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Melodrama y tradición bajo la misma luna

La cinta ensancha las posibilidades expresivas de una tradición fílmica

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Melodrama y tradición bajo la misma luna
Adrián Alonso y Eugenio Derbez en una escena de la aplaudida película mexicana.

SANTO DOMINGO. En las artes audiovisuales es habitual confundir el melodrama con el drama romántico. Lo propio del primero, como su raíz etimológica lo indica, es la preeminencia de la música, en específico de canciones, que aportan significado dramático a un relato en particular. Estamos frente a un melodrama cuando se apela al sentimentalismo y en rigor a las lágrimas del espectador, a través de la sensibilización que permite la música. Otra característica de este tipo de narrativa lo constituye su habitual subvaloración desde las élites intelectuales.

El melodrama charro

En la industria cinematográfica americana quienes más han incursionado en el melodrama son los productores mexicanos. La temprana apuesta por un cine para las masas es ya toda una tradición en la nación azteca y en ella el drama con canciones es pieza fundamental.

En este tipo de relatos ocupa un lugar preferencial el drama familiar. La disgregación de la familia es tema presente en muchas películas. La migración del campo a la ciudad y más tarde el éxodo hacia la tierra prometida tras la frontera con los Estados Unidos de Norteamérica, son situaciones ya comunes en el cine mexicano. Tal es el fondo cultural y social del filme "La misma luna", tercera película de la directora y productora mexicana Patricia Rigen, que entre tanta superproducción pone la nota diferente en nuestra cartelera.

Una historia de madre e hijo

En la búsqueda de un futuro mejor, muchas personas emprenden un arriesgado viaje para cruzar la frontera hacia el primer mundo. En América, son los llamados "coyotes" quienes guían a miles de personas a través del camino ilícito de la frontera con Estados Unidos. Aquellos que logran llegar con vida conforman una gran fuerza laboral, siempre expectante a los cambios políticos que puedan variar su situación. El anhelo del inmigrante ilegal, es convertirse en ciudadano para no sufrir diariamente el miedo de ser deportado y retornar a la pobreza y el desempleo.

Rosario es una inmigrante ilegal en Los Ángeles, que ha dejado a su único hijo al cuidado de su madre en México hace ya varios años, sin perder comunicación con ellos y proveyéndoles lo necesario desde el extranjero. Tiene varios trabajos, ahorra el dinero para pagar un abogado que la transforme en ciudadana y así cumplir el sueño de reunirse con su hijo de nueve años. Carlitos añora el retorno de la madre contando los días para su regreso. Está encargado de cuidar a su abuela enferma, ir a la escuela y además trabaja como intérprete en un negocio ilegal de trasiego de personas.

Cuando la abuela del niño muere, éste debe tomar una decisión, vivir con la familia de su padre o tener la aventura de su vida y salir en búsqueda de su mamá. Movido por el amor a su madre, toma sus ahorros y cruza la frontera.

Gran intérprete, buen guión, buena experimentación

Carlitos, interpretado por Adrián Alonso, tendrá muchas aventuras, vivirá experiencias inigualables y hasta conocerá a Los Tigres del Norte, famoso grupo de música ranchera mexicana. Este pequeño actor logra con carisma y una excelente actuación llevarnos de emoción en emoción e involucrarnos en su viaje, fruto de un ingenioso guión, quizás lo mejor de este filme de producción independiente y bajo presupuesto.

Escrita y dirigida por mujeres, es una película especial y diferente, en la cual la relación madre e hijo es el motor principal de la acción; son dos seres que no serán felices hasta que estén juntos.

Su estructura narrativa está basada en un montaje alterno de historias paralelas que se entrecruzan. Buen dominio de la narración audiovisual demuestra la directora, logrando momentos altos cuando se atreve a experimentar con los recursos del lenguaje cinematográfico, en especial cuando altera el espacio fílmico uniendo mágicamente las dos historias. Es además un buen ejemplo de como la tradición narrativa de un pueblo se encuentra con las nuevas generaciones que le aportan elementos y ensanchan sus posibilidades expresivas.

Recomendable para el fin de semana con la familia y para que no se nos atrofie el sistema lagrimal, que de vez en cuando bien vale hacerlo funcionar. Como colofón y para los melómanos, también permite comprender más a fondo las canciones mexicanas de compositores tales como Marco Antonio Solís.

La misma luna

México, 2008. 106 minutos.

Dirección: Patricia Riggen

Guión: Ligiah Villalobos

Música: Carlo Siliotto

Fotografía: Checco Varese

Intérpretes:

Kate del Castillo

Eugenio Derbez

Adrián Alonso

Isaac Bravo

Ernesto D'Alessio

Los Tigres del Norte