×
Compartir
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Horóscopos
Crucigrama
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Versión Impresa
Redes Sociales
revista

¡Gánele a su estómago!

Aprenda a reconocer cuando ya está satisfecho y no coma más

Expandir imagen
¡Gánele a su estómago!
Los seres humanos tendemos más a obedecer y satisfacer la sensación de hambre que la de saciedad.
SANTO DOMINGO. No hace mucho tiempo, investigadores de la Universidad de Cornell en los Estados Unidos hicieron una pregunta muy simple a un grupo de personas: Si están comiendo, ¿cuándo saben que deben parar? ¿Cuándo pueden decir: estoy satisfecho?

Aunque la respuesta parezca obvia, resulta que para muchos es un juego de adivinanza. Las personas delgadas generalmente conocen la respuesta; los que tienen sobrepeso, tienden a llevarse de pistas externas: dejan de comer cuando ya no queda nada más en el plato; si todos en el grupo terminaron, o si el programa de TV que ven en la noche, a la vez que cenan, finalizó. Pistas que nada tienen que ver con una respuesta fisiológica. ¿En qué punto se sintieron satisfechos?

¿Cuestión de conexiones?

Resulta difícil de creer, pero muchas veces el cerebro no está en conexión con el estómago; o la parte del cerebro que regula la sensación de saciedad no manda la señal a tiempo, o esta señal no es reconocida por el individuo. En cualquier circunstancia, el sujeto termina comiendo más de lo que necesita, con resultados rápidamente visibles en su anatomía.

La solución luce sencilla: aprenda a escuchar a su cuerpo. Compartimos siete estrategias que le ayudarán a luchar contra el problema:

Siéntese a comer: los que tienen costumbre de sentarse a comer, consumen un tercio menos que aquellos que lo hacen rápido, de pie y para salir del paso. Usar el tenedor para lo que fue creado, no como "pala". Esta recomendación sirve incluso para las meriendas.

Disminuya el paso y saboree: préstele mucha atención a los tres primeros bocados; disfrute del sabor y la sensación. Esta actividad "meditativa" alrededor de la comida, enciende los sensores del cerebro. Si puede agregar algo de picante suave, como un poquito de pimienta, paprika o salsa tabasco, al cerebro no le quedará la menor duda de que usted está realmente comiendo.

Apague la televisión: la gente que come frente a la televisión consume en promedio 288 calorías más que aquellas que no. ¿La razón? Distrae la atención del cerebro hacia otra actividad que no sea su comida.

Una mordida, un respiro: Los investigadores de la Universidad de Rhode Island descubrieron que disminuyendo el ritmo entre bocados, consume 10% menos calorías. Respirar de forma consciente entre una mordida y otra focaliza la atención en el proceso de comer y puede controlarlo.

¡No comparta!: cuando sale con amigos y se pide "para todos", usted come de todo lo que encuentra en combinaciones sorprendentes. El resultado: 60% más calorías que cuando pide para usted solo. No le estamos recomendando que se convierta en ermitaño; ordene un plato razonable para usted, y así se sentirá menos tentado a "acabarse" lo que queda en la mesa.

Lleve un diario: es una forma efectiva de recordarse cuánto ha comido a lo largo del día. No tiene que ser complicado, ni incluir información nutricional calculada en calorías o gramos, pero sí un método que le permita darse cuenta de lo que ha consumido y poder balancear en lo que queda.

Si reconoce que se le fue la mano en el almuerzo o ya hizo una buena merienda, cene lo más ligero posible. Importantísimo que pueda anotar las motivaciones detrás de sus hábitos. Comió realmente porque tenía hambre, ¿o se le presentó una situación de stress que sólo pudo lidiar llevándose un sándwich a la boca?

No confíe ciegamente en el menú "saludable": menos grasa no significa necesariamente menos calorías. La mejor opción es chequear la información nutricional antes de ordenar, así puede tomar mejores decisiones. Y puede ahorrarse en calorías tanto como un 35%.

Llevamos la vida tan rápido, que perdimos la capacidad de escuchar lo que nuestro cuerpo ordena. La sensación de saciedad debe ser tan importante, tan clara y tan fuerte como la del hambre. A la segunda, siempre le hacemos caso. ¿Por qué será?

himilcetejada@hotmail.com