El gordo y el flaco
Las personas que "no se pueden quedar quietas" pueden tener en su mano la clave de la delgadez ya que los pequeños movimientos constantes pueden marcar la diferencia entre ser gordo o flaco

Washington. Cualquier movimiento, al parecer, vale para quemar las calorías de más alojadas en el cuerpo: caminar a la parada de autobús, ponerse de pie a estirar los músculos y hasta saltar del sillón para cambiar de canal en vez de recurrir al control remoto.
Los constantes movimientos que realizan los delgados, por muy pequeños o efímeros que sean, les ayudan a quemar alrededor de 350 calorías adicionales al día.
Esto tiene un valor matemático de consideración porque, al cabo del año, el monto total de calorías gastadas podría equivaler a entre 4,5 y 13 kilos de peso.
Se trata del estudio más detallado hasta la fecha sobre el efecto que tienen en el cuerpo humano los movimientos más mundanos y que normalmente pasan desapercibidos.
Su conclusión – publicado en la revista "Science"- puede servir de consuelo para quienes no pueden o no tienen la voluntad ni el tiempo para someterse a un riguroso régimen de ejercicios, como recomiendan los médicos.
Según los investigadores, los obesos son más propensos a la inactividad, ya que tienden a pasar al menos dos horas al días en completa quietud, en tanto que los delgados, como si les hubieran dada una cuerda interminable, "no puede estarse quietos".
"Existen unas diferencias absolutamente pasmosas entre los
delgados y los gordos. El efecto de esta mínima pero constante actividad es tan sustancial que ésta podría, en sí sola, explicar el por qué de la obesidad", dijo James Levine, de la Clínica Mayo y principal investigador del estudio.
El estudio. Como parte de su investigación, Levine desarrolló un ingenioso sistema con sensores en prendas especiales que llevaban los participantes, diez hombres y diez mujeres, a fin de detectar los movimientos más mínimos. Divididos entre gordos y flacos, los participantes fueron sometidos a diario a un escrutinio riguroso sobre su dieta y actividad física, cuyos datos fueron analizados por los investigadores.
Levine descubrió que las personas aparentemente "nacen" propensas a ser inquietas o calmadas, lo que podría indicar que los gorditos necesitarían de mayores incentivos para abandonar una vida sedentaria.
Eso resulta difícil en una sociedad de consumo como la de Estados Unidos, en la que se venden o inventan artefactos para minimizar esfuerzos: con la ayuda de un control remoto, prácticamente se pueden programar todo tipo de tareas en la oficina y en el hogar.
Pero Levine asegura que no todo está perdido para quienes perder peso resulta descomunal, aun si existe un infortunio genético o composición especial de la química cerebral que predisponga a las personas a una vida sedentaria.
Es decir, "hay un rayo de esperanza... aunque se requerirá una estrategia de amplio alcance para alterar el ambiente en que vivimos, para retomar la actividad física y adelgazar", comentó Levine.
Los constantes movimientos que realizan los delgados, por muy pequeños o efímeros que sean, les ayudan a quemar alrededor de 350 calorías adicionales al día.
Esto tiene un valor matemático de consideración porque, al cabo del año, el monto total de calorías gastadas podría equivaler a entre 4,5 y 13 kilos de peso.
Se trata del estudio más detallado hasta la fecha sobre el efecto que tienen en el cuerpo humano los movimientos más mundanos y que normalmente pasan desapercibidos.
Su conclusión – publicado en la revista "Science"- puede servir de consuelo para quienes no pueden o no tienen la voluntad ni el tiempo para someterse a un riguroso régimen de ejercicios, como recomiendan los médicos.
Según los investigadores, los obesos son más propensos a la inactividad, ya que tienden a pasar al menos dos horas al días en completa quietud, en tanto que los delgados, como si les hubieran dada una cuerda interminable, "no puede estarse quietos".
"Existen unas diferencias absolutamente pasmosas entre los
delgados y los gordos. El efecto de esta mínima pero constante actividad es tan sustancial que ésta podría, en sí sola, explicar el por qué de la obesidad", dijo James Levine, de la Clínica Mayo y principal investigador del estudio.
El estudio. Como parte de su investigación, Levine desarrolló un ingenioso sistema con sensores en prendas especiales que llevaban los participantes, diez hombres y diez mujeres, a fin de detectar los movimientos más mínimos. Divididos entre gordos y flacos, los participantes fueron sometidos a diario a un escrutinio riguroso sobre su dieta y actividad física, cuyos datos fueron analizados por los investigadores.
Levine descubrió que las personas aparentemente "nacen" propensas a ser inquietas o calmadas, lo que podría indicar que los gorditos necesitarían de mayores incentivos para abandonar una vida sedentaria.
Eso resulta difícil en una sociedad de consumo como la de Estados Unidos, en la que se venden o inventan artefactos para minimizar esfuerzos: con la ayuda de un control remoto, prácticamente se pueden programar todo tipo de tareas en la oficina y en el hogar.
Pero Levine asegura que no todo está perdido para quienes perder peso resulta descomunal, aun si existe un infortunio genético o composición especial de la química cerebral que predisponga a las personas a una vida sedentaria.
Es decir, "hay un rayo de esperanza... aunque se requerirá una estrategia de amplio alcance para alterar el ambiente en que vivimos, para retomar la actividad física y adelgazar", comentó Levine.
Diario Libre
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