Miedo al fracaso
Dificultades en el aprendizaje, déficit de atención, problemas de comprensión o memoria muy baja son algunas de las causas que hacen que nuestros hijos tengan un bajo rendimiento escolar y fracasen.

Debes saber que el problema detectado a tiempo tiene solución. A veces, ni siquiera hace falta la intervención de un especialista. Lo importante es que no te aferres a la idea de que todo está bien, y de que aceptes una realidad, para muchos padres, muy dolorosa, y es que tú hijo no tiene por qué ser un haragán o un sinvergüenza, sino que tiene un problema y necesita de tú ayuda. Una puerta cerrada para un niño con bajo rendimiento escolar puede terminar en deserción o en el desarrollo de un profesional mediocre, que logró llegar hasta allí dando pasitos muy cortos a cierto nivel, no porque no quiso sino porque no tuvo la oportunidad de desarrollar todas sus destrezas.
Ruth Brito, terapeuta del aprendizaje y del lenguaje, lo sabe muy bien, pues cada año atiende a un gran número de niños con este problema. Por eso recalca que cuando esperamos mucho tiempo para buscar una solución permitimos que se creen vicios en el niño que hacen que sea mucho más difícil distinguir la causa. "El fracaso escolar está asociado al bajo rendimiento que hace que el niño pierda la motivación hacia la escuela y que no pueda desarrollarse adecuadamente. Otras veces es el sistema educativo el que influye, y ahí están incluidos los maestros, que no son adecuados y no permiten al niño desarrollarse en la medida de sus posibilidades porque lo limitan o marginan, y la escuela como planta física, que no siempre cumple las condiciones adecuadas. Pero también puede ser porque es un niño tímido o retraído o porque el propio sistema familiar tiene problemas que están influyendo directamente en su aprendizaje".
Cómo detectarlo.
Para la terapeuta es clave la intervención de la familia o de la escuela. Porque si tú como mamá o papá responsable te sientas con tu hijo en algún momento del día a hacer una tarea o a hablar sobre lo que aprendió en el colegio te vas a dar cuenta si puede asimilar contenidos, retener información o recordar algunas cosas, si es capaz de leer una información de uno de sus libros, contestarte preguntas sobre eso y medir su nivel de comprensión.
Antes de los cinco años no se puede hablar de problemas del aprendizaje que causan un bajo rendimiento escolar, porque no es hasta esa edad cuando nuestros niños comienzan a introducirse en el proceso de lecto-escritura y en la iniciación al cálculo. La alarma debe saltar, según Brito, cuando al niño se le dificulta reconocer fonemas o vocales, identificarlos, y posteriormente escribirlos y leerlos o si no adquiere la destreza de saber calcular, de conocer los números, de sumar o de restar. "Es necesario mover los sistemas (familia, colegio) y detectar la causa, si a pesar de esto el problema continúa, ya hay que salir y recurrir a la ayuda profesional". El proceso de recuperación es lento y no tiene una fecha límite. Siempre va a depender de la capacidad del pequeño y de la disponibilidad de los padres. Eso sí, debe ser constante. Nada de interrupciones. No tiene porque apartar al pequeño de su rutina escolar y sus maestros deben estar informados para que reciba una mayor atención. "Hay que darle un trato diferente, quizás las demandas que no sean tan altas como para los otros niños, porque su capacidad no le da. Vamos a llevarlo hasta el límite donde él pueda ser capaz y hasta el límite donde el puede ser excelente hasta que vayamos superando las dificultades", explica la terapeuta.
Sólo un consejo más: Los papás deben estar abiertos a que cualquier niño pueda llegar a tener en un momento alguna dificultad.
Ruth Brito, terapeuta del aprendizaje y del lenguaje, lo sabe muy bien, pues cada año atiende a un gran número de niños con este problema. Por eso recalca que cuando esperamos mucho tiempo para buscar una solución permitimos que se creen vicios en el niño que hacen que sea mucho más difícil distinguir la causa. "El fracaso escolar está asociado al bajo rendimiento que hace que el niño pierda la motivación hacia la escuela y que no pueda desarrollarse adecuadamente. Otras veces es el sistema educativo el que influye, y ahí están incluidos los maestros, que no son adecuados y no permiten al niño desarrollarse en la medida de sus posibilidades porque lo limitan o marginan, y la escuela como planta física, que no siempre cumple las condiciones adecuadas. Pero también puede ser porque es un niño tímido o retraído o porque el propio sistema familiar tiene problemas que están influyendo directamente en su aprendizaje".
Cómo detectarlo.
Para la terapeuta es clave la intervención de la familia o de la escuela. Porque si tú como mamá o papá responsable te sientas con tu hijo en algún momento del día a hacer una tarea o a hablar sobre lo que aprendió en el colegio te vas a dar cuenta si puede asimilar contenidos, retener información o recordar algunas cosas, si es capaz de leer una información de uno de sus libros, contestarte preguntas sobre eso y medir su nivel de comprensión.
Antes de los cinco años no se puede hablar de problemas del aprendizaje que causan un bajo rendimiento escolar, porque no es hasta esa edad cuando nuestros niños comienzan a introducirse en el proceso de lecto-escritura y en la iniciación al cálculo. La alarma debe saltar, según Brito, cuando al niño se le dificulta reconocer fonemas o vocales, identificarlos, y posteriormente escribirlos y leerlos o si no adquiere la destreza de saber calcular, de conocer los números, de sumar o de restar. "Es necesario mover los sistemas (familia, colegio) y detectar la causa, si a pesar de esto el problema continúa, ya hay que salir y recurrir a la ayuda profesional". El proceso de recuperación es lento y no tiene una fecha límite. Siempre va a depender de la capacidad del pequeño y de la disponibilidad de los padres. Eso sí, debe ser constante. Nada de interrupciones. No tiene porque apartar al pequeño de su rutina escolar y sus maestros deben estar informados para que reciba una mayor atención. "Hay que darle un trato diferente, quizás las demandas que no sean tan altas como para los otros niños, porque su capacidad no le da. Vamos a llevarlo hasta el límite donde él pueda ser capaz y hasta el límite donde el puede ser excelente hasta que vayamos superando las dificultades", explica la terapeuta.
Sólo un consejo más: Los papás deben estar abiertos a que cualquier niño pueda llegar a tener en un momento alguna dificultad.
Diario Libre
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