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La historia de la ciudad contada por sus piedras

Santo Domingo cumplió antier 508 años de su fundación

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La historia de la ciudad contada por sus piedras
Las murallas son testigos del desarrollo urbanístico de la ciudad.
Santo Domingo. Esta ciudad que está a oscuras, ha estado desde siempre bajo el amor de sus hijos más fieles, pero también a merced de la avaricia de algunos de sus moradores o funcionarios. En ocasiones han sido algunos de los que han tenido que ver con su propio desarrollo.

Otra hubiera sido la historia si el ingeniero militar Juan Bautista Antonelli (Gatteo di Romagna, c.1550-Madrid, 1616), autor de las obras defensivas de las principales ciudades del Caribe, entre ellas las murallas, fortificaciones y castillos de La Habana, San Juan de Puerto Rico, Portobelo, y Cartagena de Indias, entre muchos otros hubiese podido cumplir su cometido. Así lo dejó entrever el arquitecto Luis Eduardo Delgado en una de las tradicionales tertulias del Patio, en el Restaurante Salón de Té que cada martes, religiosamente, sucede en ese sitio de Naco.

Cuando en 1589 llega a la Ciudad Primada, enviado por Felipe II, para robustecer las estructuras defensivas de esta con una muralla, Antonelli no sabía que muy pronto iba a sentirse frustrado. Tenía a su haber otras muchas obras, lo mismo en la fortificación de Alicante, y hasta unas "Memorias sobre la navegación de los ríos en España", que había entregado ocho años atrás en sus manos al mismísimo Felipe II.

Asumió la tarea encomendada y muy pronto tuvo diseñados los muros que servirían de resguardo a la ciudad, los cuales mostró en una maqueta de barro. El presupuesto solicitado no sobrepasaba los 7 mil ducados. "Pero el gobernador de la época se encargó de engordar la cifra ante el cabildo, que solo poseía 30 mil ducados". A juicio del arquitecto Delgado, este desencuentro financiero puede ser la causa por la que las murallas de Antonelli nunca se construyeran. Por supuesto que la cifra entre los 7 mil y la que finalmente dijo el gobernador, iría no a los bolsillos de quien dejó una huella majestuosa e imponente en el perfil de otras varias ciudades caribeñas.

[b]Primera fortaleza y dos doblones de oro[/b]

Los problemas con las finanzas son una maldición que pende sobre esta ciudad, que hace dos días cumplió 508 años. Los cumplió a oscuras, con basura en muchas de sus calles, ahogada en ruidos y con un puente ruinoso que la desidia insisten en dejar que se derrumbe y mate a unos cuantos.

La primera fortaleza de Santo Domingo era almenada y de mala calidad. El ciclón del 29 de junio de 1502 hizo estragos notables en su estructura.

Luego, la ciudad se mudó al lado occidental del río y fue introducido el esquema de la cuadrícula y se inicia el trazado de las 4 calles.

Las murallas eran, pues, una necesidad en aquellos tiempos en que los piratas y corsarios eran los dueños y señores del Mar Caribe.

Santo Domingo, emplazada en una ría de fácil acceso, urgía de protección. Por entonces la Fortaleza Ozama no poseía muralla, sólo en 1567 fue concluida su construcción.

En tiempos tan tempranos como 1541, desacuerdos financieros entre el cabildo y la audiencia, habían hecho que la edificación del primer muro de la ciudad se prolongara hasta dos años después, en que por orden del Rey Carlos V el albañil Rodrigo de Liendo diseñara y ejecutara la muralla de la parte oeste.

"Y cuenta la historia narrada en el Archivo de Indias que la primera piedra fue colocada -a la usanza de la época- sobre dos doblones de oro de Castilla, que al día siguiente desaparecieron", narró el arquitecto Delgado.

Fue durante el gobierno del Conde de Peñalva, Capitán General de la colonia, que se construyen dos pequeños fortines en la Puerta Grande y se inician los trabajos defensivos en la Puerta de El Conde.

Por allí mismo, por la Puerta Grande más tarde conocida como la de la Misericordia y por la Puerta de Lemba, entró el 10 de enero de 1586, sin apenas oposición, el pirata Francis Drake, quien había desembarcado por Haina.

Así que tres años después de este evento en la historia de la ciudad naciente, es que el Rey Felipe II envía al ingeniero militar de la corona Bautista Antonelli a fortificar con una muralla a Santo Domingo.

Fueron pues, otros los muros levantados en la ciudad y poco para lo que sirvieron. Mucha lluvia ha caido desde entonces, pero si los funcionarios de esta bella, intensa y querida ciudad que no se doblega hubiesen sido menos avaros, más concientes, y sobre todo hubiesen amado la ciudad, otro gallo hubiese cantado sobre sus murallas.

[b]Luis E. Delgado[/b]

- Exdecano de la Facultad de Arquitectura de la UNPHU.

- Exdirector de Planeamiento Urbano del ADN (Del 86 al 90 y desde el 94 hasta el 98).

- Restaurador de: Puerta de la Misericordia, Parte Oeste y Norte de la muralla, Fuerte de la Concepción, Fuerte de San Antón, Murallas de la Ave. Mella.