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"El dictador": la farsa en gloria y majestad

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El dictador: la farsa en gloria y majestad
Sacha Baron Cohen en una de las actividades promocionales de su película en Estados Unidos.

SANTO DOMINGO. No hay duda de que Sacha Baron Cohen es un comediante arriesgado. Primero deslumbró al mundo con la hilarante e irreverente comedia "Borat" (2006), ahora, con la película "El dictador" se atreve a emular nada menos que a Charles Chaplin y su filme "El gran dictador" (1940), obligada referencia fílmica, por tema y enfoque.

Podría decirse incluso que ambas producciones están hermanadas por la visión ridícula de las formas que adquiere el poder omnímodo. Aquí, el alto y delgado actor inglés personifica a un tirano megalómano, con características de asesino en serie, que somete a los habitantes de su reino petrolero a sus estrambóticos caprichos.

La farsa como arma

Varios son los personajes que ha desarrollado Baron Cohen para el formato llamado 'stand up comedy', pero sin dudas Borat, el estrafalario periodista de Kazajistán, es hasta ahora su mayor acierto, tanto en teatro, televisión y cine. Con ese personaje, llevó al límite las posibilidades dramáticas de la farsa, sub género de la comedia, que se caracteriza por mostrar hechos exagerando la realidad, con la intención de que el público capte determinadas situaciones sociales y adquiera una perspectiva crítica.

Con "El dictador" se replica el modelo, esta vez con el personaje Aladeen, una versión condensada y caricaturesca de los dictadores del mundo árabe.

Un guión muy político

Se nos cuenta la historia de su regia majestad Aladeen y de cómo su traicionero tío Tamir logra quitarle el poder. Para recuperarlo, deberá convivir con una realidad muy diferente a la suya, que en cierta medida lo sacude y transforma. La alta y la baja política son puestas en cuestión a lo largo de un relato cargado por completo a la ironía y los desencuentros culturales. Si bien hay referencias a múltiples prejuicios raciales y de género, no son pocos los malabares que hacen los guionistas para evitar caer en los espinudos temas religiosos, quizás como una forma de proteger la distribución internacional de la película. En otras palabras, es un filme políticamente correcto en estos momentos. En cuanto a su intención moralista, el relato logra su mayor altura cuando Aladeen compara dictadura oriental y democracia occidental.

El unipersonal

Los comediantes que provienen del teatro ligero y llegan al cine tienen paradojalmente en contra su propio éxito. Sus personajes son tan sólidos que todo gira en torno a ellos y están en casi todas las escenas de una película. Pero en una sala de cine, pasada la hora, pueden resultar tediosos y hasta cansones. Así y todo, Baron Cohen y el director Larry Charles se las arreglan para que el filme no decaiga del todo.

Otro aspecto que ha jugado en contra son las altas expectativas generadas por la anterior producción de esta dupla; pero Borat tiene el encanto de la inocencia, Aladeen es su opuesto, mas no logra superarlo. Sin embargo, Baron Cohen se la juega a fondo con esta comedia, llegando a hacer suyos los versos del insigne Joan Manuel, porque no cabe duda que "Entre esos tipos y yo hay algo personal".

Recomendable para reír de buena gana con las miserias humanas que provocan las dictaduras de cualquier laya.

Ficha técnica

The Dictator. EE.UU. 2012. 83 minutos.

Dirección: Larry Charles

Guión: Sacha Baron Cohen,Alec Berg,David Mandel, Jeff Schaffer.

Música: Erran Baron Cohen

Fotografía: Lawrence Sher

Intérpretes:

Sacha Baron Cohen

Sayed Badreya

Adeel Akhtar

Horatio Sanz

Ben Kingsley

Jason Mantzoukas

Anna Faris