Franklin Mieses Burgos: una lírica sorprendida y surreal

Santo Domingo. Franklin Mieses Burgos sorprendió a la poesía a finales de la década del cuarenta. De ahí en adelante quedó sumergido en un "Clima de eternidad", que esta décima versión de la Feria Internacional del Libro oficializó el mismo día que se inauguró el máximo evento cultural de la República Dominicana.
Pese a dominar los estilos clásicos de la lírica, fue el surrealismo y la vanguardia de los años veinte, lo que le dieron resonancia regional a este autor dominicano, que fue bien acogida por los lectores españoles y cubanos, donde se editaron algunas de sus producciones poéticas como "Clima de Eternidad", que se publicará en 1944.
Él conjuntamente con Freddy Gastón Arce, Aída Cartagena y Gilberto Hernández Ortega, fueron las figuras más trascendentes del movimiento poético nacional llamado "La poesía sorprendida", que se caracterizó por sus nexos vanguardistas y el sentimiento de libertad -antidictatorial pese a que en ese momento histórico Rafael Trujillo regía los designios del pueblo y el Estado- que se insertaban en la estructura poética, en las metáforas y en los conceptos que componían los poemas.
Las obras poéticas de Mieses Burgos podían dividirse en tres categorías: la hermética y vanguardista de la primera mitad del siglo veinte, donde se manifiesta la influencia surrealista, la clásica representada sobre todo por los sonetos y la de temas populares. La primera, creemos, contiene quizás sus mejores poemas.
En su vasta producción poética, el vate utiliza con frecuencia metáforas sorprendentes o sorprendidas, cargada de fuertes dosis de colorido y sensualidad típica de los poetas de países tropicales. El mar es un elemento homogéneo de casi todos los poetas isleños.
"Sin rumbo ya y herido por el cielo" y "Clima de eternidad" ambas publicadas en 1944, "Presencia de los días" del 1951 y "El héroe" que apareció en 1954, entre otras publicaciones.
La Poesía Sorprendida (1943-1947)
Como anunció en el primer número de la revista, "No sabemos si la poesía nos sorprende con su deslumbrante destino, si nosotros la sorprendemos a ella en su silenciosa y verdadera hermosura", así definió metafóricamente el poeta chileno Alberto Baeza Flores a este movimiento lírico.
"Estamos por una poesía nacional nutrida en lo universal, única forma de ser propia; con lo clásico de ayer, de hoy y de mañana; con la creación sin límites, sin fronteras y permanente; y con el mundo misterioso del hombre, universal, secreto, solitario e íntimo, creador siempre" sentenció el vate suramericano.
Canción de la voz florecida
"Yo sembraré mi voz en la carne del viento
para que nazca un árbol de canciones;
después me iré soñando músicas inaudibles
por los ojos sin párpados del llanto.
Colgada sobre el cielo dolido de la tarde
habrá una pena blanca, que no será la luna.
Será una fruta alta, recién amanecida,
una fruta redonda de palabras
sonoras, como un canto: (...)"
Pese a dominar los estilos clásicos de la lírica, fue el surrealismo y la vanguardia de los años veinte, lo que le dieron resonancia regional a este autor dominicano, que fue bien acogida por los lectores españoles y cubanos, donde se editaron algunas de sus producciones poéticas como "Clima de Eternidad", que se publicará en 1944.
Él conjuntamente con Freddy Gastón Arce, Aída Cartagena y Gilberto Hernández Ortega, fueron las figuras más trascendentes del movimiento poético nacional llamado "La poesía sorprendida", que se caracterizó por sus nexos vanguardistas y el sentimiento de libertad -antidictatorial pese a que en ese momento histórico Rafael Trujillo regía los designios del pueblo y el Estado- que se insertaban en la estructura poética, en las metáforas y en los conceptos que componían los poemas.
Las obras poéticas de Mieses Burgos podían dividirse en tres categorías: la hermética y vanguardista de la primera mitad del siglo veinte, donde se manifiesta la influencia surrealista, la clásica representada sobre todo por los sonetos y la de temas populares. La primera, creemos, contiene quizás sus mejores poemas.
En su vasta producción poética, el vate utiliza con frecuencia metáforas sorprendentes o sorprendidas, cargada de fuertes dosis de colorido y sensualidad típica de los poetas de países tropicales. El mar es un elemento homogéneo de casi todos los poetas isleños.
"Sin rumbo ya y herido por el cielo" y "Clima de eternidad" ambas publicadas en 1944, "Presencia de los días" del 1951 y "El héroe" que apareció en 1954, entre otras publicaciones.
La Poesía Sorprendida (1943-1947)
Como anunció en el primer número de la revista, "No sabemos si la poesía nos sorprende con su deslumbrante destino, si nosotros la sorprendemos a ella en su silenciosa y verdadera hermosura", así definió metafóricamente el poeta chileno Alberto Baeza Flores a este movimiento lírico.
"Estamos por una poesía nacional nutrida en lo universal, única forma de ser propia; con lo clásico de ayer, de hoy y de mañana; con la creación sin límites, sin fronteras y permanente; y con el mundo misterioso del hombre, universal, secreto, solitario e íntimo, creador siempre" sentenció el vate suramericano.
Canción de la voz florecida
"Yo sembraré mi voz en la carne del viento
para que nazca un árbol de canciones;
después me iré soñando músicas inaudibles
por los ojos sin párpados del llanto.
Colgada sobre el cielo dolido de la tarde
habrá una pena blanca, que no será la luna.
Será una fruta alta, recién amanecida,
una fruta redonda de palabras
sonoras, como un canto: (...)"
Diario Libre
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