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Los esguinces

El tratamiento implica casi siempre el reposo de la articulación dañada para facilitar su recuperación sin que pierda propiedades uncionales.

Las articulaciones deben tener una adecuada movilidad que permita el juego entre huesos para la que está desarrollada y diseñada por la naturaleza, y a la vez poseer cierta firmeza que de estabilidad a la extremidad o zona del cuerpo en la que está presente. Estas propiedades se consiguen en gran parte gracias a la presencia de ligamentos que sujetan y abrazan la articulación permitiendo a la vez su movimiento.

Se produce un esguince cuando una articulación es forzada por encima de sus posibilidades, de forma crónica o brusca. De esta forma los ligamentos sufren una tracción excesiva que puede generar desgarros o con cierta frecuencia una reacción inflamatoria. Es un problema habitual en el deporte pero que muchas veces acontece en la vida ordinaria. Son muy frecuentes los esguinces de tobillo, debido que es una articulación formada por varios huesos permitiendo el juego de la pierna sobre el pie con la necesaria estabilidad debido a la presión que soporta (proveniente del peso corporal que se debe distribuir en un 50% a cada extremidad).

Es habitual que el esguince se produzca de forma brusca cuando la articulación sufre un movimiento imprevisto excediéndose los límites de movilidad y presión, bien por que se haya producido ese movimiento por extensión o flexión, o por rotación. Siguiendo con el tobillo, es frecuente sufrir un esguince al dar un "mal paso" como sucede al subir un bordillo o meter el pie en un hoyo, fundamentalmente si se presenta este accidente de forma inesperada. En el deporte sucede este problema cuando se llega al límite en el uso de las articulaciones implicadas en la realización de una determinada actividad.

El dolor es típico de este problema, un dolor agudo cuando el esguince se produce bruscamente. Ese dolor puede remitir a continuación pero cuando la articulación se "enfría" reaparece incluso con mayor intensidad. En estos casos junto al dolor aparece una reacción inflamatoria con un aumento del tamaño y la temperatura de la articulación dañada. Ese derrame suele aumentar sobre todo cuando no se hace reposo o la actividad sigue siendo inadecuada para el estado de la articulación. Puede aparecer un hematoma si la lesión de los ligamentos es tan importante que llega a generar la ruptura de los mismos. El esguince crónico aparece de forma recidivante, con dolor e impotencia funcional siendo importante la laxitud que sufre la articulación lesionada.

Es preciso realizar un examen de la articulación afectada, comprobando el alcance de la lesión para tratar de determinar si sólo han resultado afectadas las partes blandas o también se ha producido una lesión ósea (fractura o aplastamiento). Se comprobará también en que medida se ve comprometida la movilidad de esa articulación y como puede afectar esa limitación a otras articulaciones que intentarán compensar ese problema. El estudio radiológico en reposo o adoptando determinadas posiciones puede ayudar a valorar el alcance de la lesión.

El tratamiento implica casi siempre el reposo de la articulación dañada para facilitar su recuperación sin que pierda propiedades funcionales. Esa inmovilización se consigue utilizando vendas o aparatos ortopédicos como férulas. Además suelen emplearse fármacos que reduzcan la inflamación vía oral o mediante aplicación tópica. También puede ser útil emplear frío que ayuda a reducir la inflamación.

Conviene acudir a un servicio médico cuando la lesión impida cualquier movimiento, o si aparecen signos externos que sugieren un daño importante con desgarro de ligamentos o lesión de partes óseas (fracturas).

Dr. Javier Lavilla
Especialista de la Clínica
Universitaria de Navarra