El gran cóndor o la nieve parecían inmóviles
Congresos. Simón Guerrero asiste a tres congresos relacionados con la vida animal, que se efectúan en Sao Paulo (Brasil)

SAO PAULO, BRASIL. La primera vez que oí hablar del cóndor de los Andes, hace ya muchos años, fue en este verso del "Canto General" de Pablo Neruda. No es de extrañar, pues cuando el recorrido es auténtico, se llega siempre a la conservación desde la poesía. El primer interés por la naturaleza surge siempre de la emoción que nos produce un paisaje, una golondrina o una flor. "Poesía de la verdad", la llamaba el Premio Nóbel austríaco Karl Von Frisch, especialista en el comportamiento de las abejas.
Asisto a tres congresos simultáneos en Sao Paulo, Brasil: el XXXI de la Sociedad de Zoológicos Brasileños, el XIV de la Asociación Latinoamericana de Parques Zoológicos y Acuarios y el XII de la Asociación Brasileña de Veterinarios de Animales Salvajes. El título del encuentro es aglutinante y esperanzador: "Todos pela Conservação" (Todos por la Conservación). Me complace compartir con colegas latinoamericanos en un ambiente en el que predominan las lenguas latinas, en primera línea el portugués brasilero, una lengua que parece, como Platero, "toda de algodón, que no lleva huesos". Es un idioma tan musical, que prefiere, para evitar sonidos discordantes, separar con una "i" ciertas consonantes dobles (en vez de fútbol dicen futibol), antes que sacrificar su melodiosa dulzura invertebrada.
La conferencia magistral de la inauguración del congreso estuvo a cargo de Luis Jacome, Gerente Técnico del Zoológico de Buenos Aires, y trató sobre el proyecto continental que dirige para salvar al Cóndor de los Andes, la más grande ave voladora del mundo, abundante hace unos siglos, pero ya extinta en algunos países de la región y con poblaciones muy disminuidas en otros.
Los primeros colonos europeos mataban los cóndores porque creían que eran una amenaza para sus animales de granja, cuando en realidad sólo comen animales muertos, contribuyendo así a sanear los ecosistemas en que viven. Además de la cacería injustificada y absurda, el Cóndor ha sido victima de la destrucción y deterioro de sus ambientes primigenios. Su biología reproductiva tampoco lo ayuda mucho: pone un solo huevo cada dos o tres años, que el macho y la hembra incuban por turnos, pues como sucede casi siempre con los buitres, la relación conyugal es monogámica (macho y hembra se aparean de por vida).
Este apasionante proyecto tiene varias vertientes. Un componente de conservación In Situ (ambiente natural del animal) que estudia todo lo relativo a los ecosistemas en que estos animales viven todavía o vivieron en el pasado, estudia la dinámica de sus poblaciones y le da seguimiento a los individuos liberados en la zona, para aumentar sus probabilidades de supervivencia. También trabaja con las comunidades que viven en las áreas donde se reintroducen los cóndores, lo cual resulta fácil, pues se trata de culturas que con actitudes favorables a estas aves prodigiosas que ellos ven como un vínculo entre el hombre y los dioses.
El componente Ex Situ (fuera del ambiente natural), funciona en el Zoológico de Buenos Aires, que incluye toda la parte que tiene que ver con la reproducción en cautiverio, incubación artificial, cría a mano de los polluelos, entrenamiento para que se adapten a la vida silvestre y el cuidado y recuperación de los ejemplares silvestres que llegan heridos al centro. Para evitar que los ejemplares criados a manos se apeguen a las personas y no les tengan miedo luego, dos conductas que dificultarían su reinserción al estado salvaje, los polluelos son alimentados por títeres que simulan cabezas de cóndores y que los encargados colocan en sus manos para alimentarlos sin que los polluelos los vean. (Continuará)
guerrero.simon@gmail.com
Asisto a tres congresos simultáneos en Sao Paulo, Brasil: el XXXI de la Sociedad de Zoológicos Brasileños, el XIV de la Asociación Latinoamericana de Parques Zoológicos y Acuarios y el XII de la Asociación Brasileña de Veterinarios de Animales Salvajes. El título del encuentro es aglutinante y esperanzador: "Todos pela Conservação" (Todos por la Conservación). Me complace compartir con colegas latinoamericanos en un ambiente en el que predominan las lenguas latinas, en primera línea el portugués brasilero, una lengua que parece, como Platero, "toda de algodón, que no lleva huesos". Es un idioma tan musical, que prefiere, para evitar sonidos discordantes, separar con una "i" ciertas consonantes dobles (en vez de fútbol dicen futibol), antes que sacrificar su melodiosa dulzura invertebrada.
La conferencia magistral de la inauguración del congreso estuvo a cargo de Luis Jacome, Gerente Técnico del Zoológico de Buenos Aires, y trató sobre el proyecto continental que dirige para salvar al Cóndor de los Andes, la más grande ave voladora del mundo, abundante hace unos siglos, pero ya extinta en algunos países de la región y con poblaciones muy disminuidas en otros.
Los primeros colonos europeos mataban los cóndores porque creían que eran una amenaza para sus animales de granja, cuando en realidad sólo comen animales muertos, contribuyendo así a sanear los ecosistemas en que viven. Además de la cacería injustificada y absurda, el Cóndor ha sido victima de la destrucción y deterioro de sus ambientes primigenios. Su biología reproductiva tampoco lo ayuda mucho: pone un solo huevo cada dos o tres años, que el macho y la hembra incuban por turnos, pues como sucede casi siempre con los buitres, la relación conyugal es monogámica (macho y hembra se aparean de por vida).
Este apasionante proyecto tiene varias vertientes. Un componente de conservación In Situ (ambiente natural del animal) que estudia todo lo relativo a los ecosistemas en que estos animales viven todavía o vivieron en el pasado, estudia la dinámica de sus poblaciones y le da seguimiento a los individuos liberados en la zona, para aumentar sus probabilidades de supervivencia. También trabaja con las comunidades que viven en las áreas donde se reintroducen los cóndores, lo cual resulta fácil, pues se trata de culturas que con actitudes favorables a estas aves prodigiosas que ellos ven como un vínculo entre el hombre y los dioses.
El componente Ex Situ (fuera del ambiente natural), funciona en el Zoológico de Buenos Aires, que incluye toda la parte que tiene que ver con la reproducción en cautiverio, incubación artificial, cría a mano de los polluelos, entrenamiento para que se adapten a la vida silvestre y el cuidado y recuperación de los ejemplares silvestres que llegan heridos al centro. Para evitar que los ejemplares criados a manos se apeguen a las personas y no les tengan miedo luego, dos conductas que dificultarían su reinserción al estado salvaje, los polluelos son alimentados por títeres que simulan cabezas de cóndores y que los encargados colocan en sus manos para alimentarlos sin que los polluelos los vean. (Continuará)
guerrero.simon@gmail.com
Simón Guerrero
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