El año de Freddy Beras Goico

Hagamos una excepción. Se supone que las entrevistas de mujer única no deben ser tan largas, el libro de estilo así lo ordena. Pero hagamos una excepción. Freddy ha tenido un año magnífico profesionalmente. Éxitos en teatro, cine, televisión… 46 años de carrera bien merecen que los demás hagamos una excepción. O las que hagan falta.
"Esta oficina no es bonita", dice Freddy Beras Goico cuando la fotógrafa de mujer única trata de ubicar la mejor área para hacer su toma. No es cierto. Su espacio de trabajo se parece a esas casas de los viejos abuelos que atesoran artículos y recuerdos que cuentan su historia y aportan la calidez que por lo regular carece en los espacios modernos.
La entrevista discurre entre un ir y venir por los capítulos que componen su vida, destacando sus casi 46 años en la televisión, su capacidad para renovarse continuamente y el precio que ha tenido que pagar por la fama que un porcentaje de la sociedad se resiste a perdonarle.
¿Cómo se logra permanecer vigente tanto tiempo y parecer una figura nueva frecuentemente?
Estando al día. Yo leo, viajo, me informo y sobre todo delego, porque me doy cuenta de que con los años uno tiene que ir escuchando cosas nuevas. Me mantengo, además, porque me gusta mi negocio, mi trabajo. Cuenta mucho la disciplina, pero básicamente creo que la mejor explicación es que he tenido la suerte de caerle bien a mucha gente.
Su empresa se nutre de gente joven, ¿asunto de estrategia?
Combinamos la experiencia con la juventud. También es básico, el conocimiento de la idiosincrasia de nuestro país, algo por lo que han caído tantos programas, porque vienen genios de Europa y Estados Unidos y no conocen cómo en nuestro país, algo fundamental para saber hasta cómo manejar las cosas educativas. Tengo aquí a mi hijo Jean Carlo, y a un grupo joven que me ayuda mucho, que maneja todo. Yo superviso
¿Cuánto años en la televisión?
Yo entré a la televisión el 27 de febrero de 1959, cuando inauguraron Rahintel; voy a cumplir 46 años.
El 10 por ciento
La balanza se inclina más hacia la satisfacción, es la gran verdad. Intimamente y a nivel de público, digo que de cada 100 personas a 10 no le caigo bien, pero siempre hay sus razones. Hay personas a las que, sin darme cuenta, me le he metido por el medio. Un día un muchacho me dijo: "yo le tengo un odio del diablo a usted" cuando le pregunté por qué me dijo: "a mi me iban a comprar un motor y mi papá lo oyó una noche diciendo que el que le compraba un motor a su hijo chiquito era un sinvergüenza y yo quería salir esa noche a buscarlo para caerle a pedrá". El día que hice ese comentario ocurrió un accidente muy feo, con un muchachito de unos 12 años.
Víctor Víctoria proyectó a un Freddy Beras de una dimensión extraordinaria, ¿le sorprendió su propia entrega?
En casos como éstos, uno estudia el personaje. Me pasó con Víctor como con la película La Maldición del Padre Cardona: me habían hecho muchísimas ofertas pero no las había aceptado porque no me había sentido cómodo como con este personaje, que fue por escrito Félix Germán para mí hace muchos años. De esta película estamos hablando desde hace 10 años. Con Víctor Victoria, tuve a mi favor que conozco la obra, la vi dos veces en Estados Unidos y el personaje de Toby me encantaba.
¿El personaje enfrentó alguna dificultad?
Lo más difícil fue no caer en el clásico gay desfachatado que se hace en televisión. Toby es un tipo muy culto, amanerado. Yo estaba muy bien dirigido y me dejé llevar. Me gusta mucho escuchar y Verónica López es una excelente directora, una maquinita. Estaba también rodeado de actores profesionales de los que aprendí mucho. Toby, aunque es un personaje muy difícil, me encanta, así que no me fue difícil entrar en él, en su amaneramiento, los puntos donde yo podía explosionar más, cómo debía mantener el recato de este señor gay de 64 años y, además, ubicarme en la época, porque estamos hablando de los años 20, en París.
¿Esta obra le hizo pensar en las posibilidades que hubiera tenido de haberse desarrollado en países más avanzados?
Tal vez si hubiera crecido en otro ambiente con más facilidades hubiera estado en el cine o, quien sabe, retirado con algún viejo (ríe). Pero aquí hay que hacer muchas cosas, por eso no me dedico del todo al cine, que no deja.
No deja a nivel local…
A otros niveles los actores sólo hacen eso, porque es mucho trabajo. Pero he tenido muy buena crítica. Ahora mismo con la película La Maldición del Padre Cardona, cuando se presentó en Washington y Argentina, recibí muy buena crítica. A mi se me hace fácil desdoblarme y eso es muy importante en la actuación. Hay una escuela, la Stanislavsky, que te hace meter en el personaje antes de salir a escena; yo lo cojo desde mucho antes. En mi vida real, cuando hacía de Toby en Víctor Victoria, dejé de ser yo. A veces creía que estaba loco porque iba al baño y era Toby el que se bañaba, con sus cosas amaneradas. Además, he hecho más de 80 personajes diferentes para televisión, por eso la actuación no se me ha hecho difícil.
¿Víctor Victoria fue rentable?
Si, aunque fue una producción muy costosa. Nosotros en principio no la hicimos pensando en ganar. Cuando íbamos por 10 millones de pesos, dijimos: bueno, el asunto es no perder. Nos dejó la satisfacción de haber montado la obra por primera vez en español en el mundo y no perdimos dinero, que es lo más importante. Creo que tenemos dos presentaciones más, posiblemente el 2 y 3 de diciembre.
¿La Maldición del Padre Cardona lo lleva por primera vez al cine?
Yo había hecho pininos con Charityn, en Prohibido Amar en Nueva York, hace muchísimos años y juré no trabajar más películas, porque eso es más complicado que un pulpo masturbándose. Además, me había hecho pasar un 24 de diciembre en Nueva York solo, con una nevada del diablo, dando gritos viendo a Pavaroti cantar en la catedral con la coral de niños de Chicago. Todo por Elín (el esposo de Charityn) estar de tacaño. Es que debíamos grabar una escena situada en Nueva York, y él decidió hacerla en San Juan, Puerto Rico, en un nigth club y un penthouse y todo parecía perfecto hasta que revisó y advirtió que en la película sonaban seis millones de coquís. Tuvimos que viajar para repetir la escena.
¿Fue difícil lidiar con la actuación sin descuidar su empresa?
El cine es muy complicado. Cuando le dije que sí a Felix, con la Maldición del Padre Cardona tuve que organizar muchas cosas, en base a los días que tenía que estar en Constanza. Hubo días que no se pudo filmar por el clima; había que hacer unas tomas a las 5:00 de la mañana y a esa hora caía un aguacero. Para alguien que, como yo, que hace un programa diario, maneja una fundación y mil cosas más, es una complicación. Quizás dentro de 15 o 20 años más haga otra película.
¿Cómo define esta nueva experiencia?
Fabulosa. Yo me involucro mucho en lo que hago y cuando decido algo me gusta hacerlo bien. Soy puntual, me gusta oír, no ando con mojigatería de que yo soy fulano de tal y hay que buscarme tal cosa. Eso me encantó mucho de Zoe Saldaña ella, siendo la figura que es, se comportó como una tiguerita, comiendo lo que se cocinaba, muy buena comida y abundante, pero no respondía a caprichos de nadie.
¿Todo fluye tan bien como se aprecia en la pantalla?
Ocurren sus contratiempos. Una anécdota es que el 21 de noviembre de 2005, día de mi cumpleaños, estábamos filmando en Constanza a las 2:00 de la madrugada. Lloviznaba. Yo estaba vestido de diablo y Zoe Saldaña de vampiresa y esa noche se me rompió la rodilla porque metí el pie en la raíz de un pino. Me tuvieron que operar en Estados Unidos.
¿El pueblo de Constanza no asumió la película como una blasfemia?
Ellos estaban contentos porque se beneficiaron. Se contrataron muchísimos extras a los que se pagó, fue una fiesta, todo el mundo hacía algo, en el parque, poniendo las sillas, en la iglesia, las procesiones, todo se hacía con la gente del pueblo que colaboró muchísimo. Cuando se pedía silencio o cuando se decía "hay que salir corriendo" lo hacía espontáneamente. Fue una experiencia. Todo el mundo estaba feliz. Si no hubiera existido ese trabajo de equipo y colaboración no se hubiera podido hacer. Por eso, como en Constanza no hay cine, se va a montar una pantalla especial para transmitirla.
¿Cree que esta película trascienda internacionalmente?
La Maldición del Padre Cardona fue hecha con ese propósito. Felix fue muy inteligente, porque para que nuestro cine se coloque en las salas internacionales sin que deje de ser una temática nuestra, pero hay que manejarlo con criterio internacional. Nos ayudó mucho la presencia de Anthony Álvarez, que nos abre las puertas de México y países como Argentina y Brasil. Creo que es la primera película hecha con criterio internacional. La filmación de esta película fue un trabajo maravilloso. Tengo entendido que es lo más profesional que se ha hecho, en cuanto a sonido, imágenes y nos ayudó mucho el ambiente, esa escenografía natural de Constanza. No hubo nada puesto, todo era natural. La casa de don Elidio Alba, es la casa con todo, la habichuela con dulce fue otra experiencia. Esa escena hubo que repetirla y tuvimos que truquear al comer la habichuela…¡buena que estaba la maldita! Era un tanque de habichuela, de ahí comió el pueblo.
¿Es difícil dejarse dirigir tras décadas dirigiendo a otros?
Desde pequeño tuve la tendencia de tener amigos más viejos. Me encanta y es común en la oficina sentarnos un día a comer con el personal, con la señora que sirve el café, oír lo qué dicen en su barrio de los programas. En cuanto a que me dirijan, soy muy dócil.
¿Qué actitud asume cuando la crítica no le favorece?
Siempre he dicho que la crítica bien intencionada es el mejor nutriente que tu puedes tener, incluso cuando te critican de "mala leche", puedes sacar beneficio. A veces no sabes donde están ubicados los francotiradores. Pero soy analítico, cuando me hacen una crítica y la reconozco me voy por ahí, en seguida saco la pata y hasta lo digo.
Sin embargo, aún explota de vez en cuando en televisión.
Lo que pasa es que la gente muchas veces no sabe lo que uno ha pasado en el día. Hace unos días, cuando llegué a la oficina con un cúmulo de tensiones, encontré a una mujer durmiendo debajo del plafón donde yo guardo mi vehículo. Ella, que dormía con un niño hidrocefálico en los brazos, al verme se excusa. Había venido el día anterior de Azua. Eso me mató. Por suerte aquí hay un santo varón que se llama Antonio Cruz Jiminián al que hay que hacerle una estatua y quitar a dos o tres próceres que no hicieron nada para ponerlos. Ese día también había atendido otras cosas: un primo, Radhamés García, que viene de Cedimat, de llevar una niña de Bonao, muriéndose, la mamá era donante de un riñón pero hacían falta 150 mil pesos. Cuando a ti se te mete ese cúmulo de cosas, es como que te van soplando impotencia. Uno sabe que se pueden hacer las cosas, pero sencillamente no se hacen. Y llega un momento en que explotas, estallas por cualquier cosa, por los abusos, por la falta de energía, por la indiferencia absoluta. No es el propósito, yo me he corregido mucho, por mi mujer y mis amigos. No seré indiferente a estas cosas, pero trataré de hacerlo de otro manera, porque yo no puedo resolverlo todo. Ahí tengo el caso de dos niños con problemas del corazón que son muy costosos. Aquí hay cosas que se pueden hacer. ¡Si no se robara tanto!
¿La sociedad le ha perdonado el éxito?
Algunos sí. Yo tengo un libro en ciernes que se llama "Se prohibe triunfar". Lo que pasa es que cuando te abres tu propio espacio sin depender de ningún grupo, tienes mucha más simpatías pero tienes enemigos más fuertes. En estos días me contaba un grupo de jóvenes de una universidad que una profesora de Derecho les dijo que cuando yo digo cosas del gobierno es porque yo le he pedido cosas que no me dan y entonces exploto. ¡Una profesora de Derecho les dice eso a sus alumnos! Un joven dentro del grupo, que está vivo por mi, pero que yo no conocía, le preguntó que si ella me conocía y contestó que no. Yo no la culpo, este medio es muy asqueroso. Incluso aquí hay gente enganchados a periodistas, que se mete a la televisión solamente en busca de eso.
¿Lo han tentado con ofertas?
A mi me han ofrecido la vicepresidencia, me han ofrecido de todo, millones de veces, y soy yo quien ha rechazado cosas del gobierno porque no me interesa nada de eso. Eso le mandé a decir a esa profesora que, por cierto, me dicen que es malísima.
Pero entre el amor y el odio, ¿hacia donde se inclina la balanza?
La verdad es que uno tiene más apoyo público que enemigos. Aunque hace un mes y pico que llamó una señora al programa y dijo en el aire que yo habl mucho de mi seriedad pero en noviembre llevaron un niño allá con un problema en el esófago y una señora mandó un cheque de 40 mil pesos y yo nunca había dicho qué había hecho con ese dinero. Le dije que le contestaba al otro día, porque no tenía la respuesta en ese momento. Investigué, y a ese niño el doctor le hizo un procedimiento y decidió esperar a ver si se evitaba la cirugía. El cheque quedó en reserva esperando la llamada del médico. No hubo necesidad de usarlo, permanecía intacto. Dos días después de eso llevaron el caso de un niño que se estaba muriendo en la Plaza de la Salud. Yo llamé a la señora que envió el cheque, le planteé la situación y ella dijo no había problema, que ese cheque era para usarlo. Sirvió para salvar a esa otra vida. La persona que llamó al programa llegó aquí, se arrodilló y me dijo: "¡Perdóneme para que Dios me perdone!". Cuando le pregunté ¿Quién es usted? me dijo: "yo fui la que llamé al programa por el cheque". La gente vive acechando, sobre todo en el sector político, debo haberle dañado algún plan. Pero yo no cambio mi línea. Uno nace para algo.
¿Hasta dónde han llegado sus adversarios?
Yo he tenido que aguantar mucho. Gente apostando que todo mi trabajo es porque ando atrás de un cargo público, tengo en banco una cantidad de cosas que me han enviado. Recuerdo en 1986 me hicieron una campaña por si yo me iba con Jacobo Majluta. Pasquines, llamadas telefónicas, amenazas de secuestro, se me acusó de estupro, abortos en mi familia, drogas. Por, al ver el comportamiento de muchos humanos, creo que Dios no creó el mundo y si lo hizo estaba borracho.
Pero se altera la paz…
Hay una anécdota relacionada con la semántica. Cuando estábamos en El Gordo de la Semana y Jean Carlos estaba pequeño, mi esposa al levantarse le pregunta al guardián por el niño y él le dice: "se fue con su papá". En esos días me habían tiroteado la casa. Yo había hecho unas denuncias de drogas y se armó un lío grandísimo. Como a las doce menos diez mi mujer me llama y me pregunta que si me voy a quedar con Jean Carlo. Se armó una discusión: Yo: ¿de qué Jean Carlos me hablas?. Ella: ¡mira Freddy Beras, tú relajas con todo pero…! Yo: ¡Que yo no ando con Jean Carlo! Yo arranqué y creo que en menos de un minuto estaba en mi casa. Encontré a mi mujer llorando, pero tranquila. Resulta que el guardián le había dicho "con su papá", pero con "su papá de ella". Yo le grité al guardían ¡C…aprenda semántica! Y él me respondió ¿Qué es eso? Ahora reímos, pero lloramos muchísimo. Cuando ella se acuerda de eso se le aguan los ojos.
¿A qué le teme?
Le tengo terror a hacer daño. He vivido y visto cosas en esta oficina, a gente que ha querido hacerme daño y las he visto entrar con sus niños muriéndose en los brazos, buscando ayuda… y la han encontrado. El último caso fue muy patético, gracias a Dios que no soy rencoroso, porque pienso que la vida misma se encarga de contestar ciertas cosas.
¿Ha tenido que agradecer a otros?
He tenido muchísimas satisfacciones. Hay que sembrar, pero sin esperar, porque no tiene valor lo que hacemos si pasamos factura. La Madre Teresa decía que hay que hacer el bien hasta que duela. Yo lo viví eso en mi casa. Cuando a mi hermano Máximo y yo fuimos apresados cuando Trujillo, a mi casa no iba ni mi familia, pero hubo gente humilde que no dejó de ir nunca, marchantas, lavanderas que no dejaron de ir y trabajaban sin cobrar porque decían que mi casa era el único lugar donde se sentían gente por el trato que le daban. Le regalé su casa y mantengo todavía a Doña Nuna, la canastera. Esa señora metía en fundas pedazos de carne, arroz, y lo llevaba a mi casa, donde siempre se le trataba de Doña y se le sentaba en la mesa como los demás.
¿Cómo define el momento que vive la televisión local?
Muy dura. Aquí hay un descontrol en cuanto a canales de televisión. Ahí se han metido muchos grupos económicos y políticos. Y en el país no existe el suficiente poder de inversión publicitario para meterse en todos los medios, por lo que las colocaciones se hacen por enllavismo. A mi me protegen mis años, estoy bien posicionado en cuanto a audiencia y facturación, pero no es lo mismo que años atrás, cuando tú podía manejar un presupuesto con determinada publicitaria o un cliente te decía cuanto iba a invertir ese año y en base a eso jugabas porque sabías cuánto podíaa invertir. Ahora es lo comido por lo servido. Aunque aún tenemos clientes básicos que compran todo el año, no es lo mismo, hay mucha competencia.
¿Hay crisis de talento?
Al contrario. Yo fui padrino, con María Cristina Camilo, de la graduación número 39 de la Escuela Nacional de Locutores Otto Rivera y me encantó escuchar a tantos muchachos y muchachas con una dicción perfecta, niños con un desenvolvimiento tremendo. También hay mucho disparate, pero siempre los ha habido, pero en radio, televisión y teatro hay mucho talento incipiente. Lo que hace falta es un poco de apoyo y soporte oficial y privado, porque muchas veces los programas de televisión hechos por jóvenes, con criterio muy bonito, desaparecen por que no venden.
¿Imagina su vida sin la televisión?
A veces pienso que dentro de 15 o 20 años puedo ir tomando un descansito. Esto forma parte de mi metabolismo. Después de casi 46 años haciendo esto, ocurre algo parecido al mercatano...¡ese mal olor se pega!
"Esta oficina no es bonita", dice Freddy Beras Goico cuando la fotógrafa de mujer única trata de ubicar la mejor área para hacer su toma. No es cierto. Su espacio de trabajo se parece a esas casas de los viejos abuelos que atesoran artículos y recuerdos que cuentan su historia y aportan la calidez que por lo regular carece en los espacios modernos.
La entrevista discurre entre un ir y venir por los capítulos que componen su vida, destacando sus casi 46 años en la televisión, su capacidad para renovarse continuamente y el precio que ha tenido que pagar por la fama que un porcentaje de la sociedad se resiste a perdonarle.
¿Cómo se logra permanecer vigente tanto tiempo y parecer una figura nueva frecuentemente?
Estando al día. Yo leo, viajo, me informo y sobre todo delego, porque me doy cuenta de que con los años uno tiene que ir escuchando cosas nuevas. Me mantengo, además, porque me gusta mi negocio, mi trabajo. Cuenta mucho la disciplina, pero básicamente creo que la mejor explicación es que he tenido la suerte de caerle bien a mucha gente.
Su empresa se nutre de gente joven, ¿asunto de estrategia?
Combinamos la experiencia con la juventud. También es básico, el conocimiento de la idiosincrasia de nuestro país, algo por lo que han caído tantos programas, porque vienen genios de Europa y Estados Unidos y no conocen cómo en nuestro país, algo fundamental para saber hasta cómo manejar las cosas educativas. Tengo aquí a mi hijo Jean Carlo, y a un grupo joven que me ayuda mucho, que maneja todo. Yo superviso
¿Cuánto años en la televisión?
Yo entré a la televisión el 27 de febrero de 1959, cuando inauguraron Rahintel; voy a cumplir 46 años.
El 10 por ciento
La balanza se inclina más hacia la satisfacción, es la gran verdad. Intimamente y a nivel de público, digo que de cada 100 personas a 10 no le caigo bien, pero siempre hay sus razones. Hay personas a las que, sin darme cuenta, me le he metido por el medio. Un día un muchacho me dijo: "yo le tengo un odio del diablo a usted" cuando le pregunté por qué me dijo: "a mi me iban a comprar un motor y mi papá lo oyó una noche diciendo que el que le compraba un motor a su hijo chiquito era un sinvergüenza y yo quería salir esa noche a buscarlo para caerle a pedrá". El día que hice ese comentario ocurrió un accidente muy feo, con un muchachito de unos 12 años.
Víctor Víctoria proyectó a un Freddy Beras de una dimensión extraordinaria, ¿le sorprendió su propia entrega?
En casos como éstos, uno estudia el personaje. Me pasó con Víctor como con la película La Maldición del Padre Cardona: me habían hecho muchísimas ofertas pero no las había aceptado porque no me había sentido cómodo como con este personaje, que fue por escrito Félix Germán para mí hace muchos años. De esta película estamos hablando desde hace 10 años. Con Víctor Victoria, tuve a mi favor que conozco la obra, la vi dos veces en Estados Unidos y el personaje de Toby me encantaba.
¿El personaje enfrentó alguna dificultad?
Lo más difícil fue no caer en el clásico gay desfachatado que se hace en televisión. Toby es un tipo muy culto, amanerado. Yo estaba muy bien dirigido y me dejé llevar. Me gusta mucho escuchar y Verónica López es una excelente directora, una maquinita. Estaba también rodeado de actores profesionales de los que aprendí mucho. Toby, aunque es un personaje muy difícil, me encanta, así que no me fue difícil entrar en él, en su amaneramiento, los puntos donde yo podía explosionar más, cómo debía mantener el recato de este señor gay de 64 años y, además, ubicarme en la época, porque estamos hablando de los años 20, en París.
¿Esta obra le hizo pensar en las posibilidades que hubiera tenido de haberse desarrollado en países más avanzados?
Tal vez si hubiera crecido en otro ambiente con más facilidades hubiera estado en el cine o, quien sabe, retirado con algún viejo (ríe). Pero aquí hay que hacer muchas cosas, por eso no me dedico del todo al cine, que no deja.
No deja a nivel local…
A otros niveles los actores sólo hacen eso, porque es mucho trabajo. Pero he tenido muy buena crítica. Ahora mismo con la película La Maldición del Padre Cardona, cuando se presentó en Washington y Argentina, recibí muy buena crítica. A mi se me hace fácil desdoblarme y eso es muy importante en la actuación. Hay una escuela, la Stanislavsky, que te hace meter en el personaje antes de salir a escena; yo lo cojo desde mucho antes. En mi vida real, cuando hacía de Toby en Víctor Victoria, dejé de ser yo. A veces creía que estaba loco porque iba al baño y era Toby el que se bañaba, con sus cosas amaneradas. Además, he hecho más de 80 personajes diferentes para televisión, por eso la actuación no se me ha hecho difícil.
¿Víctor Victoria fue rentable?
Si, aunque fue una producción muy costosa. Nosotros en principio no la hicimos pensando en ganar. Cuando íbamos por 10 millones de pesos, dijimos: bueno, el asunto es no perder. Nos dejó la satisfacción de haber montado la obra por primera vez en español en el mundo y no perdimos dinero, que es lo más importante. Creo que tenemos dos presentaciones más, posiblemente el 2 y 3 de diciembre.
¿La Maldición del Padre Cardona lo lleva por primera vez al cine?
Yo había hecho pininos con Charityn, en Prohibido Amar en Nueva York, hace muchísimos años y juré no trabajar más películas, porque eso es más complicado que un pulpo masturbándose. Además, me había hecho pasar un 24 de diciembre en Nueva York solo, con una nevada del diablo, dando gritos viendo a Pavaroti cantar en la catedral con la coral de niños de Chicago. Todo por Elín (el esposo de Charityn) estar de tacaño. Es que debíamos grabar una escena situada en Nueva York, y él decidió hacerla en San Juan, Puerto Rico, en un nigth club y un penthouse y todo parecía perfecto hasta que revisó y advirtió que en la película sonaban seis millones de coquís. Tuvimos que viajar para repetir la escena.
¿Fue difícil lidiar con la actuación sin descuidar su empresa?
El cine es muy complicado. Cuando le dije que sí a Felix, con la Maldición del Padre Cardona tuve que organizar muchas cosas, en base a los días que tenía que estar en Constanza. Hubo días que no se pudo filmar por el clima; había que hacer unas tomas a las 5:00 de la mañana y a esa hora caía un aguacero. Para alguien que, como yo, que hace un programa diario, maneja una fundación y mil cosas más, es una complicación. Quizás dentro de 15 o 20 años más haga otra película.
¿Cómo define esta nueva experiencia?
Fabulosa. Yo me involucro mucho en lo que hago y cuando decido algo me gusta hacerlo bien. Soy puntual, me gusta oír, no ando con mojigatería de que yo soy fulano de tal y hay que buscarme tal cosa. Eso me encantó mucho de Zoe Saldaña ella, siendo la figura que es, se comportó como una tiguerita, comiendo lo que se cocinaba, muy buena comida y abundante, pero no respondía a caprichos de nadie.
¿Todo fluye tan bien como se aprecia en la pantalla?
Ocurren sus contratiempos. Una anécdota es que el 21 de noviembre de 2005, día de mi cumpleaños, estábamos filmando en Constanza a las 2:00 de la madrugada. Lloviznaba. Yo estaba vestido de diablo y Zoe Saldaña de vampiresa y esa noche se me rompió la rodilla porque metí el pie en la raíz de un pino. Me tuvieron que operar en Estados Unidos.
¿El pueblo de Constanza no asumió la película como una blasfemia?
Ellos estaban contentos porque se beneficiaron. Se contrataron muchísimos extras a los que se pagó, fue una fiesta, todo el mundo hacía algo, en el parque, poniendo las sillas, en la iglesia, las procesiones, todo se hacía con la gente del pueblo que colaboró muchísimo. Cuando se pedía silencio o cuando se decía "hay que salir corriendo" lo hacía espontáneamente. Fue una experiencia. Todo el mundo estaba feliz. Si no hubiera existido ese trabajo de equipo y colaboración no se hubiera podido hacer. Por eso, como en Constanza no hay cine, se va a montar una pantalla especial para transmitirla.
¿Cree que esta película trascienda internacionalmente?
La Maldición del Padre Cardona fue hecha con ese propósito. Felix fue muy inteligente, porque para que nuestro cine se coloque en las salas internacionales sin que deje de ser una temática nuestra, pero hay que manejarlo con criterio internacional. Nos ayudó mucho la presencia de Anthony Álvarez, que nos abre las puertas de México y países como Argentina y Brasil. Creo que es la primera película hecha con criterio internacional. La filmación de esta película fue un trabajo maravilloso. Tengo entendido que es lo más profesional que se ha hecho, en cuanto a sonido, imágenes y nos ayudó mucho el ambiente, esa escenografía natural de Constanza. No hubo nada puesto, todo era natural. La casa de don Elidio Alba, es la casa con todo, la habichuela con dulce fue otra experiencia. Esa escena hubo que repetirla y tuvimos que truquear al comer la habichuela…¡buena que estaba la maldita! Era un tanque de habichuela, de ahí comió el pueblo.
¿Es difícil dejarse dirigir tras décadas dirigiendo a otros?
Desde pequeño tuve la tendencia de tener amigos más viejos. Me encanta y es común en la oficina sentarnos un día a comer con el personal, con la señora que sirve el café, oír lo qué dicen en su barrio de los programas. En cuanto a que me dirijan, soy muy dócil.
¿Qué actitud asume cuando la crítica no le favorece?
Siempre he dicho que la crítica bien intencionada es el mejor nutriente que tu puedes tener, incluso cuando te critican de "mala leche", puedes sacar beneficio. A veces no sabes donde están ubicados los francotiradores. Pero soy analítico, cuando me hacen una crítica y la reconozco me voy por ahí, en seguida saco la pata y hasta lo digo.
Sin embargo, aún explota de vez en cuando en televisión.
Lo que pasa es que la gente muchas veces no sabe lo que uno ha pasado en el día. Hace unos días, cuando llegué a la oficina con un cúmulo de tensiones, encontré a una mujer durmiendo debajo del plafón donde yo guardo mi vehículo. Ella, que dormía con un niño hidrocefálico en los brazos, al verme se excusa. Había venido el día anterior de Azua. Eso me mató. Por suerte aquí hay un santo varón que se llama Antonio Cruz Jiminián al que hay que hacerle una estatua y quitar a dos o tres próceres que no hicieron nada para ponerlos. Ese día también había atendido otras cosas: un primo, Radhamés García, que viene de Cedimat, de llevar una niña de Bonao, muriéndose, la mamá era donante de un riñón pero hacían falta 150 mil pesos. Cuando a ti se te mete ese cúmulo de cosas, es como que te van soplando impotencia. Uno sabe que se pueden hacer las cosas, pero sencillamente no se hacen. Y llega un momento en que explotas, estallas por cualquier cosa, por los abusos, por la falta de energía, por la indiferencia absoluta. No es el propósito, yo me he corregido mucho, por mi mujer y mis amigos. No seré indiferente a estas cosas, pero trataré de hacerlo de otro manera, porque yo no puedo resolverlo todo. Ahí tengo el caso de dos niños con problemas del corazón que son muy costosos. Aquí hay cosas que se pueden hacer. ¡Si no se robara tanto!
¿La sociedad le ha perdonado el éxito?
Algunos sí. Yo tengo un libro en ciernes que se llama "Se prohibe triunfar". Lo que pasa es que cuando te abres tu propio espacio sin depender de ningún grupo, tienes mucha más simpatías pero tienes enemigos más fuertes. En estos días me contaba un grupo de jóvenes de una universidad que una profesora de Derecho les dijo que cuando yo digo cosas del gobierno es porque yo le he pedido cosas que no me dan y entonces exploto. ¡Una profesora de Derecho les dice eso a sus alumnos! Un joven dentro del grupo, que está vivo por mi, pero que yo no conocía, le preguntó que si ella me conocía y contestó que no. Yo no la culpo, este medio es muy asqueroso. Incluso aquí hay gente enganchados a periodistas, que se mete a la televisión solamente en busca de eso.
¿Lo han tentado con ofertas?
A mi me han ofrecido la vicepresidencia, me han ofrecido de todo, millones de veces, y soy yo quien ha rechazado cosas del gobierno porque no me interesa nada de eso. Eso le mandé a decir a esa profesora que, por cierto, me dicen que es malísima.
Pero entre el amor y el odio, ¿hacia donde se inclina la balanza?
La verdad es que uno tiene más apoyo público que enemigos. Aunque hace un mes y pico que llamó una señora al programa y dijo en el aire que yo habl mucho de mi seriedad pero en noviembre llevaron un niño allá con un problema en el esófago y una señora mandó un cheque de 40 mil pesos y yo nunca había dicho qué había hecho con ese dinero. Le dije que le contestaba al otro día, porque no tenía la respuesta en ese momento. Investigué, y a ese niño el doctor le hizo un procedimiento y decidió esperar a ver si se evitaba la cirugía. El cheque quedó en reserva esperando la llamada del médico. No hubo necesidad de usarlo, permanecía intacto. Dos días después de eso llevaron el caso de un niño que se estaba muriendo en la Plaza de la Salud. Yo llamé a la señora que envió el cheque, le planteé la situación y ella dijo no había problema, que ese cheque era para usarlo. Sirvió para salvar a esa otra vida. La persona que llamó al programa llegó aquí, se arrodilló y me dijo: "¡Perdóneme para que Dios me perdone!". Cuando le pregunté ¿Quién es usted? me dijo: "yo fui la que llamé al programa por el cheque". La gente vive acechando, sobre todo en el sector político, debo haberle dañado algún plan. Pero yo no cambio mi línea. Uno nace para algo.
¿Hasta dónde han llegado sus adversarios?
Yo he tenido que aguantar mucho. Gente apostando que todo mi trabajo es porque ando atrás de un cargo público, tengo en banco una cantidad de cosas que me han enviado. Recuerdo en 1986 me hicieron una campaña por si yo me iba con Jacobo Majluta. Pasquines, llamadas telefónicas, amenazas de secuestro, se me acusó de estupro, abortos en mi familia, drogas. Por, al ver el comportamiento de muchos humanos, creo que Dios no creó el mundo y si lo hizo estaba borracho.
Pero se altera la paz…
Hay una anécdota relacionada con la semántica. Cuando estábamos en El Gordo de la Semana y Jean Carlos estaba pequeño, mi esposa al levantarse le pregunta al guardián por el niño y él le dice: "se fue con su papá". En esos días me habían tiroteado la casa. Yo había hecho unas denuncias de drogas y se armó un lío grandísimo. Como a las doce menos diez mi mujer me llama y me pregunta que si me voy a quedar con Jean Carlo. Se armó una discusión: Yo: ¿de qué Jean Carlos me hablas?. Ella: ¡mira Freddy Beras, tú relajas con todo pero…! Yo: ¡Que yo no ando con Jean Carlo! Yo arranqué y creo que en menos de un minuto estaba en mi casa. Encontré a mi mujer llorando, pero tranquila. Resulta que el guardián le había dicho "con su papá", pero con "su papá de ella". Yo le grité al guardían ¡C…aprenda semántica! Y él me respondió ¿Qué es eso? Ahora reímos, pero lloramos muchísimo. Cuando ella se acuerda de eso se le aguan los ojos.
¿A qué le teme?
Le tengo terror a hacer daño. He vivido y visto cosas en esta oficina, a gente que ha querido hacerme daño y las he visto entrar con sus niños muriéndose en los brazos, buscando ayuda… y la han encontrado. El último caso fue muy patético, gracias a Dios que no soy rencoroso, porque pienso que la vida misma se encarga de contestar ciertas cosas.
¿Ha tenido que agradecer a otros?
He tenido muchísimas satisfacciones. Hay que sembrar, pero sin esperar, porque no tiene valor lo que hacemos si pasamos factura. La Madre Teresa decía que hay que hacer el bien hasta que duela. Yo lo viví eso en mi casa. Cuando a mi hermano Máximo y yo fuimos apresados cuando Trujillo, a mi casa no iba ni mi familia, pero hubo gente humilde que no dejó de ir nunca, marchantas, lavanderas que no dejaron de ir y trabajaban sin cobrar porque decían que mi casa era el único lugar donde se sentían gente por el trato que le daban. Le regalé su casa y mantengo todavía a Doña Nuna, la canastera. Esa señora metía en fundas pedazos de carne, arroz, y lo llevaba a mi casa, donde siempre se le trataba de Doña y se le sentaba en la mesa como los demás.
¿Cómo define el momento que vive la televisión local?
Muy dura. Aquí hay un descontrol en cuanto a canales de televisión. Ahí se han metido muchos grupos económicos y políticos. Y en el país no existe el suficiente poder de inversión publicitario para meterse en todos los medios, por lo que las colocaciones se hacen por enllavismo. A mi me protegen mis años, estoy bien posicionado en cuanto a audiencia y facturación, pero no es lo mismo que años atrás, cuando tú podía manejar un presupuesto con determinada publicitaria o un cliente te decía cuanto iba a invertir ese año y en base a eso jugabas porque sabías cuánto podíaa invertir. Ahora es lo comido por lo servido. Aunque aún tenemos clientes básicos que compran todo el año, no es lo mismo, hay mucha competencia.
¿Hay crisis de talento?
Al contrario. Yo fui padrino, con María Cristina Camilo, de la graduación número 39 de la Escuela Nacional de Locutores Otto Rivera y me encantó escuchar a tantos muchachos y muchachas con una dicción perfecta, niños con un desenvolvimiento tremendo. También hay mucho disparate, pero siempre los ha habido, pero en radio, televisión y teatro hay mucho talento incipiente. Lo que hace falta es un poco de apoyo y soporte oficial y privado, porque muchas veces los programas de televisión hechos por jóvenes, con criterio muy bonito, desaparecen por que no venden.
¿Imagina su vida sin la televisión?
A veces pienso que dentro de 15 o 20 años puedo ir tomando un descansito. Esto forma parte de mi metabolismo. Después de casi 46 años haciendo esto, ocurre algo parecido al mercatano...¡ese mal olor se pega!
Diario Libre
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