Niños con fiebre, alarma familiar
¿Qué fiebre tiene que marcar el termómetro para salir corriendo hacia la clínica? Es la prueba de fuego de los padres primerizos
La fiebre es una elevación de la temperatura corporal por encima de las cifras normales, que oscilan entre los 36.7 y 37 grados centígrados medidos con un termómetro en la axila, la ingle, el recto o el oído, aunque el calor humano varía según la zona del cuerpo, la actividad física, la edad e incluso la hora del día.
El dolor es una sensación desagradable que se presenta como consecuencia de una alteración del organismo o debido a una afectación del sistema nervioso. Es una experiencia personal, sensorial y afectiva que, en muchas ocasiones, no tiene manifestación externa, pero que es el principal síntoma que nos lleva a una consulta médica.
Ambos síntomas, son una señal de alarma que indica que algo no marcha como debiera en el organismo, y en el caso de los más pequeños, son las causas de consulta más frecuentes a los servicios de emergencia.
Cuando el que sufre un estado febril o padece un episodio doloroso es un niño o una niña, el problema parece mayor, debido a que padres y madres ven a sus pequeños más desprotegidos.
La fiebre por sí misma no es una enfermedad, sino un signo que acompaña a algunas enfermedades. No es necesario bajarla en todas las circunstancias, sólo si el niño está molesto.
No obstante, se debe consultar inmediatamente al médico, si el niño tiene menos de 3 meses, está adormilado, decaído o muy irritable, si ha tenido una convulsión, si se queja de dolor de cabeza y vomita; si respira con dificultad, si su temperatura axilar supera los 40.5 grados centígrados o cuando aparecen manchas en la piel.
Los especialistaas recuerdan que la fiebre, si bien debe verse como una condición que altera el bienestar físico del niño, también debe considerarse como la mejor señal de que hay alguna enfermedad infecciosa que debe ser controlada. Es como un semáforo que nos avisa de que algo va mal.
El impacto social de la fiebre es importante. Más de un 30 por ciento de las consultas a los servicios médicos de pacientes entre 3 y 36 meses, los determina la fiebre. En ese período de la vida infantil, la media oscila entre 4 y 6 episodios febriles agudos al año.
Se puede decir que un niño tiene fiebre cuando su temperatura, tomada en axila, supere los 37 grados centígrados. Si el niño es menor de cinco años, es preferible colocar el termómetro en la zona rectal, donde la medición es más precisa. La temperatura oral también ofrece datos precisos si se mide adecuadamente y es la más recomendable para niños mayores de cinco años.
Atención a los sintomas
Hay indicios de que un niño tiene fiebre cuando presenta sudoración, enrojecimiento de la piel, escalofríos y respiración agitada. Por otro lado, ciertos comportamientos como la disminución de la actividad normal, la inquietud e irritabilidad o la pérdida de apetito, son posibles indicadores febriles.
Empieza el combate a la fiebre
Mantenga una temperatura ambiental agradable.
Evite poner al bebé mucha ropa, y dele a beber abundantes líquidos, ofreciéndole líquidos azucarados sin forzarle.
Los fármacos antitérmicos se deben administrar respetando las dosis e intervalos entre las tomas indicados por el médico.
Los baños o compresas con agua templada reducen la fiebre en muy poco tiempo y sólo deben usarse para ayudar a los antitérmicos.
Detalles:
La fiebre consiste en la elevación de la temperatura axilar por encima de 37,4 C o de 37,9 C, si se toma rectal
Contrario a lo que se sostenía antes, muchos especialistas consideran que los niños son más sensibles al dolor que los adultos.
A la salud por la cocina
Si la crisis febril tiene un período corto, el organismo se recupera rápido, en caso contrario se recomienda ingerir comida fresca y con alto contenido de agua. Debe procurarse una alimentación sana, de fácil asimilación y rica en vitaminas.
Se debe ingerir:
Frutas (naranjas, toronjas, fresas, cerezas, sandía).
Galletas y bizcochos suaves (poco pan).
Verduras.
Puré de papas con leche fresca, sin sal.
Sopas frías (de leche o de frutas).
No debe ingerirse:
Sal
Sazones o cubitos para condimentar.
El dolor es una sensación desagradable que se presenta como consecuencia de una alteración del organismo o debido a una afectación del sistema nervioso. Es una experiencia personal, sensorial y afectiva que, en muchas ocasiones, no tiene manifestación externa, pero que es el principal síntoma que nos lleva a una consulta médica.
Ambos síntomas, son una señal de alarma que indica que algo no marcha como debiera en el organismo, y en el caso de los más pequeños, son las causas de consulta más frecuentes a los servicios de emergencia.
Cuando el que sufre un estado febril o padece un episodio doloroso es un niño o una niña, el problema parece mayor, debido a que padres y madres ven a sus pequeños más desprotegidos.
La fiebre por sí misma no es una enfermedad, sino un signo que acompaña a algunas enfermedades. No es necesario bajarla en todas las circunstancias, sólo si el niño está molesto.
No obstante, se debe consultar inmediatamente al médico, si el niño tiene menos de 3 meses, está adormilado, decaído o muy irritable, si ha tenido una convulsión, si se queja de dolor de cabeza y vomita; si respira con dificultad, si su temperatura axilar supera los 40.5 grados centígrados o cuando aparecen manchas en la piel.
Los especialistaas recuerdan que la fiebre, si bien debe verse como una condición que altera el bienestar físico del niño, también debe considerarse como la mejor señal de que hay alguna enfermedad infecciosa que debe ser controlada. Es como un semáforo que nos avisa de que algo va mal.
El impacto social de la fiebre es importante. Más de un 30 por ciento de las consultas a los servicios médicos de pacientes entre 3 y 36 meses, los determina la fiebre. En ese período de la vida infantil, la media oscila entre 4 y 6 episodios febriles agudos al año.
Se puede decir que un niño tiene fiebre cuando su temperatura, tomada en axila, supere los 37 grados centígrados. Si el niño es menor de cinco años, es preferible colocar el termómetro en la zona rectal, donde la medición es más precisa. La temperatura oral también ofrece datos precisos si se mide adecuadamente y es la más recomendable para niños mayores de cinco años.
Atención a los sintomas
Hay indicios de que un niño tiene fiebre cuando presenta sudoración, enrojecimiento de la piel, escalofríos y respiración agitada. Por otro lado, ciertos comportamientos como la disminución de la actividad normal, la inquietud e irritabilidad o la pérdida de apetito, son posibles indicadores febriles.
Empieza el combate a la fiebre
Mantenga una temperatura ambiental agradable.
Evite poner al bebé mucha ropa, y dele a beber abundantes líquidos, ofreciéndole líquidos azucarados sin forzarle.
Los fármacos antitérmicos se deben administrar respetando las dosis e intervalos entre las tomas indicados por el médico.
Los baños o compresas con agua templada reducen la fiebre en muy poco tiempo y sólo deben usarse para ayudar a los antitérmicos.
Detalles:
La fiebre consiste en la elevación de la temperatura axilar por encima de 37,4 C o de 37,9 C, si se toma rectal
Contrario a lo que se sostenía antes, muchos especialistas consideran que los niños son más sensibles al dolor que los adultos.
A la salud por la cocina
Si la crisis febril tiene un período corto, el organismo se recupera rápido, en caso contrario se recomienda ingerir comida fresca y con alto contenido de agua. Debe procurarse una alimentación sana, de fácil asimilación y rica en vitaminas.
Se debe ingerir:
Frutas (naranjas, toronjas, fresas, cerezas, sandía).
Galletas y bizcochos suaves (poco pan).
Verduras.
Puré de papas con leche fresca, sin sal.
Sopas frías (de leche o de frutas).
No debe ingerirse:
Sal
Sazones o cubitos para condimentar.
Diario Libre
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