República Dominicana despide a Alex Bueno, la voz multifacética que conquistó generaciones
Familiares, artistas, autoridades y cientos de admiradores despidieron al intérprete en el Teatro Nacional, donde el país rindió tributo a su legado artístico y a la calidad humana que marcó su vida

No hubo un silencio absoluto en el Teatro Nacional Eduardo Brito. En su lugar, hubo canciones, aplausos y lágrimas contenidas. La despedida de Alex Bueno no estuvo marcada únicamente por el dolor de la pérdida, sino por la gratitud de un país que acudió a rendir homenaje a uno de los artistas más extraordinarios de su historia musical.
Con la melodía de A mi manera acompañando el ambiente, familiares, amigos, colegas y cientos de admiradores dieron este lunes el último adiós al intérprete, precisamente en el escenario donde protagonizó algunos de los momentos más memorables de su carrera y donde, hace apenas unos meses, celebró cuatro décadas de trayectoria artística.
El homenaje transcurrió entre emociones profundas, pero también entre recuerdos que arrancaban sonrisas. Los rostros reflejaban el dolor sereno de despedir a un ídolo, acompañado por la satisfacción de haber sido testigos de una carrera irrepetible que convirtió su voz en una referencia obligada de la música dominicana y latinoamericana.
El hombre más allá del artista
Uno de los momentos más conmovedores de la ceremonia llegó con la intervención de su hermana, Paula Bueno, quien ofreció una semblanza de la vida del cantante. Más que repasar la brillante carrera del intérprete, decidió presentar al hombre que existía detrás del escenario.
Recordó que Alex Bueno nació el 6 de septiembre de 1963 en San José de las Matas, provincia Santiago, donde desde los seis años descubrió su pasión por la música al tomar una guitarra por primera vez. Aquella vocación temprana comenzó a abrirle camino en las actividades culturales de su pueblo y en las tradicionales serenatas, hasta iniciar formalmente su carrera artística en 1979.

Con el paso de los años, esa voz privilegiada conquistó al público interpretando merengue, bachata, salsa, baladas, boleros y otros géneros, convirtiéndose en uno de los artistas más versátiles y respetados de la música dominicana.
Sin embargo, para su hermana, el verdadero legado de Alex no se mide únicamente por los éxitos musicales.
"Más allá de los escenarios, las luces y los aplausos, su verdadera grandeza residía en su alma", expresó con visible emoción.
Lo describió como un hombre sencillo, desprendido de los bienes materiales, solidario con quienes más lo necesitaban, amante de los niños, respetuoso de los adultos mayores y profundamente apegado a sus convicciones religiosas.
También habló del inmenso amor que sentía por su esposa Sara, por sus hijas Natasha, Scarlett, Sarah, Kimberly y Whipper, así como por sus nietos, a quienes consideraba el mayor motivo de orgullo y felicidad.
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"Hoy Alejandro nos deja físicamente, pero su extraordinaria voz seguirá resonando en el tiempo y su legado de humildad, generosidad y amor familiar permanecerá vivo para siempre", concluyó.
El adiós de sus hijas
Las palabras de Paola dieron paso a otro de los instantes más emotivos de la jornada.
En representación de la familia, Natasha, Scarlett, Sarah y Kimberly tomaron el micrófono para agradecer las innumerables muestras de cariño recibidas durante los días de duelo.
Con evidente emoción, reconocieron que la solidaridad del pueblo dominicano ha servido de consuelo en uno de los momentos más difíciles que han enfrentado.

"Su presencia, sus abrazos, sus oraciones y cada palabra de consuelo han significado mucho para nosotros", manifestaron.
Las jóvenes aseguraron que les llena de orgullo comprobar el respeto y la admiración que su padre cultivó durante toda su vida, no solo por el extraordinario artista que fue, sino también por la calidad humana que dejó en cada persona que tuvo la oportunidad de conocerlo.
"Nos reconforta saber que la vida de nuestro padre dejó una huella tan profunda, tanto por el extraordinario artista que fue como por el ser humano que tuvimos el privilegio de llamar papá", expresaron antes de agradecer las oraciones y pedir bendiciones para todos los presentes.
Cuando el público cantó por él
La música terminó hablando allí donde las palabras ya no alcanzaban.
Los primeros acordes de Quiéreme bastaron para que todo el Teatro Nacional se convirtiera en un solo coro. Cientos de voces interpretaron la canción con una emoción difícil de describir, transformando el homenaje en una despedida colectiva.
La intensidad volvió a sentirse cuando sonó Querida, la inolvidable composición de Juan Gabriel que Alex Bueno convirtió en uno de los mayores clásicos de su repertorio gracias a una interpretación que marcó a generaciones. Poco después, el público volvió a unirse para cantar Colegiala, otro de los temas inseparables de la trayectoria del artista.
Entre canción y canción, el silencio también hablaba. Cada aplauso parecía resumir cuatro décadas de una carrera construida con disciplina, talento y una capacidad única para conectar con distintas generaciones.
Un legado para la cultura dominicana
Antes del último adiós, el ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo, acudió al Teatro Nacional para expresar sus condolencias a la familia y rendir homenaje al artista.
Definió a Alex Bueno como una de las voces más importantes que ha dado la República Dominicana y resaltó su extraordinaria capacidad para interpretar distintos géneros con la misma calidad y autenticidad.

"Fue una figura muy querida. Tuvo la versatilidad, con una voz prodigiosa, de poder grabar en distintos géneros y tener la aceptación popular. Creo que es un artista que pierde hoy la República Dominicana", expresó.
El funcionario afirmó que la partida del cantante representa una pérdida profundamente sensible para el arte popular dominicano y recordó haber seguido su carrera desde muy joven.
A su juicio, uno de los mayores aportes del intérprete fue demostrar que una misma voz podía alcanzar la excelencia en la bachata, el merengue y la música romántica, otorgando a cada género un sello inconfundible.
"Si hoy proyectamos en valor la cultura dominicana, una de esas voces extraordinarias fue Alex Bueno. Trabajar la bachata, trabajar el merengue, trabajar también la música romántica y darle un sello distintivo son parte de sus características fundamentales", afirmó.
Consultado por la canción que más recuerda del artista, respondió con una sonrisa: "Colegiala".
Respecto a las críticas surgidas por la realización del velatorio en el Teatro Nacional, Salcedo evitó entrar en la controversia y sostuvo que el momento debía estar dedicado exclusivamente a honrar la memoria del cantante y acompañar a sus familiares.
El respeto de sus compañeros de escenario
La despedida también estuvo marcada por el reconocimiento de quienes compartieron con Alex Bueno los escenarios y fueron testigos de su extraordinario talento. Durante el homenaje póstumo, los merengueros Fernando Villalona y Rafa Rosario realizaron guardia de honor junto al féretro del artista, en un gesto cargado de simbolismo y respeto hacia quien fue una de las voces más influyentes de la música popular dominicana.
Al tributo se unieron también Jossie Esteban, Pakolé y Silvio Mora, quienes acudieron al Teatro Nacional para acompañar a la familia y despedir al intérprete, sumándose a las autoridades, colegas, amigos y cientos de seguidores que desfilaron por la capilla ardiente instalada en el principal escenario cultural del país.

La presencia de varias generaciones de artistas evidenció el profundo reconocimiento que Alex Bueno cosechó a lo largo de más de cuatro décadas de carrera, consolidándose como un referente cuya influencia trascendió géneros y épocas.

Una voz que no se despide
El homenaje concluyó entre una prolongada ovación y un sentimiento compartido por todos los presentes: Alex Bueno deja los escenarios, pero no abandona la memoria de su pueblo.
- Su legado no solo está escrito en los discos que grabó ni en los éxitos que conquistaron a millones de personas. Vive también en la humildad que quienes lo conocieron destacan una y otra vez, en el amor que profesó a su familia y en la capacidad única que tuvo para convertir cada interpretación en una emoción colectiva.

Entre canciones, abrazos y un profundo respeto, República Dominicana despidió a uno de sus artistas más grandes. Y aunque el telón cayó sobre su vida, su voz seguirá encontrando escenario en cada hogar donde vuelva a sonar una de sus canciones, recordando que los grandes intérpretes nunca se marchan del todo.







Jeury Frías