El complejo de inferioridad
El problema principal surge como consecuencia de su falta de adaptación al medio social que lo rodea.

Los complejos son conflictos psicológicos inconscientes, es decir, conflictos que permanecen fuera del campo de la conciencia, en el llamado inconsciente o también subconsciente, por lo que la persona que los padece no se da cuenta de que estos existen.
Cuando se produce un conflicto psíquico, hay personas que, al no ser capaces de elaborarlo y asimilarlo psicológicamente de forma adecuada, tienden a rechazarlo por el denominado mecanismo de represión fuera de la conciencia, hasta el inconsciente. Se trata de personas con una personalidad débil.
En un momento dado, muchas personas pueden sentirse inferiores, lo que no significa que se tenga un complejo de inferioridad.
Cuando decimos que alguien tiene complejo de inferioridad, nos referimos a una persona que se siente inferior ante los demás de un modo más o menos permanente, no sólo en determinadas situaciones en las que su sensación de inferioridad puede deberse a algún motivo circunstancial, pasajero.
Un complejo de inferioridad es algo más complicado, las personas que lo padecen son sujetos que, aún sintiéndose profundamente inferiores a los demás en uno o en varios aspectos, no son capaces de admitirlo y rechazan la idea de su inferioridad, desplazándola desde al espera de lo consciente a la del inconsciente, donde permanece la mayor parte del tiempo para volver al mundo consciente de forma más o menos frecuente.
Para que se establezca un sentimiento o complejo de inferioridad no es necesario que la persona tenga un defecto real, sino tan sólo que crea tenerlo. Con frecuencia, la causa es que en alguna ocasión se sintió rechazado por los demás y pensó, acertadamente o no, que se estaban burlando de él y tal experiencia marcó decisivamente su personalidad.
Los defectos se suelen adscribir a uno de estos tres ámbitos fundamentales:
El terreno físico (defecto corporal, fealdad, obesidad, color, estatura demasiado baja o alta, impotencia sexual, características propias del sexo contrario, etcétera)
El terreno intelectual (inteligencia mediocre, poca educación…).
El terreno social (falta de simpatía, desconocimiento de normas de cortesía, procedencia de un nivel social más modesto, nacimiento ilegítimo, poca facilidad de palabra, familia que provoca vergüenza, etcétera).
Los sentimientos de inferioridad pueden provocar inhibición y retraimiento, dando lugar a que se vaya constituyendo una personalidad tímida e insegura, dentro de un marco de escasa actividad social.
Sin embargo, si el complejo de inferioridad no es demasiado intenso puede llegar a estimular el afán de superación desde la misma infancia. Utilizando el recurso de compensación psicológica, cuando alguien se siente inferior puede optar por la "resignación", lo que da lugar a una actitud de modestia y timidez exagerada, inseguridad e inhibición, actuando como si se disculpara constantemente por el mero hecho de su presencia. Pero sino se resigna, intenta compensar su defecto de tres modos que no se excluyen totalmente entre sí y que serían las "compensaciones psicológicas".
Las compensaciones denominadas de "primer" grado consistirían en intentar disminuir o suprimir el defecto o sus consecuencias.
Por ejemplo, una persona que se sienta inferior por considerarse demasiado obesa, intentaría adelgazar y cuidar su aspecto externo para resultar más atractiva, o utilizaría ropas que disimularán un poco su obesidad.
Vía de compensación. Las compensaciones de "segundo" grado consisten en intentar compensar el presunto defecto destacándose en un plano diferente, como es el caso del niño que saca malas notas en el colegio y lo intenta compensar siendo un gran deportista. Por último, están las de "tercer" grado, con las que se intenta adoptar un falso sentimiento de superioridad que sirva para ocultar el problema de fondo ante uno mismo y ante los demás.
Cuando el individuo adopta el sentimiento de superioridad como vía de compensación, se muestra altanero, presuntuoso, arrogante, inflexible y vanidoso, aparentando a simple vista su complejo de superioridad. Se muestra indiferente ante las actitudes y las opiniones de los demás, pero en realidad es muy susceptible ante las mismas , ya que hieren fácilmente su sensibilidad, influyendo notablemente sobre su exagerada necesidad de autoestima. Se forja una imagen idealizada de si mismo mediante la cual pretende demostrar su supremacía sobre los demás y ocultar el profundo desprecio hacia si mismo. Éste sería el genuino complejo de inferioridad.
El problema principal surge como consecuencia de su falta de adaptación al medio social que lo rodea, ya que entre fracasos o críticas severas de los demás, se rompe este esquema compensatorio y surge de nuevo la inferioridad de fondo, lo que constituye una intensa fuente de angustia y sufrimiento, que imposibilita el amor y las relaciones interpersonales francas y sinceras.
El tratamiento de los sentimientos y complejos de inferioridad se realiza mediante psicoterapia individual que ayude al sujeto a comprender mejor el origen del problema y a desmontar los mecanismos psicológicos que lo refuerzan, conociéndose mejor a si mismo, a la vez que se van ofreciendo nuevas pautas de autoevaluación y de comportamiento.
Cuando se produce un conflicto psíquico, hay personas que, al no ser capaces de elaborarlo y asimilarlo psicológicamente de forma adecuada, tienden a rechazarlo por el denominado mecanismo de represión fuera de la conciencia, hasta el inconsciente. Se trata de personas con una personalidad débil.
En un momento dado, muchas personas pueden sentirse inferiores, lo que no significa que se tenga un complejo de inferioridad.
Cuando decimos que alguien tiene complejo de inferioridad, nos referimos a una persona que se siente inferior ante los demás de un modo más o menos permanente, no sólo en determinadas situaciones en las que su sensación de inferioridad puede deberse a algún motivo circunstancial, pasajero.
Un complejo de inferioridad es algo más complicado, las personas que lo padecen son sujetos que, aún sintiéndose profundamente inferiores a los demás en uno o en varios aspectos, no son capaces de admitirlo y rechazan la idea de su inferioridad, desplazándola desde al espera de lo consciente a la del inconsciente, donde permanece la mayor parte del tiempo para volver al mundo consciente de forma más o menos frecuente.
Para que se establezca un sentimiento o complejo de inferioridad no es necesario que la persona tenga un defecto real, sino tan sólo que crea tenerlo. Con frecuencia, la causa es que en alguna ocasión se sintió rechazado por los demás y pensó, acertadamente o no, que se estaban burlando de él y tal experiencia marcó decisivamente su personalidad.
Los defectos se suelen adscribir a uno de estos tres ámbitos fundamentales:
El terreno físico (defecto corporal, fealdad, obesidad, color, estatura demasiado baja o alta, impotencia sexual, características propias del sexo contrario, etcétera)
El terreno intelectual (inteligencia mediocre, poca educación…).
El terreno social (falta de simpatía, desconocimiento de normas de cortesía, procedencia de un nivel social más modesto, nacimiento ilegítimo, poca facilidad de palabra, familia que provoca vergüenza, etcétera).
Los sentimientos de inferioridad pueden provocar inhibición y retraimiento, dando lugar a que se vaya constituyendo una personalidad tímida e insegura, dentro de un marco de escasa actividad social.
Sin embargo, si el complejo de inferioridad no es demasiado intenso puede llegar a estimular el afán de superación desde la misma infancia. Utilizando el recurso de compensación psicológica, cuando alguien se siente inferior puede optar por la "resignación", lo que da lugar a una actitud de modestia y timidez exagerada, inseguridad e inhibición, actuando como si se disculpara constantemente por el mero hecho de su presencia. Pero sino se resigna, intenta compensar su defecto de tres modos que no se excluyen totalmente entre sí y que serían las "compensaciones psicológicas".
Las compensaciones denominadas de "primer" grado consistirían en intentar disminuir o suprimir el defecto o sus consecuencias.
Por ejemplo, una persona que se sienta inferior por considerarse demasiado obesa, intentaría adelgazar y cuidar su aspecto externo para resultar más atractiva, o utilizaría ropas que disimularán un poco su obesidad.
Vía de compensación. Las compensaciones de "segundo" grado consisten en intentar compensar el presunto defecto destacándose en un plano diferente, como es el caso del niño que saca malas notas en el colegio y lo intenta compensar siendo un gran deportista. Por último, están las de "tercer" grado, con las que se intenta adoptar un falso sentimiento de superioridad que sirva para ocultar el problema de fondo ante uno mismo y ante los demás.
Cuando el individuo adopta el sentimiento de superioridad como vía de compensación, se muestra altanero, presuntuoso, arrogante, inflexible y vanidoso, aparentando a simple vista su complejo de superioridad. Se muestra indiferente ante las actitudes y las opiniones de los demás, pero en realidad es muy susceptible ante las mismas , ya que hieren fácilmente su sensibilidad, influyendo notablemente sobre su exagerada necesidad de autoestima. Se forja una imagen idealizada de si mismo mediante la cual pretende demostrar su supremacía sobre los demás y ocultar el profundo desprecio hacia si mismo. Éste sería el genuino complejo de inferioridad.
El problema principal surge como consecuencia de su falta de adaptación al medio social que lo rodea, ya que entre fracasos o críticas severas de los demás, se rompe este esquema compensatorio y surge de nuevo la inferioridad de fondo, lo que constituye una intensa fuente de angustia y sufrimiento, que imposibilita el amor y las relaciones interpersonales francas y sinceras.
El tratamiento de los sentimientos y complejos de inferioridad se realiza mediante psicoterapia individual que ayude al sujeto a comprender mejor el origen del problema y a desmontar los mecanismos psicológicos que lo refuerzan, conociéndose mejor a si mismo, a la vez que se van ofreciendo nuevas pautas de autoevaluación y de comportamiento.
Diario Libre
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