El erotismo elegante en la música de ayer; canciones románticas que hablaban de sexo sin decirlo
Antes del lenguaje explícito: así se cantaba el deseo; artistas que cantaban al romance con doble sentido

Mucho antes de que el sexo se convirtiera en un tema directo, explícito y sin metáforas dentro de géneros como el reguetón o el merengue típico contemporáneo, la música romántica ya hablaba de deseo, pasión y encuentros íntimos. Lo hacía, sin embargo, desde otro lugar: la poesía, la sugerencia y un lenguaje cargado de imágenes que requerían escucha atenta y cierta madurez emocional para ser comprendidas.
Durante décadas, cantautores y artistas de América Latina y España desarrollaron un erotismo velado que convivía con la radio familiar, las serenatas y los bailes de salón. No se nombraba el acto, pero se sentía. No se describía el cuerpo de forma cruda, pero se recorría verso a verso.
- Clásicos como "Morena mía" de Miguel Bosé o "Burbujas de amor" de Juan Luis Guerra abordaban la pasión y el amor físico mediante imágenes sugerentes: tocar la "pecera" o la boca de la amada, simbolizando intimidad y deseo sin necesidad de frases explícitas.
"Miguel Bosé" y su gusto por "el café"
Uno de los ejemplos más citados es "Morena mía", de Miguel Bosé. Convertida en un clásico sensual del pop en español, la canción es recordada por su ritmo y su tono provocador, pero pocas veces se analiza a fondo su letra.
Con frases como "cuando tu boca me toca, me pone y me provoca", Bosé construyó una narrativa erótica clara para el oyente adulto, sin necesidad de caer en lo explícito. El lenguaje metafórico hacía el trabajo, dejando espacio a la imaginación.
"Quisiera ser un pez para tocar mi nariz en tu pecera"
Algo similar ocurre con "Burbujas de amor", de Juan Luis Guerra. Durante años se ha debatido el significado de versos como "quisiera ser un pez para tocar mi nariz en tu pecera".
Aunque el propio Guerra explicó que la imagen nació de su lectura de Julio Cortázar y que la canción habla de un amor persistente, la interpretación popular la convirtió en una de las bachatas más sensuales jamás escritas. La ambigüedad fue clave: la canción funciona tanto como poema romántico como relato de un anhelo íntimo.
"Cóncavo y convexo"
Roberto Carlos logró algo poco común con "Cóncavo y convexo": cantar sobre el sexo de forma directa, pero elegante. "Cada parte de ti tiene forma ideal" y "en el sexo" aparecen sin rodeos, pero envueltos en una estructura lírica que prioriza la armonía y la emoción, más que el impacto.
"¿Dónde podré vivir sino en tu sexo?"
La cubana Albita llevó esa misma intensidad a "Qué manera de quererte", donde el cuerpo y el deseo son el centro del discurso. "¿Dónde podré vivir sino en tu sexo?" cantaba en 1994, en una época donde pocas mujeres expresaban el deseo femenino con tanta libertad, pero sin perder el cuidado estético de la palabra.
La "Primera vez" de Ricardo Arjona
El rey de la metáfora, Ricardo Arjona, también dejó huella con "Primera vez". Allí narró el despertar sexual desde la ternura y el conflicto interno, usando imágenes como botones que se detienen y dudas que pesan más que la piel. No era una canción para escandalizar, sino para contar una transición emocional.
Alejandra Guzmán y Franco de Vita
Alejandra Guzmán, fiel a su irreverencia, empujó un poco más los límites en "Mírala, míralo", con imágenes explícitas pero poéticas.
Franco de Vita sorprendió al abandonar la balada romántica tradicional en "Sexo", donde el deseo se nombra sin disfraz, aunque siempre desde la honestidad emocional.
Incluso artistas asociados a la canción de autor, como Víctor Manuel, se permitieron insinuaciones atrevidas. En "Nada sabe tan dulce como su boca", el verso "tan solo alguna cosa que no se nombra" dice más por lo que calla que por lo que dice.
Otro ejemplo emblemático es el de Anthony Ríos y su tema "Si usted supiera señora". La canción es un ejercicio magistral de erotismo contenido. No hay una sola palabra explícita, pero versos como "de esas malas que son buenas" o "su perfume está en mi almohada" construyen un universo íntimo donde el deseo se vive en silencio, en la imaginación y en la ausencia.
Estas canciones no necesitaban shock ni provocación directa. Su fuerza estaba en la complicidad con el oyente adulto, en un código compartido que permitía hablar de sexo sin nombrarlo, de pasión sin exhibirla. Eran temas que podían sonar en la radio mientras los niños cantaban el coro sin entenderlo, y los adultos sonreían al captar el verdadero mensaje.
Otros ejemplos incluyen:
"Éxtasis" de Chayanne: describe la cercanía física con versos como "Mi piel entra en tu piel... y estalla tu mar, olas de amor".
Braulio, cantautor español, cuyos temas "El vicio de tu boca", "Noche de bodas" y "Ojos que no ven" exploran la pasión y la lujuria con imágenes poéticas, por ejemplo: "Ese brillo de lujuria, que en los ojos le ha quedado... lavé las huellas de estas horas de pecado".
"Bésame" de Ricardo Montaner: en su versión original, muestra la intensidad de un encuentro íntimo a través de metáforas de entrega y pasión: "Bésame con todas las fuerzas, con tu boca, con tu lengua, con tu amor".
"Antología de pasión" de Altamira Banda Show: combina imágenes de ensueño y deseo: "Tu nombre penetró en mis sentidos... del rojo me decido de tus lindos labios".
"Si tú supieras" de Alejandro Fernández: expresa el deseo y la entrega mediante la poesía de los sentidos y la cercanía del cuerpo: "Cómo te ansía cada espacio de mi cuerpo... entrégame tu amor para calmar este dolor".
"El difunto de Juanes"
"La camisa negra" de Juanes: aunque muchos la han escuchado sin pensar en su significado, la canción en realidad habla de una disfunción eréctil provocada por la ruptura amorosa.
Frases como "Yo por ti perdí la calma y casi pierdo hasta mi cama" y "Te lo digo con disimulo que tengo la camisa negra y debajo tengo el difunto" usan metáforas para hablar del pene que ha perdido su vigor, mientras mantienen la canción con un ritmo pegajoso y accesible.
Hoy, cuando gran parte de la música popular apuesta por la literalidad y la inmediatez, estas composiciones recuerdan que el erotismo también puede ser elegante, profundo y bello. Que el deseo, cuando se canta con poesía, no pierde intensidad: gana permanencia.


Jeury Frías