El lenguaje popular de las enfermedades

Siempre he tenido desde niño, y eso me viene de la educación de entonces en el país, donde la gramática castellana, el amor por el canto, la recitación, la lectura en voz alta... Era obligatorio desde el segundo curso hasta el sexto, y ahí se le enseñaba a uno a cantar.... Y así aprendí yo a hablar. Aunque a esto pudieran agregarse algunas cosas de biblioteca y de enseñanzas de mi padre. Desde luego, como he dicho, y cuando lo digo pienso en mi pueblo, recuerdo que Pedro Henríquez Ureña dijo en los momentos de su gloria creadora: el mejor español es el que se habla en el Caribe, con Colombia a la cabeza. Y es verdad que nosotros hablamos un español muy puro. Nuestros intelectuales ponen gran cuidado en usar el mejor español y la misma límpida prosa, y en hacer más bella la poesía, y por tanto más bello lo que le rodea.
Aquí se habla muy bien el español, pero nosotros nos reímos cuando oímos a un viejo cibaeño, que viene del conuco, y le pregunto: ¿dónde estaba usted? Y me responde: en ei conuco. Yo me río, pero qué bonito lo dice. Nosotros no podemos exigirle que tenga la cultura de quien ha pasado por una universidad.
Todos los que están escuchando saben que nosotros, los médicos, debemos tener un lenguaje especial para tratar a nuestros pacientes. Por lo pronto, uno de los síntomas que más preocupa a nuestra gente del campo, y en eso tienen razón sobre todo en pediatría, es la cantidad de evacuaciones. Inútilmente en un campo de Higüey o Trinidad le vamos a preguntar a una señora, cuando lleva un niño pequeño, cuántas evacuaciones hace él. Hay que decirlo según el medio, y es curioso porque cada uno tiene su manera especial de decir, y como yo he estado en muchas partes de mi patria, aprendiendo no solamente mi español -porque ese lo aprendo con los grandes escritores-, sino con mi gente del pueblo, para enriquecerme de ese otro lenguaje al cual le debo mucho... Si usted va al Cibao debe preguntarle a la madre de un niño que tiene diarrea y está muy grave: ¿cuántas veces va al campo el niño? Eso quiere decir evacuar.
Pero me era muy raro y nunca averigüé por qué en Elías Piña le decían ''precisa''. ¿Cuántas precisas hace el niño? Hay un lenguaje especial, aunque de todas maneras el médico se hace entender. Hay que tener una cultura especial, que el médico lea y se empreñe de conocimientos bellos, es decir, elevar la cultura como lo hizo Marañón, como lo hizo el Dr. Moscoso Puello, como lo han hecho ahora los médicos dominicanos por esa preocupación de hacerse de una cultura. Porque Anatole Brands decía que la cultura ayuda al hombre en cualquier menester en el que esté.
Un médico se pone en contacto con la gente, con el medio, va conociendo mejor las cosas, y entonces nace lo que nosotros llamamos ''ojo clínico'', cosa que en realidad no existe, lo que existe es el menester, el estudio y la perseverancia de un médico, sobre todo en conocer a sus pacientes.
Desde viejo lo sabemos, porque la primera preocupación que tuvo el hombre en la soledad inmensa de las etapas paleolíticas, fue precisamente la convivencia. De modo que el médico, sobre todo el que va a salir de las ciudades, y aun el médico que atiende gente culta, debe conocer un lenguaje especial.
¿Qué es la enfermedad? Si yo le pregunto a la Dra. Sandra Cabrera, qué es la tuberculosis me hablaría durante hora y media del bacilo... Eso no existía antes. Aunque yo digo que el hombre primitivo, ayer y hoy, tenía razón porque las enfermedades las provocaban los espíritus, esos seres invisibles que no se veían, -y yo nunca he visto en el aire flotando un bacilo de coco-. Los hombres han tenido que evolucionar e inventar el microscopio para que yo sepa que eso es lo que provoca la tuberculosis. Así, esa preocupación del hombre ignaro y de la mujer ignara, hay que tenerla muy en cuenta. Yo he visto a una madre desconsolada, llorando con desolado dolor ante el hijo que está mejorando, y la he visto muy dichosa ante el hijo agónico... porque está mejorando. El médico conoce estas cosas y tiene que hacérselas saber con un lenguaje amable, pero que también tenga relacion con Dios. En la antigüedad llegó a decirse que solamente había una enfermedad. En los pueblos primitivos le llamaban espiritismo. En las etapas prehistóricas le decían demonios, que se metían en uno para provocarle la enfermedad y el hombre moría. Ignoraba que tenía un cerebro que podía crear ideas salvadoras para mí, y ese invierno cruel me enseñó a pensar y me llevó a esa vida gregaria de donde surgió un hombre que, ante la tragedia de la persona herida por la fiera o por una enfermedad en que los demonios lo poseeen, empezó a ayudar a los demás y nació el médico.
Nosotros, los médicos, tenemos mucho de grupo, y eso viene de la cultura Osler, que se tiene como el más grande catedrático médico de los EEUU, quien decía que el que sólo sabe medicina, ni medicina sabe. Es el contacto con la gente, con el medio, con la cultura, es el sentido natural para tener sentimientos...
Yo que fui pediatra, que atendí muchos niños pequeños, que los veía morir, ante la impotencia de salvarlos en los brazos de sus propias madres, lloré muchas veces ante el niño desconocido y pobre que ponía a prueba mi impotencia humana para salvarlo.
El médico debe, entonces, ponerse en contacto con ese lenguaje y conocer el pensamiento de la colectividad que visita, por eso todo médico debe tener algo de psicólogo y psiquiatra. Eso lo saben muchos. Yo estoy empreñado de ejemplos que poner. En cualquier libro es fácil verlos. Mucho más que las medicinas, que la aspirina, cura la fe. Por eso, el hechicero del Cromañón, de las tribus, el chamán, ése tiene más fuerza de persuasión que un médico más o menos... que gane mucho dinero... Ese otro que le pregunta a la mamá cuántas veces el niño tiene una precisa, y la mamá le contesta: mucho, doce veces... Y es que no gano nada con hablar de materiales fecales...
Todas estas cosas van en consonancia con el sentimiento de la curación. Cuando voy a curar, detras de mí está mirándome con ironía la persona que en esa casa ha inspirado un verdadero culto a su personalidad, y cuando se va el médico dice: bota esa receta. Y viene la vieja y le dice cosas, y le pasa la mano y el enfermo se mejora. Tengo esa experiencia. Siempre he sido pediatra, pero un día vino desesperado un estudiante de medicina porque su abuela se moría por una cardiopatía. Tenía como médico a uno de nuestros grandes cardiólogos, y la pobre vieja se mejoraba y se agravaba; pero dio la casualidad que, cuando llegué y le dijeron a la vieja: aquí hay otro médico porque no llegó fulano, dijo: que pase quien sea. Aquella vieja al verme entrar me hizo un elogio que lo voy a repetir: ¡pero aquí nunca había venido un médico tan buen mozo!. Yo no era tan buen mozo, pero me sentí halagado, y le dije: mire, yo soy buen mozo porque... y empezamos a conversar, y esa conversación de 20 minutos terminó levantándose ella de la cama para que yo viera cómo en sus tiempos, y en los tiempos de mi madre, se bailaba los chotis... Cuando yo me fui... cómo le voy a decir que no sabía nada del corazón... Pero estuvo mucho mejor, de manera que cada vez que se ponía grave llamaban a su médico por teléfono y me iban a buscar a mí. Y desde que yo llegaba se ponía contenta, y a recordar... pero un día se murió... Yo estaba en El Seybo, y los familiares estuvieron diciendo por luengos años que ella se murió porque yo no llegué a tiempo. Todo eso era mentira, señores, porque las medicinas que ella tomaba se las daba el médico, el que sí sabía. Todo el mundo puede curar.
En la historia de la medicina vamos a encontrar muchos ejemplos parecidos, como el de aquellas grandes epidemias de la Edad Media, aterrorizantes, terribles, que la gente llamaba muerte negra porque todos los que se enfermaban morían. Eran epidemias que nacían en el centro de Asia, recorrían todo el sur de Europa, saltaban a Inglaterra, se metían otra vez en Asia, desaparecían y a los 20 años volvían a aparecer.. Y la gente moría.
Esa enfermedad, por más de tres ocasiones, dejó la tierra en la tercera parte de sus habitantes. Era terrible. ¿Y qué hacian los médicos ante la muerte negra? Temblar de angustia y morir presa del mal.
Prueba de ello es que cuando un grupo de médicos quiso salvar al Papa le prepararon una habitación con todas las comodidades, se escogieron dos personas -las unicas que podían entrar-, la enfermedad pasó y al Papa no le pasó nada. Esto sirvió de ejemplo a un eximio escritor, uno de los grandes escritores de la humanidad, Bocaccio, que dijo que si la muerte negra lo iba a matar, ''deja que me mate divirtiéndome''.
Señores, ahora quiero darles algunos datos:
Cuando un enfermo está grave, en nuestros barrios, en nuestra población, los vecinos, todos los días que pasan, y eso es muy del dominicano, preguntan: ¿cómo sigue fulanita? Mala. ¿Cómo sigue fulanita? Alivianita. Eso es aliviado, sentirse mejor.
¿Qué es un malogrado? ¡Qué miedo! Una vez yo era amigo de uno de los más grandes poetas de este país, quien se vio postrado en una cama colombina con una tuberculosis, y mi madre me dijo que no fuera a verlo porque estaba malogrado: tenía tuberculosis.
¿Almorriña? Vivimos una eterna almorriña... Desasosiego. Exagerando todos los síntomas.
¿Pian? Es una enfermedad que llena el cuerpo de bubones y deja unas manchas muy feas... El Presidente de la República, que se llamaba Rafael Leonidas Trujillo Molina, le dijo a la OMS: yo voy a eliminar de Santo Domingo el paludismo y el pian. El pian ha desaparecido para siempre, el paludismo no, pero lo controló.
¿Y qué es culillo? Miedo.
¿Y el trabo? El tétanos.
La tiricia: ictericia.
El paño: el vitilígo.
Señores, muchas gracias.
Aquí se habla muy bien el español, pero nosotros nos reímos cuando oímos a un viejo cibaeño, que viene del conuco, y le pregunto: ¿dónde estaba usted? Y me responde: en ei conuco. Yo me río, pero qué bonito lo dice. Nosotros no podemos exigirle que tenga la cultura de quien ha pasado por una universidad.
Todos los que están escuchando saben que nosotros, los médicos, debemos tener un lenguaje especial para tratar a nuestros pacientes. Por lo pronto, uno de los síntomas que más preocupa a nuestra gente del campo, y en eso tienen razón sobre todo en pediatría, es la cantidad de evacuaciones. Inútilmente en un campo de Higüey o Trinidad le vamos a preguntar a una señora, cuando lleva un niño pequeño, cuántas evacuaciones hace él. Hay que decirlo según el medio, y es curioso porque cada uno tiene su manera especial de decir, y como yo he estado en muchas partes de mi patria, aprendiendo no solamente mi español -porque ese lo aprendo con los grandes escritores-, sino con mi gente del pueblo, para enriquecerme de ese otro lenguaje al cual le debo mucho... Si usted va al Cibao debe preguntarle a la madre de un niño que tiene diarrea y está muy grave: ¿cuántas veces va al campo el niño? Eso quiere decir evacuar.
Pero me era muy raro y nunca averigüé por qué en Elías Piña le decían ''precisa''. ¿Cuántas precisas hace el niño? Hay un lenguaje especial, aunque de todas maneras el médico se hace entender. Hay que tener una cultura especial, que el médico lea y se empreñe de conocimientos bellos, es decir, elevar la cultura como lo hizo Marañón, como lo hizo el Dr. Moscoso Puello, como lo han hecho ahora los médicos dominicanos por esa preocupación de hacerse de una cultura. Porque Anatole Brands decía que la cultura ayuda al hombre en cualquier menester en el que esté.
Un médico se pone en contacto con la gente, con el medio, va conociendo mejor las cosas, y entonces nace lo que nosotros llamamos ''ojo clínico'', cosa que en realidad no existe, lo que existe es el menester, el estudio y la perseverancia de un médico, sobre todo en conocer a sus pacientes.
Desde viejo lo sabemos, porque la primera preocupación que tuvo el hombre en la soledad inmensa de las etapas paleolíticas, fue precisamente la convivencia. De modo que el médico, sobre todo el que va a salir de las ciudades, y aun el médico que atiende gente culta, debe conocer un lenguaje especial.
¿Qué es la enfermedad? Si yo le pregunto a la Dra. Sandra Cabrera, qué es la tuberculosis me hablaría durante hora y media del bacilo... Eso no existía antes. Aunque yo digo que el hombre primitivo, ayer y hoy, tenía razón porque las enfermedades las provocaban los espíritus, esos seres invisibles que no se veían, -y yo nunca he visto en el aire flotando un bacilo de coco-. Los hombres han tenido que evolucionar e inventar el microscopio para que yo sepa que eso es lo que provoca la tuberculosis. Así, esa preocupación del hombre ignaro y de la mujer ignara, hay que tenerla muy en cuenta. Yo he visto a una madre desconsolada, llorando con desolado dolor ante el hijo que está mejorando, y la he visto muy dichosa ante el hijo agónico... porque está mejorando. El médico conoce estas cosas y tiene que hacérselas saber con un lenguaje amable, pero que también tenga relacion con Dios. En la antigüedad llegó a decirse que solamente había una enfermedad. En los pueblos primitivos le llamaban espiritismo. En las etapas prehistóricas le decían demonios, que se metían en uno para provocarle la enfermedad y el hombre moría. Ignoraba que tenía un cerebro que podía crear ideas salvadoras para mí, y ese invierno cruel me enseñó a pensar y me llevó a esa vida gregaria de donde surgió un hombre que, ante la tragedia de la persona herida por la fiera o por una enfermedad en que los demonios lo poseeen, empezó a ayudar a los demás y nació el médico.
Nosotros, los médicos, tenemos mucho de grupo, y eso viene de la cultura Osler, que se tiene como el más grande catedrático médico de los EEUU, quien decía que el que sólo sabe medicina, ni medicina sabe. Es el contacto con la gente, con el medio, con la cultura, es el sentido natural para tener sentimientos...
Yo que fui pediatra, que atendí muchos niños pequeños, que los veía morir, ante la impotencia de salvarlos en los brazos de sus propias madres, lloré muchas veces ante el niño desconocido y pobre que ponía a prueba mi impotencia humana para salvarlo.
El médico debe, entonces, ponerse en contacto con ese lenguaje y conocer el pensamiento de la colectividad que visita, por eso todo médico debe tener algo de psicólogo y psiquiatra. Eso lo saben muchos. Yo estoy empreñado de ejemplos que poner. En cualquier libro es fácil verlos. Mucho más que las medicinas, que la aspirina, cura la fe. Por eso, el hechicero del Cromañón, de las tribus, el chamán, ése tiene más fuerza de persuasión que un médico más o menos... que gane mucho dinero... Ese otro que le pregunta a la mamá cuántas veces el niño tiene una precisa, y la mamá le contesta: mucho, doce veces... Y es que no gano nada con hablar de materiales fecales...
Todas estas cosas van en consonancia con el sentimiento de la curación. Cuando voy a curar, detras de mí está mirándome con ironía la persona que en esa casa ha inspirado un verdadero culto a su personalidad, y cuando se va el médico dice: bota esa receta. Y viene la vieja y le dice cosas, y le pasa la mano y el enfermo se mejora. Tengo esa experiencia. Siempre he sido pediatra, pero un día vino desesperado un estudiante de medicina porque su abuela se moría por una cardiopatía. Tenía como médico a uno de nuestros grandes cardiólogos, y la pobre vieja se mejoraba y se agravaba; pero dio la casualidad que, cuando llegué y le dijeron a la vieja: aquí hay otro médico porque no llegó fulano, dijo: que pase quien sea. Aquella vieja al verme entrar me hizo un elogio que lo voy a repetir: ¡pero aquí nunca había venido un médico tan buen mozo!. Yo no era tan buen mozo, pero me sentí halagado, y le dije: mire, yo soy buen mozo porque... y empezamos a conversar, y esa conversación de 20 minutos terminó levantándose ella de la cama para que yo viera cómo en sus tiempos, y en los tiempos de mi madre, se bailaba los chotis... Cuando yo me fui... cómo le voy a decir que no sabía nada del corazón... Pero estuvo mucho mejor, de manera que cada vez que se ponía grave llamaban a su médico por teléfono y me iban a buscar a mí. Y desde que yo llegaba se ponía contenta, y a recordar... pero un día se murió... Yo estaba en El Seybo, y los familiares estuvieron diciendo por luengos años que ella se murió porque yo no llegué a tiempo. Todo eso era mentira, señores, porque las medicinas que ella tomaba se las daba el médico, el que sí sabía. Todo el mundo puede curar.
En la historia de la medicina vamos a encontrar muchos ejemplos parecidos, como el de aquellas grandes epidemias de la Edad Media, aterrorizantes, terribles, que la gente llamaba muerte negra porque todos los que se enfermaban morían. Eran epidemias que nacían en el centro de Asia, recorrían todo el sur de Europa, saltaban a Inglaterra, se metían otra vez en Asia, desaparecían y a los 20 años volvían a aparecer.. Y la gente moría.
Esa enfermedad, por más de tres ocasiones, dejó la tierra en la tercera parte de sus habitantes. Era terrible. ¿Y qué hacian los médicos ante la muerte negra? Temblar de angustia y morir presa del mal.
Prueba de ello es que cuando un grupo de médicos quiso salvar al Papa le prepararon una habitación con todas las comodidades, se escogieron dos personas -las unicas que podían entrar-, la enfermedad pasó y al Papa no le pasó nada. Esto sirvió de ejemplo a un eximio escritor, uno de los grandes escritores de la humanidad, Bocaccio, que dijo que si la muerte negra lo iba a matar, ''deja que me mate divirtiéndome''.
Señores, ahora quiero darles algunos datos:
Cuando un enfermo está grave, en nuestros barrios, en nuestra población, los vecinos, todos los días que pasan, y eso es muy del dominicano, preguntan: ¿cómo sigue fulanita? Mala. ¿Cómo sigue fulanita? Alivianita. Eso es aliviado, sentirse mejor.
¿Qué es un malogrado? ¡Qué miedo! Una vez yo era amigo de uno de los más grandes poetas de este país, quien se vio postrado en una cama colombina con una tuberculosis, y mi madre me dijo que no fuera a verlo porque estaba malogrado: tenía tuberculosis.
¿Almorriña? Vivimos una eterna almorriña... Desasosiego. Exagerando todos los síntomas.
¿Pian? Es una enfermedad que llena el cuerpo de bubones y deja unas manchas muy feas... El Presidente de la República, que se llamaba Rafael Leonidas Trujillo Molina, le dijo a la OMS: yo voy a eliminar de Santo Domingo el paludismo y el pian. El pian ha desaparecido para siempre, el paludismo no, pero lo controló.
¿Y qué es culillo? Miedo.
¿Y el trabo? El tétanos.
La tiricia: ictericia.
El paño: el vitilígo.
Señores, muchas gracias.
Diario Libre
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