Última parada, Roma
Roma me sienta bien. No huele a pizza ni a espaguettis.

Fiumichino. ¿Cómo se dice? Cuando uno viaja de un país a otro y tiene que aprender a pronunciar nuevos idiomas, los músculos de la boca se divierten. En Madrid, la boca completamente abierta. En París apretaba un poco los labios, casi cerrándolos, y ahora en Roma hago como que pito fuifuiooo. No entendernos es la consigna.
Roma es mi tercera ciudad, me siento cosmopolita. Puedo hablar con sentido de mundo. Recordaré algún día mi experiencia recorriendo las suburbios de París o las estrechas calles del Madrid de los Austrias y poner cara de "he vivido".
Roma me sienta bien. La respiro y no huele ni a pizza ni a espaguettis. Admiro unos aunténticos clones de Sofía Loren que se pasean exhuberantes por la Vía Venetto. Presiento que me enamoraré en esta ciudad eterna donde sus ruinas nos hablan de una civilización que conquistó al mundo. Todo el ambiente invita a dejarse envolver por la historia y sumergirse en ella. Roma, la ciudad de las siete colinas y los 27 puentes que aún no he contado. Estar aquí me conmueve, me emociona, Los apóstoles Pedro y Pablo fueron los primeros cristianos que llegaron a esta ciudad. Hoy la Plaza de San Pedro en el Vaticano, rodeada de columnas y estatuas, me susurra secretos. Visito las catacumbas donde por muchos años se reunían aquellos que seguían a Cristo. Ver al Papa, imposible. Paulo Sexto está de vacaciones en Castelgandolfo. Escucho a Domenico Modugno cantar "Nel blu dipinto di blu". Un guía explica mientras es seguido por una docena de turistas … "el Coliseo, llamado también Anfiteatro Flavio, fue construido en el año 72 por Vespasiano. Una obra maestra de la arquitectura clásica, peleas entre hombres y bestias, gladiadores…"
Dicen que si lanzas una moneda en la Fontana di Trevi regresas a Roma. Selecciono mis liras y las lanzo de espaldas al Océano en su carro. Lo del Foro Romano es imponente, lo recorro lentamente, imagino la vida en este centro de vida pública de la Roma antigua. La Curia, sede del Senado, el Arco de Tito, la tumba de Rómulo, los templos de César y Saturno, la Sacra Vía y la Basílica de Constantino.
¿Dónde queda la Plaza de España? Cuento 137 escalones y llego a la Iglesia de la Trinita del Monti. Desde aquí contemplo un mar de turistas, algunos sentados otros de pie, que cual hormigas se pasean o toman el sol. ¡Cuánto me gusta Roma! Hurgo en mis bolsillos, saco otro puñado de liras y corro de nuevo a la Fontana de Trevi. Cierro los ojos mientras mis monedas caen en la fuente.
Cuando doy la espalda una mano rápida las saca, las seca y sonríe a los turistas.
Roma es mi tercera ciudad, me siento cosmopolita. Puedo hablar con sentido de mundo. Recordaré algún día mi experiencia recorriendo las suburbios de París o las estrechas calles del Madrid de los Austrias y poner cara de "he vivido".
Roma me sienta bien. La respiro y no huele ni a pizza ni a espaguettis. Admiro unos aunténticos clones de Sofía Loren que se pasean exhuberantes por la Vía Venetto. Presiento que me enamoraré en esta ciudad eterna donde sus ruinas nos hablan de una civilización que conquistó al mundo. Todo el ambiente invita a dejarse envolver por la historia y sumergirse en ella. Roma, la ciudad de las siete colinas y los 27 puentes que aún no he contado. Estar aquí me conmueve, me emociona, Los apóstoles Pedro y Pablo fueron los primeros cristianos que llegaron a esta ciudad. Hoy la Plaza de San Pedro en el Vaticano, rodeada de columnas y estatuas, me susurra secretos. Visito las catacumbas donde por muchos años se reunían aquellos que seguían a Cristo. Ver al Papa, imposible. Paulo Sexto está de vacaciones en Castelgandolfo. Escucho a Domenico Modugno cantar "Nel blu dipinto di blu". Un guía explica mientras es seguido por una docena de turistas … "el Coliseo, llamado también Anfiteatro Flavio, fue construido en el año 72 por Vespasiano. Una obra maestra de la arquitectura clásica, peleas entre hombres y bestias, gladiadores…"
Dicen que si lanzas una moneda en la Fontana di Trevi regresas a Roma. Selecciono mis liras y las lanzo de espaldas al Océano en su carro. Lo del Foro Romano es imponente, lo recorro lentamente, imagino la vida en este centro de vida pública de la Roma antigua. La Curia, sede del Senado, el Arco de Tito, la tumba de Rómulo, los templos de César y Saturno, la Sacra Vía y la Basílica de Constantino.
¿Dónde queda la Plaza de España? Cuento 137 escalones y llego a la Iglesia de la Trinita del Monti. Desde aquí contemplo un mar de turistas, algunos sentados otros de pie, que cual hormigas se pasean o toman el sol. ¡Cuánto me gusta Roma! Hurgo en mis bolsillos, saco otro puñado de liras y corro de nuevo a la Fontana de Trevi. Cierro los ojos mientras mis monedas caen en la fuente.
Cuando doy la espalda una mano rápida las saca, las seca y sonríe a los turistas.
Diario Libre
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