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"La identidad dominicana es un concepto en movimiento"

Fundará en breve la Casa del Merengue dominicano

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La identidad dominicana es un concepto en movimiento
"Caminando el país descubres las señas del mundo mágico", dice Tejeda. MARTIN CASTRO
Santo Domingo. "Quien va a transformar el mundo es el Caribe", asegura Dagoberto Tejeda, uno de los más destacados investigadores folclóricos de la región, a quien acaba de dedicarse el Festival de Atabales de Sainaguá, en San Cristóbal.

Apasionado, intenso, rebelde, profundo, didáctico, el intelectual dominicano va más allá de ese concepto. "Soy sencillamente un campesino alucinado de Baní. Mi casa estaba exactamente al lado de la casa donde nació Máximo Gómez. Mi abuelito, que murió de ciento y tantos años, me recordaba la última vez que vino Gómez a Baní y cómo lo recibieron a caballo. Me enamoré de esa figura a tal punto que es difícil que me acueste sin leer una carta suya o una página sobre Gómez".

Los orígenes de su interés nacieron en la panadería de la casa de su abuela, donde escuchaba a los panaderos, la mayoría negros, contar cuentos, leyendas, adivinanzas. "Comía, cenaba con ellos, me iba a sus fiestas y de ahí comenzó una vocación por los ancestros y raíces a nivel de identidad", expresa.

Luego partió a estudiar a Brasil. "Allí comencé a tener contacto con el carnaval. Cuando regresé venía con el choque de la vivencia en Brasil, con una visión muy personal de lo que eran las sugerencias africanas y de lo que habían sido mis experiencias con el mundo mágico religioso en Baní". Por eso se fue directamente a hacer dos estudios: un libro sobre un movimiento mesiánico en las montañas de Baní con la experiencia de la curandera Viviana de la Rosa, y otro libro sobre el carnaval.

Una experiencia llamada Convite

Pablo Freyre, la pedagogía de los oprimidos y el movimiento de la cultura popular en Brasil, asegura, influyeron en su visión de la vida, junto a María Bethania, Chico Buarque de Holanda y toda la nueva música popular brasileña. Fue por eso que al entrar como docente en la UASD formó el grupo Convite, con profesores y estudiantes que hacían nueva canción. Se fueron al campo, convivían con los campesinos, recogían sus instrumentos, sus melodías, la lógica, la simbolización, el lenguaje, la oralidad: luego regresaban a la ciudad, recreaban un texto, se ponía música y regresaban al mismo campo a exponerlas a los campesinos en un diálogo que casi siempre les transformaba el texto original. "Esa metodología sigue siendo válida y necesaria", apunta.

Por ser un profesor que tocaba el güiro en el grupo Convite recibía críticas de otros docentes.

"Comencé a conocer de verdad la cultura del pueblo dominicano cuando olvidé todo lo que me enseñaron en la Universidad y aprender Sociología con aquellos que no sabían la Sociología. Los que no sabían leer y escribir me enseñaron la ciencia", afirma.

Es por eso que lleva cuarenta años recorriendo el país y de esos recorridos nació su Atlas Folclórico de la República Dominicana, una obra publicada por Santillana, de la cual dice que el verdadero autor es el pueblo dominicano.

"En estos días estoy como asustado, me están dando muchos homenajes: en Sainaguá, el Festival de Atabales en su quince aniversario me ha sido dedicado. Hace como 29 años di una charla en ese club y les propuse que hiciéramos un festival con esas características. En la Facultad de Ciencias de la Salud develaron una foto mía y le pusieron mi nombre a la Oficina de Planificación y Educación".

Asegura que su mayor formación académica es en el área de la salud. Ha sido asesor de la Oficina Panamericana de la Salud en varios países. Se especializó en la medicina alternativa. "Fue el pueblo quien me dio esos conocimientos, a través de los curanderos".

Señales de lo real maravilloso

"Cuando hablamos de espiritualidad en el Caribe hablamos de la magia. En mi collar cada pieza tiene un color y cada color es una deidad, las 21 divisiones, terminan con dos simbologías africanas que simbolizan occidentalmente San Cosme y San Damián. La pulsa mía está llena de caracoles que es el símbolo del origen de la vida y el origen de la muerte", explica el folclorista.

"Cuando encuentras una casa pintada de rojo con verde simboliza a Belié Bercán, que es San M¡guel, eso significa que el dueño está poniendo su casa bajo la protección de esa deidad. Los rombos en las puertas significan la vida y la muerte, como el caracol", asegura este hombre que simboliza, tal vez sin saberlo, el mismísimo Caribe.

Dagoberto Tejeda

Tiene 62 años. En 1961 partió a Brasil a estudiar Sociología en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro. Autor del Atlas Folclórico de República Dominicana y de Cultura Popular e Identidad Nacional, entre otros libros. En el 2001 recibió el Premio Internacional de la Casa del Caribe, de Santiago de Cuba. En octubre la UASD lo nombró Profesor Meritísimo. Fue presidente de la Comisión Nacional del Carnaval durante 21 años, ahora es su asesor.