VIDEO | La música como salida: Hustle and Flow
En la película de Craig Brewer hay una escena maravillosa donde una emba-razada Shug [Taraji P. Henson] reacciona a escucharse por primera vez cantando en la sala calurosa de la casa de Djay [Terrence Howard] mientras se prepara para grabar su primer sencillo de rap. La reacción de Henson como actriz es definitivamente lo mejor de la escena y tal vez el momento más cinematográfico de toda la película; sin embargo, aquí podemos encontrar mucho más.
Aunque la película sea mejor repre-sentada por sus actuaciones y la perse-verancia que presentan sus personajes, ‘Hustle & Flow' retrata de manera exce-lente cómo la música puede servir como salida y cómo también funciona para contar historias. DJay es un proxeneta que sobrevive el día a día y decide probar suerte con la música cuando su amigo Key [Anthony Anderson] le dice que puede escribir canciones de su experiencia.
La película de Brewer muestra cómo para una persona de barrio la música se puede convertir en una salida. DJay habla en sus canciones de su vida como proxeneta y el día a día con sus putas de la misma forma que los dembowceros locales expresan una malapalabra tras otra para representar lo único que han conocido y está a su alrededor. Sí, la profanación vende pero también es el único mecanismo de comunicación que estos exponentes conocen.
Djay, al igual que los ‘Mozart la Para', ‘Mayor Clásico' o ‘El Alfa', escribe y canta sobre lo que ve y lo que le rodea; algunos lo hacen de manera más elocuente [Vico C es un ejemplo], otros apuestan a lo que sus alrededores les indican que está moda y esperan que eso sea suficiente para salir del entorno en que se encuen-tran. Djay y los dembowceros son una especie de trovadores, sólo que no son los trovadores que cuentan historias que la mayoría de las personas quieren escuchar.
Es esa sala que describe perfectamen-te la lucha de estos trovadores: paredes forradas de cartones de huevos, abanicos apagados para que no se filtre el sonido, el sudor, un sueño y una historia. DJay y los demás deben ser juzgados por las ‘historias' que cuenten posteriormente y no las primeras que hagan porque el mundo en que viven es feo, muy feo, y no puede ser descrito en palabras bonitas. Si no me creen, recordemos el fenómeno que fue Eminem.
Diario Libre
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