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La gala de los premios Soberano 2014

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La gala de los premios Soberano 2014

Lo digo de una vez, amén de importantes problemas con el sonido y uno que otro detalle -más en la televisión que en la misma Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito- ésta ha sido la puesta en escena de la gala de los premios Soberano que más satisfecho me ha dejado.

En los premios en sí, ya se sabe, siempre hay un huevazo. Pero el espectáculo, a pesar de haber marcado algo menos que el año pasado, que fue de 15.43% - esta vez fue13.3% promedio- fue de un nivel de realización más limpio, con un mejor diseño escenográfico y la utilización de la profundidad, las nuevas tecnologías, el ritmo y los tiempos, y sobre todo de los conceptos. Aunque en buena lid, no hay por qué razón hacer tantos segmentos musicales.

Aunque los 30 años de Acroarte pasaron por encima del escenario sin que se convirtiera en un momento artísticamente elaborado donde lo humorístico y lo sobrio hubiese reflejado de alguna manera -por ejemplo- distintos momentos importantes de la organización. No obstante, de algún modo estuvieron presentes esas tres décadas en el todo del evento.

Entre los segmentos, el de Johnny Ventura me pareció el más relevante, por cuanto acerca a las nuevas generaciones al ritmo nacional, y a la obra de El Caballo, y lo hace poniendo a Johnny a trabajar con los códigos de las nuevas generaciones.

La intención generacional primó en buena parte de los demás segmentos. El de Toque Profundo fue un acto de justicia histórica, arropados por sus demás compañeros rockeros (algo que deben envidiar los músicos de otros géneros), y donde Niní Cáffaro y El Añoñaíto quisieron romper la rutina, un poco caricaturesco en el caso del segundo.

El de Rafael Solano, acompañado por los jóvenes Rolf Sánchez, Johnny Sky, Carolina Solís y Leslie Grace (todos muy jóvenes con buenas condiciones vocales) pudiera ser el origen de un espectáculo que tanta falta le hace al bolero, mirando hacia las nuevas generaciones. Alguien en las redes habló de desafinaciones, pero en el teatro no percibí tal cosa. Y lo dudo, tratándose del maestro Solano.

Otro muy aplaudido fue el de Bonny Cepeda. Sin embargo, el de los salseros pudo ser mucho mejor y haber aprovechado a dos improvisadores tan excelentes como lo son Oscar de León y José Alberto "El Canario". Aún no entiendo por qué no se utilizó, además de a Chiquito Team Band, a los demás salseros dominicanos, incluyendo a Michel, Sexappeal, Yanford, Yiyo Sarante, El Clasicom, y otros, incluyendo a las muchachas. El trabajo de vestuario y ambientación recordando los años 50-60 tiene que ver con el origen de la canción "Lupita", de Pérez Prado. En fin, hubiera sido el Gran Lanzamiento de la salsa dominicana, internacionalmente. Ocasión desaprovechada.

El menos feliz en su realización -incluido diseño de luces- fue el segmento conmemorativo con Maridalia y Jorge Taveras.

Acertado el de la bachata con Nathalie Peña-Comas y un inseguro Raulín Rodríguez. Muy bien lo de Carlos Vives, sólo que demasiado escueto. Hace falta que vuelva pronto con su concierto completo.

Algunos momentos humorísticos fueron felices, quizás los más de todos protagonizados por el ventrílocuo Liondy Ozoria y Nashla Bogaert, y el de El Boli con Chedy, aunque si hubo otro defecto fue justamente el del libreto. Que funcionó en los primeros momentos de Cavada y Michael Miguel, pero que al bajar a escenario se desinfló en una longaniza de más de 10 minutos, que impuso distancia con los espectadores. Por otra parte, Michael Miguel se salió por momentos del libreto, para meter la quilla de Telemicro, a tal punto que sólo faltó incluir la entrega de una placa a Gómez Díaz.

En resumen: una gala, que a pesar de seguir siendo maratónica, estuvo mejor lograda que años anteriores. Con momentos realmente bien logrados, detrás de los cuales hay pensamiento. ¿De los premios? Mañana, si Dios quiere.