Mambo, fuego a la lata y un ser llamado Arturo Sandoval
El trompetista elogió el desempeño de la Santo Domingo Jazz Big Band; quiere grabar disco con la orquesta, pero de merengues con jazz

Santo Domingo. Iván Fernández, el feliz empresario dueño de Sky Productions, acaba de cometer una de las más hermosas locuras de las últimas décadas en el mundo del jazz: apostar a una Big Band que invite, por primera vez, a una figura como la leyenda Sandoval y que todo eso ocurra en... Santo Domingo.
La noche del sábado, Arturo Sandoval había terminado el sound check momentos antes de que abrieran las puertas del Teatro la Fiesta, en el hotel Jaragua. Y no se retiró a su habitación, sino que se quedó escuchando el desempeño de la Santo Domingo Jazz Big Band, algo que parece el rescate de una especie desaparecida.
Había llegado al país la tarde del viernes, después de un viaje que le hizo parecer que Santo Domingo estaba en Rusia. Así que no hubo mucho ensayo, pero eso sí mucha maestría de parte y parte y mucho ángel concentrado.
Los primeros ocho temas del concierto fueron asumidos por la Santo Domingo Jazz Big Band de Pengbian Sang y Crispín Fernández.
Lousiana se hizo presente con los compases de "Jacob Jones" y desde el primer momento fue Remy Taveras, el baterista, quien llevó las pulsaciones de la banda, asegurando todo el tiempo el ritmo, con un sentido metronómico de las baquetas y los parches. Lástima que en ningún momento de la noche hiciera un solo de batería. Quizás sea que siendo como es músico de la Orquesta Sinfónica, sea un gran instrumentista y no un improvisador.
La orquesta está compuesta por excelentes músicos y fue reforzada para la ocasión con Miguel Montás, en los timbales, y con Chocolate, en los bongóes, ambos como invitado especiales.
"A few good men", "Freckle face", "Servilio Chachachá", "Swing street", "I found a new baby", el clásico "Ornitology" de Charlie Parker y "Magic flea", sirvieron de plataforma para poder asumir el reto de la dirección de Arturo Sandoval, quien además tocó su trompeta y deleitó con los timbales.
El mambo ha regresado
Arturo Sandoval hizo que la Santo Domingo Jazz Big Band sonara con exactitud casi absoluta como la gran orquesta de Dámaso Pérez Prado, el hombre que, según cuenta la leyenda -no se sabe si cierta- llegó una vez al país invitado por Petán Trujillo y fue apresado en el aeropuerto al no traer su banda. "¿Y Uds. creen que con los músicos que hay aquí uno necesita traerlos de afuera? ¡Déme unas horas y verá cómo suenan!", dice que dijo. En el concierto que dio nadie notó que eran músicos dominicanos. Falsa o cierta, la anécdota no hace más que hablar de una tradición que corroboró la noche del sábado el ganador de cuatro Grammy.
"Inhumano, extraterrestre", le gritaba alguien a Sandoval cuando el cubano alcanzaba las notas más altas, esas que le han convertido en un trompetista universal.
Pasó del "Funky chacha" con solos de Arturo y Sandy Gabriel, "Mambo a la Kenton", "Mambo No. 8", hasta "Mambo No. 5", con el que cerró, innecesario ya después de haber logrado el momento más alto con "Mambo caliente", parte del sound track de la película "Los Reyes del Mambo", sobre la cual contó una sabrosa anécdota, y "Perdido", un merengue jazz muy agradecido que, después, en el camerino, hizo expresar a Sandoval estar dispuesto a grabar un disco con merengues en ese tipo de arreglos, junto a la orquesta.
Dentro de la orquesta hay que destacar, además del extraordinario set de percusión, los aportes de los metales, encabezados por Sandy Gabriel, en el saxo, así como de Crispín y los momentos de empaste absoluto logrados por los saxos en algunos pasajes de mambos que llevaron al público de cabeza a los años 50.
Sandoval lamentó que no se hubiese grabado en video el concierto. Del merengue, dijo, "es riquísimo, con una fuerza increíble".
Antes había dicho: "Deben sentirse muy orgullosos de esta orquesta". Y ya se sabe que él no es dado a adular a nadie. Así que además de contar con una orquesta que, de ser debidamente cuidada, dará mucho que agradecer.
Señores, ¡el mambo ha regresado!
La noche del sábado, Arturo Sandoval había terminado el sound check momentos antes de que abrieran las puertas del Teatro la Fiesta, en el hotel Jaragua. Y no se retiró a su habitación, sino que se quedó escuchando el desempeño de la Santo Domingo Jazz Big Band, algo que parece el rescate de una especie desaparecida.
Había llegado al país la tarde del viernes, después de un viaje que le hizo parecer que Santo Domingo estaba en Rusia. Así que no hubo mucho ensayo, pero eso sí mucha maestría de parte y parte y mucho ángel concentrado.
Los primeros ocho temas del concierto fueron asumidos por la Santo Domingo Jazz Big Band de Pengbian Sang y Crispín Fernández.
Lousiana se hizo presente con los compases de "Jacob Jones" y desde el primer momento fue Remy Taveras, el baterista, quien llevó las pulsaciones de la banda, asegurando todo el tiempo el ritmo, con un sentido metronómico de las baquetas y los parches. Lástima que en ningún momento de la noche hiciera un solo de batería. Quizás sea que siendo como es músico de la Orquesta Sinfónica, sea un gran instrumentista y no un improvisador.
La orquesta está compuesta por excelentes músicos y fue reforzada para la ocasión con Miguel Montás, en los timbales, y con Chocolate, en los bongóes, ambos como invitado especiales.
"A few good men", "Freckle face", "Servilio Chachachá", "Swing street", "I found a new baby", el clásico "Ornitology" de Charlie Parker y "Magic flea", sirvieron de plataforma para poder asumir el reto de la dirección de Arturo Sandoval, quien además tocó su trompeta y deleitó con los timbales.
El mambo ha regresado
Arturo Sandoval hizo que la Santo Domingo Jazz Big Band sonara con exactitud casi absoluta como la gran orquesta de Dámaso Pérez Prado, el hombre que, según cuenta la leyenda -no se sabe si cierta- llegó una vez al país invitado por Petán Trujillo y fue apresado en el aeropuerto al no traer su banda. "¿Y Uds. creen que con los músicos que hay aquí uno necesita traerlos de afuera? ¡Déme unas horas y verá cómo suenan!", dice que dijo. En el concierto que dio nadie notó que eran músicos dominicanos. Falsa o cierta, la anécdota no hace más que hablar de una tradición que corroboró la noche del sábado el ganador de cuatro Grammy.
"Inhumano, extraterrestre", le gritaba alguien a Sandoval cuando el cubano alcanzaba las notas más altas, esas que le han convertido en un trompetista universal.
Pasó del "Funky chacha" con solos de Arturo y Sandy Gabriel, "Mambo a la Kenton", "Mambo No. 8", hasta "Mambo No. 5", con el que cerró, innecesario ya después de haber logrado el momento más alto con "Mambo caliente", parte del sound track de la película "Los Reyes del Mambo", sobre la cual contó una sabrosa anécdota, y "Perdido", un merengue jazz muy agradecido que, después, en el camerino, hizo expresar a Sandoval estar dispuesto a grabar un disco con merengues en ese tipo de arreglos, junto a la orquesta.
Dentro de la orquesta hay que destacar, además del extraordinario set de percusión, los aportes de los metales, encabezados por Sandy Gabriel, en el saxo, así como de Crispín y los momentos de empaste absoluto logrados por los saxos en algunos pasajes de mambos que llevaron al público de cabeza a los años 50.
Sandoval lamentó que no se hubiese grabado en video el concierto. Del merengue, dijo, "es riquísimo, con una fuerza increíble".
Antes había dicho: "Deben sentirse muy orgullosos de esta orquesta". Y ya se sabe que él no es dado a adular a nadie. Así que además de contar con una orquesta que, de ser debidamente cuidada, dará mucho que agradecer.
Señores, ¡el mambo ha regresado!
Alfonso Quiñones
Alfonso Quiñones