Joaquín Sabina, el cantautor canalla

Una canción de Joaquín Sabina difícilmente se olvida. Este poeta urbano ha descrito, con su incorregible voz ronca, los últimos 20 años de la sociedad española mejor que muchos libros de historia o sociología. Con su vena amarga, melancólica y un tanto cutre, el cantautor y poeta español nos llevó por la calle melancolía mientras contaba mentiras piadosas en busca de un robado mes de abril al ritmo de un blues queriendo ser una chica Almodóvar.
Me gusta este trovador de la mala vida, de lengua afilada y certera con alma de puta de noche, que va contra las reglas y del que esperamos con curiosidad esas canciones que empiezan en servilletas de bares o papeles sueltos y terminan coleccionadas en un cajón hasta convertirse en versos, estrofas y frases que alimentan su personaje de canalla y calavera.
Experiencias curiosas no le faltan para inspirarse. El flaco de Úbeda (Jaén) fue squatter (okupa) en Londres durante un año, cuando vivió en una casa «okupada» ubicada frente a un circo londinense, después de que su padre (comisario de policía) recibiera la orden de detenerlo en 1968 por arrojar un cóctel molotov contra una sucursal bancaria, como protesta por el Proceso de Burgos. Se vanagloria de haber actuado ante George Harrison, allá por los años 70, en un bar local llamado "Mexicano-Taverna" donde el ex-beatle celebraba su cumpleaños. En algunas entrevistas, Sabina ha relatado que conserva el billete de 5 libras que recibió como propina, pero en otras ocasiones ha desmentido su propia leyenda afirmando que, en realidad, "se bebió el dinero aquella misma noche".
Pero es que para Sabina la vida nunca ha sido una línea recta. Después de un leve infarto cerebral y una etapa depresiva en la que canceló gira y redujo su actividad musical, no se ha reformado tanto como creen. Retirado de los bares, ahora se emborracha en casa y, aunque dejó la coca, reconoce que nunca llegará a ser un fundamentalista de la vida sana. Le sigue gustando leer, escribir canciones, el billar, los toros y pasar la noche, hasta la madrugada, perdiendo el tiempo gloriosamente en una charla divertida con los amigos alrededor de una mesa.
Con "Alivio de luto" pone fin a tres años sin temas nuevos con un disco más introspectivo. Joaquín Sabina deja el luto y se desprende de lo accesorio para quedarse con lo más esencial: la canción en estado puro.
Me gusta este trovador de la mala vida, de lengua afilada y certera con alma de puta de noche, que va contra las reglas y del que esperamos con curiosidad esas canciones que empiezan en servilletas de bares o papeles sueltos y terminan coleccionadas en un cajón hasta convertirse en versos, estrofas y frases que alimentan su personaje de canalla y calavera.
Experiencias curiosas no le faltan para inspirarse. El flaco de Úbeda (Jaén) fue squatter (okupa) en Londres durante un año, cuando vivió en una casa «okupada» ubicada frente a un circo londinense, después de que su padre (comisario de policía) recibiera la orden de detenerlo en 1968 por arrojar un cóctel molotov contra una sucursal bancaria, como protesta por el Proceso de Burgos. Se vanagloria de haber actuado ante George Harrison, allá por los años 70, en un bar local llamado "Mexicano-Taverna" donde el ex-beatle celebraba su cumpleaños. En algunas entrevistas, Sabina ha relatado que conserva el billete de 5 libras que recibió como propina, pero en otras ocasiones ha desmentido su propia leyenda afirmando que, en realidad, "se bebió el dinero aquella misma noche".
Pero es que para Sabina la vida nunca ha sido una línea recta. Después de un leve infarto cerebral y una etapa depresiva en la que canceló gira y redujo su actividad musical, no se ha reformado tanto como creen. Retirado de los bares, ahora se emborracha en casa y, aunque dejó la coca, reconoce que nunca llegará a ser un fundamentalista de la vida sana. Le sigue gustando leer, escribir canciones, el billar, los toros y pasar la noche, hasta la madrugada, perdiendo el tiempo gloriosamente en una charla divertida con los amigos alrededor de una mesa.
Con "Alivio de luto" pone fin a tres años sin temas nuevos con un disco más introspectivo. Joaquín Sabina deja el luto y se desprende de lo accesorio para quedarse con lo más esencial: la canción en estado puro.
Diario Libre
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