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El tomate: el tesoro de Eldorado

El tomate, ese fruto sabroso, pequeño e intensamente rojo fue el verdadero tesoro que Eldorado americano reservaba para los conquistadores españoles.

n La palabra tomate deriva del término indígena nahuatí "tomati" Esta lengua era la hablada por los aztecas en la época de la conquista española cuando los aztecas dominaban la región de América que en la actualidad ocupa México.

Su nombre cambió cuando Hernán Cortés lo trajo a España en 1523 y se le llamó tomate. En Francia se le conoció en 1660, pero su uso como hortaliza comestible fue aceptado un siglo y medio después. A las costas italianas llegó una curiosa variedad amarilla, con un origen diferente al de su denominación indígena, que dio lugar a su nombre "pomodoro" (manzana de oro).

El tomate se instala en todo el Viejo Mundo a finales del siglo XVII y llega a Oriente a través de rutas comerciales y militares.

[b]Qué es el tomate y cómo elegirlo[/b]

n El tomate es el fruto de la tomatera, hierba anual de la familia de las solanáceas. Esta hortaliza es por lo general de color rojo, blanda y reluciente, compuesta por dentro de celdillas llenas de pequeñas simientes de color amarillo.

Existen múltiples variedades dependiendo de su tamaño y color, y su temporada es el verano, aunque los cultivos e invernaderos han hecho posible que podamos disfrutarlo todo el año. También podemos encontrarlos enlatados al natural o elaborados.

Al elegirlos conviene que estén maduros y sin manchas. Deberán estar firmes al tocarlos y con la piel bien tersa.

Para conservarlos mejor, póngalos sobre su base y evite que estén en contacto unos con otros. También es aconsejable conservar los tomates fuera de la nevera (durante un tiempo razonable) ya que el frío hace que no podamos disfrutar de todo su sabor y gran aroma.

Para pelarlos con facilidad, pase por toda la superficie de su piel el envés de la hoja de un cuchillo para arrugar un poco su piel que luego se quitará con facilidad. También se pueden pelar dándoles un corte en forma de cruz en la zona opuesta al tallo y escaldándolos después en agua hirviendo, así la piel saldrá prácticamente sola.