Fi-le-te
Quiero hablar de los cortes baratos y poco apreciados que pasamos por alto en el supermercado.
Nunca he oído a nadie decir que no le guste un buen pedazo de filete. Como
el famoso Kobe Beef, donde a las vacas les dicen "Buenos días Sra. Vaca,
¿cómo está hoy?" Si nos descuidamos nos llevan a nosotros al matadero para poder alimentar a sendos animales. Suerte que las vacas no son carnívoras…
En fin, aunque de vez en cuando disfruto de un buen trozo de filete a la parrilla debo decir que no es mi corte de carne preferido. En cuanto a la carne para asar o poner al barbecue se refiere prefiero los cortes como el porterhouse o T-bone, los cuales por estar pegados al hueso tienen un mejor sabor, pero mi predilecto es el rib eye o entrecot, veteado por una grasa central que se derrite al cocinarlo proporcionando un sabor exquisito y manteniendo el corte jugoso. Todo esto término medio, por supuesto, y nunca, nunca, nunca bien cocido.
Pero a donde quiero llegar hoy no es a sustituir un tenderloin por un sirloin. Quiero que hablemos de los cortes baratos y poco apreciados que tantas veces pasamos por alto en el supermercado o la carnicería. Estos cortes tienen un rey: el osobuco. Vilmente despreciado por muchos, desconocido por algunos, pero venerado por otros. ¡Qué rico manjar un buen "Osso Buco alla Milanese" sobre una cama de pasta salteada en la misma salsa! Más rico aún si preparamos un risotto o hasta un arroz blanco sin mayor complicación y, como buenos dominicanos, lo salseamos con el caldo.
Más sencillo aún es preparar una deliciosa tira de asado (eso que ves en el supermercado llamado short rib o chorrí y que nunca sabes qué hacer con él). Algo tan sencillo como hornearlo a fuego lento, sazonado con sal y pimienta y luego cubrirlo de mantequilla con un poco de ajo para dorarlo, es más que suficiente para disfrutar de un exquisito plato y ni enterar al bolsillo.
Para los más arriesgados aquí les va una receta (lo suficientemente específica para que entiendan, pero a grandes rasgos): Rabo de toro al vino: Un par de libras de rabo de vaca, sazonadas con sal y pimienta, pasadas por un poco de harina blanca. En una olla o sartén, doren los trozos en un poco de aceite (de oliva o de freír). Echen los trozos dorados en una olla. En la misma sartén salteen cebolla (una o dos tazas), apio (la mitad que la cebolla), y zanahoria (un poco menos que de cebolla). Cuando los vegetales estén traslúcidos agregue dos o tres dientes de ajo medio majados y saltee por dos minutos. Agregue una taza de vino tinto a la sartén, despéguele todo lo que tenga pegado y viértalo junto con el rabo en la olla. Agregue el resto de la botella (traten de buscar un vino de 200 a 300 pesos, son baratos y no son malos) y póngalo a fuego lento agregando un par de hojas de laurel y sal y pimienta al gusto. Si no se cubre el rabo agregue un poco de caldo de res. Cocínelo por tres o cuatro horas a fuego lento o en el horno a 250 grados.
Los más meticulosos deben colar la salsa antes de llevar el rabo a la mesa. Disfrútenlo con un buen Barolo (vino del Piemonte, Italia) y, riéndose, sumen lo que gastaron.
el famoso Kobe Beef, donde a las vacas les dicen "Buenos días Sra. Vaca,
¿cómo está hoy?" Si nos descuidamos nos llevan a nosotros al matadero para poder alimentar a sendos animales. Suerte que las vacas no son carnívoras…
En fin, aunque de vez en cuando disfruto de un buen trozo de filete a la parrilla debo decir que no es mi corte de carne preferido. En cuanto a la carne para asar o poner al barbecue se refiere prefiero los cortes como el porterhouse o T-bone, los cuales por estar pegados al hueso tienen un mejor sabor, pero mi predilecto es el rib eye o entrecot, veteado por una grasa central que se derrite al cocinarlo proporcionando un sabor exquisito y manteniendo el corte jugoso. Todo esto término medio, por supuesto, y nunca, nunca, nunca bien cocido.
Pero a donde quiero llegar hoy no es a sustituir un tenderloin por un sirloin. Quiero que hablemos de los cortes baratos y poco apreciados que tantas veces pasamos por alto en el supermercado o la carnicería. Estos cortes tienen un rey: el osobuco. Vilmente despreciado por muchos, desconocido por algunos, pero venerado por otros. ¡Qué rico manjar un buen "Osso Buco alla Milanese" sobre una cama de pasta salteada en la misma salsa! Más rico aún si preparamos un risotto o hasta un arroz blanco sin mayor complicación y, como buenos dominicanos, lo salseamos con el caldo.
Más sencillo aún es preparar una deliciosa tira de asado (eso que ves en el supermercado llamado short rib o chorrí y que nunca sabes qué hacer con él). Algo tan sencillo como hornearlo a fuego lento, sazonado con sal y pimienta y luego cubrirlo de mantequilla con un poco de ajo para dorarlo, es más que suficiente para disfrutar de un exquisito plato y ni enterar al bolsillo.
Para los más arriesgados aquí les va una receta (lo suficientemente específica para que entiendan, pero a grandes rasgos): Rabo de toro al vino: Un par de libras de rabo de vaca, sazonadas con sal y pimienta, pasadas por un poco de harina blanca. En una olla o sartén, doren los trozos en un poco de aceite (de oliva o de freír). Echen los trozos dorados en una olla. En la misma sartén salteen cebolla (una o dos tazas), apio (la mitad que la cebolla), y zanahoria (un poco menos que de cebolla). Cuando los vegetales estén traslúcidos agregue dos o tres dientes de ajo medio majados y saltee por dos minutos. Agregue una taza de vino tinto a la sartén, despéguele todo lo que tenga pegado y viértalo junto con el rabo en la olla. Agregue el resto de la botella (traten de buscar un vino de 200 a 300 pesos, son baratos y no son malos) y póngalo a fuego lento agregando un par de hojas de laurel y sal y pimienta al gusto. Si no se cubre el rabo agregue un poco de caldo de res. Cocínelo por tres o cuatro horas a fuego lento o en el horno a 250 grados.
Los más meticulosos deben colar la salsa antes de llevar el rabo a la mesa. Disfrútenlo con un buen Barolo (vino del Piemonte, Italia) y, riéndose, sumen lo que gastaron.
Diario Libre

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