Nada justifica estigma que afecta pacientes con lepra
Menos de 300 dominicanos padecen la enfermedad

Santo Domingo. Desde la Biblia, que se refiere a la lepra en más de 100 ocasiones, vemos como las personas afectas por esta enfermedad han sido estigmatizadas y, aún hoy, son víctimas del rechazo social lo que hace que estos casos se manejen herméticamente aunque, cuando no son tratados a tiempo, las desformaciones y manchas permanentes se encargan de develar el problema.
Sin embargo, esta enfermedad muy temida durante siglos y siglos, no implica mayor gravedad que las secuelas que podría dejar si no es tratada, como son las mutilaciones en manos y pies, así como del tabique de la nariz o las orejas, lo que ha disminuido significativamente gracias al programa que desde hace 42 años desarrolla el Instituto Dermatológico y Cirugía de Piel Doctor Huberto Bogaert Díaz.
Según explica el dermatólogo Juan Periche Fernández, director de la Unidad de Lepra del Distrito Nacional, contrario a lo que se cree, la lepra es una enfermedad poco contagiosa: la mitad de las personas se contagiaba con un tipo de lepra conocida como tuberculoide, que no es contagiosa, y el 50 por ciento restante con la forma conocida como lepromatosa, que aunque sí es contagiosa, deja de serlo tan pronto el paciente inicia el tratamiento para combatirla.
No sólo eso, "el 98 por ciento de las personas, aún cuando reciben esos bacilos de pacientes contagiados no contraen la enfermedad porque su sistema inmunológico destruye los microbios", precisa el experto.
De acuerdo a Periche, en República Dominicana se estima entre 200 a 300 la cantidad de personas afectadas por lepra, para una prevalencia de 0.33 por cada 10,000 habitantes, lo que representa un logro para el Patronato de Lucha con la Lepra y el Instituto Dermatológico, que alcanzó en 1994 la meta establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que estableció como límite el año 2000 para que todos los países redujeran la prevalencia de la enfermedad a menos de un caso por cada 10,000 habitantes.
El Instituto Dermatológico cuenta con un programa modelo para el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad y por décadas creó conciencia en la población sobre la posibilidad de que cualquier mancha sin sensibilidad en la piel podría ser lepra. Los pacientes, localizados y atendidos hasta en los lugares más recónditos del país reciben el tratamiento por dos años, cuando se le considera curados, y junto a familiares y allegados se les da seguimiento por siete años, tiempo en el que el bacilo podría permanecer incubado.
Desde hace 50 años la enfermedad, producida por la bacteria Mycobacterium Leprae, es tratada con Dapsona, antibiótico efectivo pero que no elimina todos los bacilos, por lo que al poco tiempo los sobrevivientes se hacen resistentes y multiplican provocando la recaída del paciente. La inclusión en el tratamiento de dos tipos extras de antibióticos solucionó el problema.
"Con una prevalencia de menos de un caso por cada 10 mil habitantes eliminamos la lepra como problema de salud pública, lo consolidaremos cuando en cinco años no se registre un caso nuevo de mutilación; el siguiente paso será la erradicación, cuando no aparezca ni un caso nuevo con la enfermedad". Juan Periche, Dermatólogo
Sin embargo, esta enfermedad muy temida durante siglos y siglos, no implica mayor gravedad que las secuelas que podría dejar si no es tratada, como son las mutilaciones en manos y pies, así como del tabique de la nariz o las orejas, lo que ha disminuido significativamente gracias al programa que desde hace 42 años desarrolla el Instituto Dermatológico y Cirugía de Piel Doctor Huberto Bogaert Díaz.
Según explica el dermatólogo Juan Periche Fernández, director de la Unidad de Lepra del Distrito Nacional, contrario a lo que se cree, la lepra es una enfermedad poco contagiosa: la mitad de las personas se contagiaba con un tipo de lepra conocida como tuberculoide, que no es contagiosa, y el 50 por ciento restante con la forma conocida como lepromatosa, que aunque sí es contagiosa, deja de serlo tan pronto el paciente inicia el tratamiento para combatirla.
No sólo eso, "el 98 por ciento de las personas, aún cuando reciben esos bacilos de pacientes contagiados no contraen la enfermedad porque su sistema inmunológico destruye los microbios", precisa el experto.
De acuerdo a Periche, en República Dominicana se estima entre 200 a 300 la cantidad de personas afectadas por lepra, para una prevalencia de 0.33 por cada 10,000 habitantes, lo que representa un logro para el Patronato de Lucha con la Lepra y el Instituto Dermatológico, que alcanzó en 1994 la meta establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que estableció como límite el año 2000 para que todos los países redujeran la prevalencia de la enfermedad a menos de un caso por cada 10,000 habitantes.
El Instituto Dermatológico cuenta con un programa modelo para el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad y por décadas creó conciencia en la población sobre la posibilidad de que cualquier mancha sin sensibilidad en la piel podría ser lepra. Los pacientes, localizados y atendidos hasta en los lugares más recónditos del país reciben el tratamiento por dos años, cuando se le considera curados, y junto a familiares y allegados se les da seguimiento por siete años, tiempo en el que el bacilo podría permanecer incubado.
Desde hace 50 años la enfermedad, producida por la bacteria Mycobacterium Leprae, es tratada con Dapsona, antibiótico efectivo pero que no elimina todos los bacilos, por lo que al poco tiempo los sobrevivientes se hacen resistentes y multiplican provocando la recaída del paciente. La inclusión en el tratamiento de dos tipos extras de antibióticos solucionó el problema.
"Con una prevalencia de menos de un caso por cada 10 mil habitantes eliminamos la lepra como problema de salud pública, lo consolidaremos cuando en cinco años no se registre un caso nuevo de mutilación; el siguiente paso será la erradicación, cuando no aparezca ni un caso nuevo con la enfermedad". Juan Periche, Dermatólogo
Diario Libre
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