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El antropomorfismo y la dieta de los animales del Zoológico

Muchas veces se desconoce cómo son sus hábitos de alimentación

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El antropomorfismo y la dieta de los animales del Zoológico
Los zoológicos se encargan de velar por la fauna.
Santo Domingo. En una nota anónima aparecida en este diario el lunes 10 de octubre, se denunciaba que los animales del Zoológico estaban pasando hambre, conclusión a la que se llegaba luego de curiosas interpretaciones sobre los comportamientos observados en los mismos. Como la nota aclaratoria que enviamos no fue suficientemente explícita, trataremos de sacar algún provecho educativo del desafortunado reportaje. Ya en otras ocasiones me he referido a interpretaciones erróneas que hacen los visitantes sobre los animales, pero entiendo que nada obliga a un periodista a leer los artículos que publica su periódico.

De todos modos, la crítica, por infundada que sea, siempre deja algo positivo. Es la intransigencia crítica lo que explica el extraordinario avance de la ciencia, en comparación con otras áreas del conocimiento. Si Platón volviera a nuestra época, podría discutir de igual a igual con pensadores contemporáneos sobre ética. Sin embargo, Charles Darwin quedaría perplejo si se ve de pronto en un coloquio sobre genética molecular. Cuando un científico publica sus hallazgos, sabe que los especialistas de su área esperan ansiosos la publicación para descuartizarla, abrigando siempre la morbosa esperanza de que el autor haya cometido algún error para enrostrárselo. Por eso los investigadores son tan rigurosos en sus observaciones y en los métodos que usan para colectar sus datos. Tanto es así, que según un científico, si vemos pasar una oveja negra no podemos decir que vimos una oveja negra, sino una oveja uno de cuyos lados es negro, pues no hemos visto el otro. Esto sucedió con la Luna durante mucho tiempo: sabíamos que había cráteres de un lado, pero ignorábamos que había del otro.

La afirmación de que los animales del Zoodom pasan hambre se basa en tres observaciones: un cocodrilo que mordió una botella plástica que le lanzaron; un rinoceronte (¿?) y un chimpancé que abrían la boca pidiendo comida y unas iguanas que devoraban unas galletitas que les lanzó un visitante conmovido. En primer lugar, que un cocodrilo muerda un objeto que le lancen no prueba que tiene hambre; es más bien una agresión a algo que invade su territorio. Además, nuestros cocodrilos, debido al poco ejercicio que hacen, están sobre peso, no hambrientos. En el segundo caso, supongo que el reportero se refiere a los hipopótamos, ya que los rinocerontes muy pocas veces enseñan su pequeña boca. De todos modos, los hipopótamos muestran la boca abierta para amenazar a los intrusos, no por hambre. Finalmente, que un chimpancé pida comida o unas iguanas se coman unas galletitas sólo significa que los visitantes arrojan alimentos a los animales que dañan su salud y les crean esos malos hábitos.

Se llama antropomorfismo a este error de atribuir a los animales rasgos propios de la conducta humana, siendo el mayor obstáculo para entender el comportamiento de los mismos. Un ejemplo común es el cacareo de las gallinas luego de poner un huevo. La mayoría de las personas cree que las gallinas lo hacen para anunciar a las personas que ya pueden ir y comerse el huevo. Algo extraño, pues las conductas instintivas tienden a la supervivencia de la especie. En realidad, esa conducta cumple la función contraria. En su ambiente natural, las gallinas cacarean para que los depredadores las sigan y así alejarlos del nido.

destra@tricom.net