El disfrute de un whisky escocés de malta

Quiero un trago, dame un whisky, un escocés a la roca, un whisky con agua..." son algunas de las maneras de exigir esta bebida famosa y oriunda de Escocia desde el siglo V. Y hoy en día, tantas generaciones después, si quieren tener un momento agradable, relajante, sabroso y con aromas tan complejos como un buen vino, abra esa botella de whisky escocés de malta, sírvalo en un vaso corto sobre hielo y disfrute a plenitud este trago tan especial.
El whisky, en realidad, es destilado en casi todas partes del mundo, pero para llamarlo scotch o escocés es obligatorio haber sido destilado en Escocia. Se dice que el proceso fue llevado a Escocia por San Patricio en el siglo V.
Igualmente, desde Escocia hay dos tipos específicos de whisky: el primero es el blended (o ligado), el cual consiste en una mezcla de granos y maltas añejados de 3 a 12 años –y en algunos casos aún de más–. Ejemplos de este whisky en el país son marcas bastante conocidas como Dewars, Johnnie Walker Etiqueta Roja, J&B, etc.
Pero también existen esos finos whiskies de malta como Glenfiddich y Balvenie, que llevan un mínimo de 8 años de añejamiento en barrica, cuidadosamente elaborados por un maestro que guarda celosamente su fórmula, utilizando para estos fines las mejores aguas y la mejor cebada.
El whisky de malta Glenfiddich es una verdadera experiencia a la hora de degustar el whisky escocés. Con sutil aroma de manzanas y peras terminando con sabores de nueces tostadas, este trago nos relaja tan sólo con su aroma. Si su presupuesto se lo permite, este whisky está disponible hasta con más de 30 años de añejamiento. Su sabor se suaviza con el tiempo pero su costo se intensifica.
Los whiskies de Escocia son muy especiales debido a la tierra fértil, aguas purificadas, aire puro y el talento del escocés para mezclar los elementos de esta bebida que es el trago típico tanto de reyes y presidentes como del hombre más común en casi toda la tierra.
La marca Balvenie, base para muchos whiskies escoceses de renombre, fue fundada en 1890 por William Grant y está ubicada cerca de su destilería Glenfiddich. El resultado es un whisky ligeramente dulce, un poco más rico en sabor y, a la vez, más suave.
Incuestionablemente, la bebida que más se acerca a un vino es el whisky de malta. Hay que apreciarlo primero en la nariz, captando sus dinámicos aromas, y luego en la boca, saboreando los sutiles sabores de malta, madera y edad. ¡A su salud!
El whisky, en realidad, es destilado en casi todas partes del mundo, pero para llamarlo scotch o escocés es obligatorio haber sido destilado en Escocia. Se dice que el proceso fue llevado a Escocia por San Patricio en el siglo V.
Igualmente, desde Escocia hay dos tipos específicos de whisky: el primero es el blended (o ligado), el cual consiste en una mezcla de granos y maltas añejados de 3 a 12 años –y en algunos casos aún de más–. Ejemplos de este whisky en el país son marcas bastante conocidas como Dewars, Johnnie Walker Etiqueta Roja, J&B, etc.
Pero también existen esos finos whiskies de malta como Glenfiddich y Balvenie, que llevan un mínimo de 8 años de añejamiento en barrica, cuidadosamente elaborados por un maestro que guarda celosamente su fórmula, utilizando para estos fines las mejores aguas y la mejor cebada.
El whisky de malta Glenfiddich es una verdadera experiencia a la hora de degustar el whisky escocés. Con sutil aroma de manzanas y peras terminando con sabores de nueces tostadas, este trago nos relaja tan sólo con su aroma. Si su presupuesto se lo permite, este whisky está disponible hasta con más de 30 años de añejamiento. Su sabor se suaviza con el tiempo pero su costo se intensifica.
Los whiskies de Escocia son muy especiales debido a la tierra fértil, aguas purificadas, aire puro y el talento del escocés para mezclar los elementos de esta bebida que es el trago típico tanto de reyes y presidentes como del hombre más común en casi toda la tierra.
La marca Balvenie, base para muchos whiskies escoceses de renombre, fue fundada en 1890 por William Grant y está ubicada cerca de su destilería Glenfiddich. El resultado es un whisky ligeramente dulce, un poco más rico en sabor y, a la vez, más suave.
Incuestionablemente, la bebida que más se acerca a un vino es el whisky de malta. Hay que apreciarlo primero en la nariz, captando sus dinámicos aromas, y luego en la boca, saboreando los sutiles sabores de malta, madera y edad. ¡A su salud!
Diario Libre
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