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La estrategia electoral de las lechuzas

La relación conyugal en estas aves es casi siempre monogámica

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La estrategia electoral de las lechuzas
Lechuza cara ceniza con su cría.
Santo Domingo. He aprendido muchas cosas de los animales. Después de mis alumnos, son los seres que más cosas me han enseñado. La estrategia electoral que describo a continuación la aprendí de las lechuzas, y me parece mucho más económica, objetiva y eficaz que la que usan nuestros políticos.

La relación conyugal en estas aves es casi siempre monogámica: un macho y una hembra se aparean y participan ambos en todo el proceso reproductivo. La hembra es la que incuba, pero al nacer los polluelos, el macho lleva al nido las presas que caza, las cuales ella distribuye entre las crías. Tal vez por eso las hembras son más grandes y fuertes que los machos en la mayoría de las lechuzas, ya que son ellas quienes desmenuzan las presas.

Cuando llega la época en que la hembra debe "elegir" pareja, el macho "postula" su candidatura mostrándole un apetitoso ratón que previamente ha cazado, en un ritual cuyo propósito es convencerla de lo buen padre que sería si resultara el cónyuge elegido. A diferencia de nuestros electores, a quienes los políticos convencen sólo con promesas y estridentes alardes de capacidad, las lechuzas hembras, mucho más objetivas, ni siquiera consideran la "candidatura" de un macho que no haya demostrado, previamente y de manera empírica, su capacidad para el cargo al que aspira.

Si adoptamos la estrategia electoral de las lechuzas, no sería la primera vez que un sistema humano es mejorado copiando el funcionamiento de un mecanismo animal. El sonar de los submarinos y ciertos aparatos que facilitan la orientación a los no videntes, se construyeron a partir de la eco localización de los murciélagos. Ese es precisamente el objetivo de la biónica, ciencia que se ocupa de construir y mejorar mecanismos artificiales imitando los procesos biológicos, aunque el término ha sido desvirtuado por el título de una serie de televisión.

Ya estamos inmersos en una contaminante y costosa campaña electoral, la cual nos dejará un país lleno de afiches, árboles pintarrajeados y rencores, ya que muchos políticos parecen ignorar que un candidato no se promueve como si fuera un detergente. La gente no vota por la cara que haya visto más veces. Sobran los ejemplos de aspirantes que embarraron el país de afiches y sin embargo fracasaron vergonzosamente. Como se trata de prácticas perpetradas por todos los políticos (unos más, unos menos), no aludo ni excluyo a nadie.

¿Cómo podríamos mejorar nuestro sistema electoral imitando la estrategia de las lechuzas? Imaginemos que un candidato calcula el costo total de su campaña (afiches, caravanas, bebidas alcohólicas, anuncios de radio y televisión, soborno, etc.) y comunica a sus electores (esa sería su única inversión publicitaria) que usará esos recursos para resolver algunos problemas de la comunidad: construir una escuela o un dispensario médico; reparar un puente, donar una ambulancia y medicamentos al hospital; y que en vez de pintarrajear árboles, postes y piedras, contaminando nuestros paisajes, destinará esos galones de pintura a embellecer las viviendas humildes de cada región.

Pienso que los empresarios que financian las campañas de los políticos colaborarían con mucho más entusiasmo. Además, al final de la contienda, tanto los candidatos derrotados como los vencedores habrían invertido el dinero de la campaña en mejorar las condiciones de vida de sus electores, y éstos estarían mejor informados sobre las aptitudes reales de los candidatos. En esa campaña, utópica quizás, el mejor candidato no sería el que haya ensuciado más y haya hecho más ruido, sino el que haya resuelto más problemas a su comunidad.

guerrero.simon@gmail.com