La otra carne blanca
La carne de cerdo, para los consumidores habituales de este tipo de proteína animal, podemos asegurarles que es un alimento saludable siempre que se elijan las piezas magras y no se abuse en las cantidades ni en la frecuencia y además es coherente con una dieta equilibrada.
Se le ha etiquetado como la de mayor contenido en colesterol lo cual no es cierto y lo comprobamos comparándola con la de productos muy ricos en colesterol, como la yema de huevo (250 miligramos por unidad); la mantequilla (250 mg/100 g), o el queso seco o semiseco (unos 100 mg/100 g). La carne magra del cerdo contiene entre 60 y 80 miligramos de colesterol por cada 100 gramos, un nivel más bajo que el de algunas carnes de cordero y vaca.
El cerdo posee, además, interesantes propiedades nutritivas, si bien debemos limitar el consumo de despojos y vísceras, como hígado, riñones o sesos, por su elevado contenido de colesterol (entre 300 y 400 miligramos por cada 100 gramos. Su contenido proteico es de aproximadamente 18 a 20 gramos por cada 100 g.
Los cortes de carne de la parte trasera y delantera tienen una gran diferencia en calidad, ya que la primera contiene mayor cantidad de músculos con menos tejido conectivo (colágeno) que dificulta su digestión y absorción.
48 por ciento de los ácidos grasos de la carne de cerdo son monoinsaturados. Es muy útil para el seguimiento de dietas equilibradas por lo dicho anteriormente y porque predomina los ácidos oleicos que contribuyen a bajar el LDLc (colesterol malo) y a ligeramente subir el HDLc o llamado también colesterol bueno.
Junto a la del ganado vacuno, son las carnes de más bajo contenido en purinas lo que favorece el control del ácido úrico.
No contiene ácido fólico. El hierro es hemo que es de muy fácil absorción.
Los cerdos de raza blanca pueden variar su proporción de grasas si se les alimenta con maíz o soja, ricos ambos en grasas insaturadas.
Recomendaciones dietéticas
Eliminar la grasa visible (grasa de cobertura).
Desgrasar, antes y después de la cocción, las carnes en salsa y los caldos. Preparar la carne guisada de víspera, y guardarla en frío para que la grasa solidifique. De esta manera, se podrá eliminar fácilmente la grasa que queda concentrada en la superficie de la salsa o caldos.
Los embutidos que están en la nevera deben sacarse una hora antes de servirlos para que pierdan el frío y recuperen aromas y presencia física.
Las personas con alteraciones de lípidos (hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia) deben consumir exclusivamente carnes magras, incluida la de cerdo, reemplazándolas por pescado con la máxima frecuencia posible.
En caso de hipertensión arterial severa, tenemos que reducir el consumo de carnes en general y eliminar de la dieta embutidos, salazones y adobados, ya que además del sodio de la carne, se les adiciona sal para su conservación. La sal retiene agua, que provoca una elevación de la presión sanguínea.
Se le ha etiquetado como la de mayor contenido en colesterol lo cual no es cierto y lo comprobamos comparándola con la de productos muy ricos en colesterol, como la yema de huevo (250 miligramos por unidad); la mantequilla (250 mg/100 g), o el queso seco o semiseco (unos 100 mg/100 g). La carne magra del cerdo contiene entre 60 y 80 miligramos de colesterol por cada 100 gramos, un nivel más bajo que el de algunas carnes de cordero y vaca.
El cerdo posee, además, interesantes propiedades nutritivas, si bien debemos limitar el consumo de despojos y vísceras, como hígado, riñones o sesos, por su elevado contenido de colesterol (entre 300 y 400 miligramos por cada 100 gramos. Su contenido proteico es de aproximadamente 18 a 20 gramos por cada 100 g.
Los cortes de carne de la parte trasera y delantera tienen una gran diferencia en calidad, ya que la primera contiene mayor cantidad de músculos con menos tejido conectivo (colágeno) que dificulta su digestión y absorción.
48 por ciento de los ácidos grasos de la carne de cerdo son monoinsaturados. Es muy útil para el seguimiento de dietas equilibradas por lo dicho anteriormente y porque predomina los ácidos oleicos que contribuyen a bajar el LDLc (colesterol malo) y a ligeramente subir el HDLc o llamado también colesterol bueno.
Junto a la del ganado vacuno, son las carnes de más bajo contenido en purinas lo que favorece el control del ácido úrico.
No contiene ácido fólico. El hierro es hemo que es de muy fácil absorción.
Los cerdos de raza blanca pueden variar su proporción de grasas si se les alimenta con maíz o soja, ricos ambos en grasas insaturadas.
Recomendaciones dietéticas
Eliminar la grasa visible (grasa de cobertura).
Desgrasar, antes y después de la cocción, las carnes en salsa y los caldos. Preparar la carne guisada de víspera, y guardarla en frío para que la grasa solidifique. De esta manera, se podrá eliminar fácilmente la grasa que queda concentrada en la superficie de la salsa o caldos.
Los embutidos que están en la nevera deben sacarse una hora antes de servirlos para que pierdan el frío y recuperen aromas y presencia física.
Las personas con alteraciones de lípidos (hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia) deben consumir exclusivamente carnes magras, incluida la de cerdo, reemplazándolas por pescado con la máxima frecuencia posible.
En caso de hipertensión arterial severa, tenemos que reducir el consumo de carnes en general y eliminar de la dieta embutidos, salazones y adobados, ya que además del sodio de la carne, se les adiciona sal para su conservación. La sal retiene agua, que provoca una elevación de la presión sanguínea.
Diario Libre


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