevamos la comida a la boca y no al contrario; mantenemos los codos pegados a nuestro cuerpo sin golpear el hígado de nuestro compañero de mesa cada vez que cortamos el pollo.
Cuando comemos en lugares públicos, muchos creemos que aún estamos en nuestras casas y las conversaciones que mantenemos están subidas de decibelios. Y qué hay de aquellos que hartos de tener a los niños corriendo por casa, los sueltan en el restaurante para que les dejen tranquilos y los camareros actúen como niñeras. Entretanto, el que intenta disfrutar del momento placentero que debiera ser toda comida, se encuentra lidiando con niños que no son los suyos y escuchando los gritos de la mesa de al lado.
Dejemos pues que la lógica y la educación se adueñen de nuestras mesas. Y empecemos a hacerlo hoy y en nuestro hogar. Nuestras comidas y las de los que nos rodean serán mucho más placenteras.
El autor está a cargo de los restaurantes, bares y banquetes del Hotel Hilton Santo Domingo.
Seguro que recordamos la película Pretty Woman en la que Julia Roberts debe hacer un curso intensivo de cubiertos, modos y formas en la mesa. En general, es mucho más sencillo que contar puntas de tenedores y estudiar qué cubierto va con qué plato. Todo lo relacionado con la mesa se basa en la lógica. Además, si tenemos en cuenta que el que ideó el arte del buen comer de seguro no manejaba la mano izquierda, tenemos ya las bases establecidas.
Como hay que hacer fuerza, el cuchillo se maneja con la mano diestra. Si tomamos una sopa para la que sólo se usa un cubierto, será también con esta mano con la que asiremos la cuchara y también a este lado estará ubicada en la mesa. En cambio, aquellos elementos secundarios como el pan, la salsa o el acompañamiento del plato se sitúan a la izquierda del comensal.
Cuando tomamos un menú preestablecido con varios platos y nos encontramos con muchos cubiertos en la mesa, no debemos desempolvar el manual de las buenas costumbres, sino dejar que la lógica nos guíe. Los cubiertos situados al exterior serán los que se usen para el primer plato, los siguientes con el segundo plato y así sucesivamente.
Pero si importante es saber qué cubiertos utilizar, mucho más lo son los modos y formas en la mesa. Masticamos con la boca cerrada ya que a nadie le interesa ver cómo lo hacemos; llevamos la comida a la boca y no al contrario; mantenemos los codos pegados a nuestro cuerpo sin golpear el hígado de nuestro compañero de mesa cada vez que cortamos el pollo.
Cuando comemos en lugares públicos, muchos creemos que aún estamos en nuestras casas y las conversaciones que mantenemos están subidas de decibelios. Y qué hay de aquellos que hartos de tener a los niños corriendo por casa, los sueltan en el restaurante para que les dejen tranquilos y los camareros actúen como niñeras. Entretanto, el que intenta disfrutar del momento placentero que debiera ser toda comida, se encuentra lidiando con niños que no son los suyos y escuchando los gritos de la mesa de al lado.
Dejemos pues que la lógica y la educación se adueñen de nuestras mesas. Y empecemos a hacerlo hoy y en nuestro hogar. Nuestras comidas y las de los que nos rodean serán mucho más placenteras.
El autor está a cargo de los restaurantes, bares y banquetes del Hotel Hilton Santo Domingo.
Diario Libre
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