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Miguel Batista

"El béisbol me dio la oportunidad de convertirme en estudiante"

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Miguel Batista
"Ante los ojos de la Ley" es una pequeña ventana que le permitirá a la gente ver al hombre detrás del uniforme que pocos tienen la oportunidad de conocer. "En béisbol se pasa mucho, tanto dentro como fuera del terreno, además, tienes que pasar el
Aún conserva inédito "Dos corazones y un destino", novela que escribió a los 16 años de edad. "Sentimientos en blanco y negro", el libro de poemas que publicó en el año 2000, vendió ocho mil copias y le valió el sobrenombre de "El poeta".

Ahora, sorprende con "Ante los ojos de la ley", novela de ficción, de 352 páginas, que publica bajo el amparo del Grupo Editorial Norma, ocasión que aprovechamos para conocer sobre la obra y el ser humano que esconde el uniforme de los Diamonds Back de Arizona y que, pese a sus compromisos en Grandes Ligas, encuentra espacio para la lectura, para escribir, para ejercer como analista de béisbol de ESPN, atender una fundación y sus propios negocios.

¿Qué ofrece al lector "Ante los ojos de la ley"?

Se trata de una novela de ficción donde hago un relato policíaco sobre la búsqueda de un asesino perseguido desde hace tiempo, que nos lleva hasta un niño de 14 años. El libro trata el caso de la Corte, la investigación para determinar si en realidad el niño es el criminal que buscamos, porque fueron asesinatos horrendos. "Ante los ojos de la ley" pone en manos del lector el auto juicio sobre lo que en verdad es y debería ser la justicia.

¿Por qué si a los 16 años escribió un novela aún inédita, este es el primer libro del género que publica?

Yo escribo para mí y ese libro lo escribí a los 16 años sin intención de hacerlo público. "Ante los ojos de la ley" es diferente. Aunque también lo escribí para mí, había asumido un compromiso con Editorial Norma.

¿Confía en que con este género conquistará más lectores que con las poesías?

Es lo que llega a la gente que le gusta el entretenimiento. Este es un libro fácil de leer y muy entretenido porque lleva al lector a lo que siempre se ha buscado: la incógnita que hay detrás de cada asesinato. Deja también una enseñanza sobre lo que irónicamente conocemos como sistema penal. La ley está hecha para armonizar las diferencias entre los seres humanos, pero muchas veces lo que dice la ley no se corresponde con la justicia.

¿El argumento tiene una base real?

La historia es ficticia. Hay eventos que sí fueron reales y que entrelacé con la ficción como forma de proyectar la realidad y dejar un aprendizaje en el lector, porque creo, como decía mi abuelita, que "no hay mejor experiencia que la que ve vivir a los otros, porque tú aprendes y no te duele". Ella que fue muy pocos años a la escuela decía que era la razón por la que Jesucristo usaba las parábolas: es más fácil hacerle ver a la gente la culpa en la vida de otros que en la de ellos mismos". Por eso, apelo a la autoconsciencia, que cada quien se juzgue sin necesidad de ser señalado con el dedo.

Sus palabras traslucen cierta desconfianza en la justicia, ¿cierto?

En la justicia en realidad no, en la ley sí. La justicia es innegable, como la verdad. Muchas veces en Derecho no es lo que tú sepas, sino lo que puede probar. Se puedes tener la certeza de que el cliente es inocente, pero si no puede probarlo, sabes de antemano que vas a perder el caso. Entonces, ante los ojos de la ley, se forma un escenario muy sensible, en el que se enfrenta la fe contra los hechos, en la búsqueda de una mejor sociedad.

Es la novela, o ¿siente un interés especial por el Derecho?

A mí siempre me ha gustado conocer la ley; el que no conoce sus derechos no sabe cuándo se los están quitando. Muchas veces hay que pagar un precio. Mi abuela muchas veces me citó a Mahatma Gandhi cuando decía que Jesucristo fue la viva representación de que el hombre que no está dispuesto a morir por lo que dice, verdaderamente no cree en lo que está diciendo.

Usted cita a su abuela con frecuencia, ¿lo marcó tanto su enseñanza?

Mi abuela era un gurú de barrio. Se llamaba María Jesurún. Mi vida alrededor de ella fue como una miniserie, que comenzaba todos los días después que yo llegaba de la escuela.

¿Creció junto a ella?

Tuve más roce con mi abuela cuando ya discernía. Gracias a Dios, ella llegó a mi vida en el momento más oportuno. Siempre he sido muy curioso, pero la mía era una curiosidad sana, porque yo cuestionaba mayormente los funcionamientos de la vida, al hombre y al mundo. Cuando empiezas a buscar preguntas y el porqué de las cosas, casi siempre encuentras razones que generan más preguntas. En ese momento se empezó verdaderamente a alimentar en mí el demonio de querer saber.

Y ahí estaba ella, para saciar sus inquietudes…

Mi abuelita me proporcionó las más grandes enseñanzas. Ella representaba ese personaje sabio de campo al que le basta ver a un amigo para saber que no nos conviene y cuya autoridad uno no cuestiona, no sólo por su carácter sino por su sabiduría. Ella siempre me decía: "cuando yo te diga, sal del agua es porque estoy viendo el tiburón". A través de ella supe que la verdadera educación del hombre no está en los libros sino en el deseo de saber. Pude comprobar luego, que en la escuela siempre fui un alumno, pero nunca un estudiante. Después que me convertí en jugador de béisbol, que tuve que salir de mi casa y empezar a ver las cosas desde un punto de vista diferente, me convertí en estudiante de lo que yo conocía como mundo y sociedad.

¿Era su abuela materna?

No. Ella fue la abuela que me regaló la vida. A la mamá de mi papá la vi dos veces y la de mi mamá siempre estuvo ahí. Pero esta señora a la que me refiero, cuidó de mi hermano y de mí cuando mi madre iba al trabajo. Yo crecí con ella, que fue y sigue siendo mi abuelita, yo le llamaba así. Era una señora mayor, una de esas personas que la vida te pone en el camino por alguna razón. María Jesurún y María Jeréz, mi abuela materna, coincidían en el nombre y el mismo espíritu pero tenían sabidurías diferentes. Ella que me decía que los grandes hombres supieron siempre el día que iban a morir, me dijo el 22 de enero de 2001, antes de irme a Miami: "A que te van a llamar y te van a decir que me morí". Como no estaba enferma le dije que estaba relajando y me respondió: "Ya mi misión se cumplió". A los dos meses justo, el 22 de marzo, a las 4:00 de la tarde, murió.

¿Cuál es el resultado de haber crecido en un matriarcado?

Mi abuelita me enseñó a ser quien soy y mi abuela materna fue, igual que mi mamá, un ejemplo de trabajo increíble. Durante una visita a una escuela en Arizona, un niño me preguntó cuál era mi héroe cuando chiquito, que cómo quién quería ser cuando creciera. Le dije: aunque te parezca extraño, cuando yo tenía tu edad, lo único que quería era ser como el mayor y más grande ser humano que he conocido en mi vida, que es mi mamá, que tenía 16 años cuando yo nací y se fajó a criarme a mí y a mi hermanito sola.

Volviendo a la novela, ¿Cuánto hay en ella del autor?

Siempre he dicho a los periodistas que verán a seres humanos diferentes a los que, sin conocer, acostumbran a juzgar, el día que tengan tiempo de conocer al ser humano que hay detrás del uniforme, fuera del ambiente y la presión sicológica que provoca un estadio, con la presión del fanático y del equipo contrario que utiliza la intimidación como una de las armas más poderosas.

Pero los jugadores no muestran interés en dejarse conocer, incluso muchas veces parecen odiar a la prensa…

El problema es que muchos periodistas que en un momento u otro han tenido ataque de fanatismo, porque son fanáticos de los equipos y luego periodistas, atacan a ciertos jugadores y el día que van a entrevistarlo quieren que el jugador se olvide de lo que dijeron de él. Un gran jugador me enseñó que el atleta tiene dos imágenes, la que te dan tus habilidades frente a tus compañeros y la que te da la prensa frente a los ojos de la humanidad. Y casi siempre los dos son muy diferentes.

¿Cómo califica su anterior experiencia editorial?

Copié "Sentimientos en blanco y negro", libro de poemas y primero que publiqué, de forma muy limitada, para algunos amigos. Cuando llegué a Arizona, los norteamericanos quisieron explotarlo, lo editaron y vendieron 8,000 copias en el estadio.

Muchos peloteros criollos tienen orígenes muy humildes, ese no parece ser su caso…

Casi siempre me encuentro con el dilema de explicarles a los norteamericanos que están equivocados si piensan encontrar en mí la típica historia de la Cenicienta. Yo no vendía leche en un burro como Vladimir Guerrero, ni limpiaba zapatos como Sammy Sosa. Yo vengo de una clase media baja si puede decirse, del hogar de una madre soltera por muchos años, que trabajaba muy duro para mantenerme a mei y a mi hermanito y para que fuéramos al colegio yo iba a la universidad cuando fui firmado. Conmigo no van a hacer cuentos tristes.

¿Cuántos años en el béisbol?

En el béisbol profesional 18, en Grandes Ligas casi nueve.

¿Cuántos cree que le quedan?

Quiero que mi caso sea como el de nuestra gloria, Julio Franco. Él dice que tiene 48 años, y todavía está jugando. Es, además de buen jugador, un maestro, tanto para los que juegan con él como para los que juegan en su contra.