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Miguel bosé, el cantante más bandido

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Miguel bosé, el cantante más bandido
Sigue despertando tantas pasiones como cuando movía las caderas al ritmo de "Don Diablo" allá por los años ochenta. A pesar de que acaba de cumplir medio siglo, Miguel Bosé no ha perdido ni una pizca de magnetismo. Nadie como él para mantener ese halo de misterio y lidiar con el inevitable paso del tiempo.

Andrógino, ambiguo e impenetrable, el artista que nació bajo el signo de Caín, siempre ha mantenido una postura firme ante lo que le disgusta y lo que rechaza, exhibiendo una coherencia permanente con lo que hace y lo que es. Porque Bosé pertenece a esa generación de últimos románticos que es capaz de pelear por una ideología.

Puede ser apasionado y sensual, también desafiante y cautivador, pero ante todo es un seductor nato. Parece haber nacido con la capacidad de provocar deseo. ¿Quién no ha estado enamorad@ de él, aunque sea en un corto momento de su vida?

A Pablo Picasso, su padrino, le debemos quién es. Al final, fue el pintor español el que lo alentó a seguir un camino artístico matriculándolo en una conocida escuela española de danza. Luego el tiempo de encargó de buscar su camino.

En los años 70, Bosé se hizo "glam". Estudiaba en Londres en una escuela tipo Fama, donde se apasionó por Marc Bolan, los T Rex, David Bowie y toda la onda andrógina, ambigua y musicalmente compleja. En la época de la movida madrileña esa actitud de ambigüedad sexual, la portada de Andy Warhol de uno de sus discos, sus shows en falda y en malla rojas, fueron liberadores.

El denominado hombre renacentista, capaz de entrelazar el arte con la técnica y la humanística, no concibe una sola carrera. Por eso pica de muchos platos: cine, música, teatro… Y es que Bosé ha vivido mucho: libre, honesta y coherentemente. Y eso se refleja en su música, con discos cada vez más conceptuales y alejados del gusto masivo. Sus últimos trabajos muestran a un artista maduro, renovado, capaz de reinventarse y seguir sorprendiendo. Para las que lo amamos incondicionalmente desde los 80, ¡felicidades! Seguiremos esperando tu inagotable capacidad de innovación.