La depresión: definición y consecuencia
El sentimiento de melancolía es uno de los mayores padecimiento de este siglo

Santiago. La depresión es uno de los más comunes y serios problemas de la salud mental que enfrenta la gente de hoy. Millones de personas en el mundo sobreviven en medio de la depresión: ricos, pobres, profesionales, obreros, campesinos, hombres y mujeres, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que en el 2020, la depresión se convertirá en la segunda causa de incapacidad en el mundo, detrás de las enfermedades isquémicas (infartos, insuficiencia coronaria, accidente cerebrovascular) mientras que en el año 2000 ocupaba el cuarto lugar.
El psicólogo Manuel Ben, del Instituto Materno Infantil y Especialidades, define la depresión como un estado alterado de conciencia que afecta el ánimo, el cuerpo y los pensamientos, que arrastra sentimientos de desesperanza y desesperación que interfieren en muchos aspectos de la vida e incide negativamente en las actividades que antes se disfrutaban.
Entre las características más notables de esta enfermedad, el doctor Ben enumera las siguientes: ánimo muy triste o irritable que no mejora, cambios muy notables en el patrón del sueño, apetito y energía, dificultad para pensar, concentrarse y recordar, movimientos físicos lentos o agitación poco usual, falta de interés o placer en las actividades que disfrutaba generalmente, sentimiento de culpa, de no valer nada, de desesperanza y de un gran vacío, posibles ideas repetidas sobre el suicidio o la muerte.
Su origen es multifactorial. Se destacan factores desencadenantes tales como el estrés y sentimientos derivados de una decepción sentimental, la contemplación o vivencia de un accidente, asesinato o tragedia, el trastorno por malas noticias, pena, y el haber atravesado una experiencia cercana a la muerte.
También hay otras causas como un manejo inadecuado del duelo por la muerte de un ser querido o incluso el consumo de determinadas sustancias; abuso de alcohol, el tabaco o de otras sustancias tóxicas y factores de predisposición como la genética o un condicionamiento educativo.
La depresión es una enfermedad tratable, al igual que la diabetes o la hipertensión, y debe ser tratada y diagnosticada independientemente de la edad, el sexo o la situación de la vida. Las personas afectadas deben buscar asistencia en un profesional de la salud mental.
La terapia podrá ser farmacológica o química (asistencia psiquiátrica), con lo que se busca establecer un equilibrio de los neurotransmisores, los cuales resultan descompensados provocando este estado, en donde la intervención se sustenta en procedimientos psicoterapéuticos fundamentados científicamente, siendo uno de los más conocidos y efectivos la terapia cognitivo-conductual.
Quienes viven en un estado depresivo real y no reciben ningún tipo de tratamiento terapéutico, corren el riesgo de un peligroso proceso de deterioro de su condición, lo que implica una inhabilitación progresiva, en el conocimiento y la voluntad, que inutilizará su capacidad de interacción con su entorno y hará más difícil las posibilidades de remisión.
La familia
La familia juega un papel fundamental en la situación del depresivo, creando condiciones positivas y fomentando un ambiente de comprensión y apoyo, buscando ayuda profesional, ayudando en la terapia y generando sentimientos de esperanza y optimismo ante la situación de su familiar. Pero si no se tiene conciencia de lo que es la depresión y cómo afecta a las personas, ésta se puede constituir en un agravante más que en un apoyo.
Cuando la persona afectada por la depresión o sus familiares, perciban una persistencia de los síntomas, a pesar de la ayuda profesional recibida, debe recurrir al mismo profesional que aplicó dicha terapia, con fines de reajustar la misma o modificar los procedimientos. Regularmente, el paciente o los familiares tienden a acudir donde un nuevo terapeuta, lo que implica reiniciar el procedimiento y posiblemente extienda el proceso. Esto, si se tiene la seguridad de que el terapeuta está profesionalmente capacitado para corregir este trastorno del estado de ánimo.
Diario Libre
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