La ¿última? noche de "Les Misérables"
El domingo en la noche fue la última función... al menos por ahora, del musical

SANTO DOMINGO. El domingo en la noche, cuando bajó el telón, detrás de esa inmensa tela roja, sobre el escenario de la Sala Principal del Teatro Nacional Eduardo Brito, el gran elenco del musical "Los Miserables" estaba fundido en un solo abrazo y en un mar de lágrimas.
La solidaridad artística pudo más que las pequeñas enviditas y la melosa acritud de los egos; pudo más que las deficiencias de aquel ensayo general del día antes del estreno con la prensa e invitados, en que parecía que sería imposible. Las estrellas son estrellas y siempre están en el firmamento. Y este musical le ha traído muchas cosas buenas a la escena dominicana: demostrar que ya está en la mayoría de edad y que la República Dominicana cuenta con actores, directores, técnicos y creatividad de altísimo nivel. Le descubrió al país nuevos nombres dentro de la escena, como fueron Laura Calderón y Héctor Aníbal Estrella, por solamente citar dos. Le descubrió al país la calidad de Angel Dotel en la escenografía, mucho más allá de lo hecho por él anteriormente.
Le descubrió al país el protagonismo de Nadia Nicola en cuanto a las voces. Gracias a ella muchos pudieron mejorar sus voces y 'sacarse' voces que no sabían que podían hacer. Esta pequeña maga de las cuerdas vocales no hace cantar a quien no tenga voz para ello, pero sí encanta a quien quiera cantar.
La noche del domingo, la actuación final fue impecable, aún cuando Nadia Nicola tomó notas "para nadie, ahora, ¿a quién le doy las instrucciones?", se preguntaba entre lágrimas. "Las guardaré por si hay una próxima actuación", se dijo.
La noche del domingo las actuaciones fueron evidentemente superiores a los demás días. "Es que justo cuando el musical ha madurado, se va del aire", comentó Cecilia Guerra.
El Jean Valjean de Frank Ceara alcanzó un nivel de interiorización que provocó copiosas lágrimas en el actor y cantante cuando finalizó la obra y tuvo que salir a saludar al público.
José Guillermo Cortines fue mucho más Marius la noche del domingo. Y el Javert de Melenciano más recio.
Hoy Cecilia García regresa a Orlando, donde reside; Nurín Sanlley redobla los esfuerzos con su montaje de High School Music y Carolina Rivas sentirá una extraña sensación, entre alegría y tristeza, porque cometió la heroicidad de producir junto a su compañero Luichy Guzmán la obra musical más prestigiosa del mundo: "Los Miserables"; porque ganó muchos amigos que se aliaron a su propuesta, aunque quizás al principio algunos no creyeran que fuese posible.
Tal vez económicamente la obra no haya sido beneficiosa, pero artísticamente pone la pica en Flandes y porque después de tantos meses de entrega al arte, puede concentrarse más en los preparativos del bebé que traerá dentro de seis meses.
La puesta en escena dominicana de "Los Miserables" no debe quedarse en memoria. Ahora que está la Expo de Zaragoza, ninguna promoción mejor para el país que llevar esta puesta dominicana de un clásico mundial. Seguramente serán los mejores dólares invertidos.
La obra merece todo el apoyo del Estado dominicano en cuanto a facilidades para que pueda seguirse poniendo en el Teatro Nacional dentro de poco. Debería ser nombrada de interés nacional por el Congreso de Diputados y si hay por ahí algún tipo de impuesto, ser liberados de estos.
Unas 51 millones de personas en unas 38 mil funciones la han visto: más seis mil aquí.
Ojalá que países como Venezuela, Costa Rica, Colombia, Puerto Rico, Perú, México, Chile, Argentina y muchos otros se interesen en contar con esta puesta que, insisto, no debe quedar solamente en memoria y que marca la mayoría de edad absoluta de las artes escénicas dominicanas.
Alfonso Quiñones
Alfonso Quiñones