Noche cubana, Morena bonita...

SOSUA. Como dice la famosa canción de César Portillo de la Luz, Chucho Valdez, con 5 bocinas de gramófono que dan en los premios Grammy en casa, puso a un público heterogéneo y realmente internacional, al borde del paroxismo la noche del sábado en Casa Marina de Amhsa, donde concluyó el VII Dominican Republic Jazz Festival, que contó con el patrocinio de Brahma, tras tres noches cerradas por actuaciones de artistas cubanos: Gonzalo Rubalcava, Bellita Tumbata y Chucho Valdez y su Cuarteto.
Alto como un jugador central de baloncesto, amante de la música de Lecuona, Gershwin y Rajmaninov, un poco lento en su andar, confiesa que también es amante del boxeo. "Tengo fotos con Teófilo Stevenson, hacía sparring con él, y también con Mohammed Ali una foto en la que le estoy tirando un golpe".
Indagado acerca del protagonismo del piano en la música cubana, Chucho Valdez aseguró que "se puede hablar de una escuela cubana de piano, o sea, un estilo muy peculiar, muy cubano, de hacer la misma música popular o el llamado jazz latino. Se puede hablar de una escuela".
Los padres de esa escuela, según la destacada figura de la cultura cubana, serían: "Para mí los padres ni siquiera tocaron el jazz latino, pero fueron los padres de la escuela cubana. En primer lugar, Jesús López, pianista de Cachao cuando la Orquesta de Arcaño y sus Maravillas, también Lily Martines, genial pianista de Félix Chapottin, que ha sido el más grande pianista sonero de la historia, diría Frank Emilio, para mencionar sólo a algunos, mi papá Bebo Valdez ha sido de los grandes de las generaciones de los 30 a los 60, y otros más como Felipe Dulzaides, aunque este si era jazzista y un gran músico".
La composición ha sido otra de las grandes pasiones de Chucho Valdez. A su autoría se debe, entre muchas otras fundamentales, Misa negra, una obra compleja, llena de matices, de esencias raigales. El pianista lo define así: "quise mezclar el legado de la cultura africana, que ahora llamamos afrocubana, porque pertenece a las raíces más fuertes de nuestra cultura, sobre todo de Nigeria, pero hay otras tendencias del Congo, Dahomey, etc.". Acerca de las fusiones, esencia de los trabajos realizados en el jazz contemporáneo, insiste en que "entre los músicos que han hecho aportes en cuanto a fusionar ritmos con el jazz está alguien a quien considero un verdadero héroe, el dominicano Mario Rivera, quien ha hecho un gran trabajo con el merengue dentro del jazz".
Entre los momentos más importantes de su vida, Chucho Valdez (1941) explica que ha tenido "muchos, muchos, sobre todo en mis inicios, cuando tuve la oportunidad de tocar con la orquesta de mi padre Sabor de Cuba, la primera donde hice un trabajo más serio, más formal, y mi padre que era director de la orquesta y pianista, se levantó de la banqueta para dármela a mí y me enseñó todo el trabajo de la orquestación del jazz band, el trabajar bajo la batuta de un director, y una serie de cosas que se aprenden en la calle más que en la escuela. Él siempre dice que hay dos escuelas, una natural la del conservatorio, y otra la de la calle, el contacto directo con la música popular, el trabajo cotidiano, eso hay que aprenderlo".
Preguntado acerca de qué ha sido del grupo Irakere, el maestro explica que "en la música cubana ha jugado su papel durante muchos años. Lo importante de Irakere es que se habla de un antes y un después. En Cuba se habla en cuanto a la música cubana antes de Irakere y después de Irakere, porque fue un grupo que revolucionó la historia de la música popular, y en específico del jazz en Cuba y en el mundo, pues en Estados Unidos se habla igual de un antes y un después. Pero Irakere sí existe. Lo único que jugó su papel, hizo su trabajo, se mantiene haciendo cosas. Acaba de salir un disco que se llama Irakere 30 Años Después. Pero ya el grupo hizo su trabajo y tiene su historia escrita, y me decidí por hacer mi trabajo pianístico, que no estaba hecho", recalca.
Su producción discográfica es muy grande. Con 64 años, cuenta con 56 álbumes: "Acabo de grabar dos discos solamente de piano, uno se llama Cancionero cubano, con todas las canciones populares de la música cubana, hay otro que es "Chucho en vivo", que lo grabé en una actuación en el Teatro Amadeo Roldán, de La Habana, hace poco. Ah, hay un tercero, que lo acabo de grabar y que lo hice para mí, para complacerme, para tocar las cosas que me dan la gana y que a mí me gustan. Eso posiblemente salga algún día y será un gran disco".
No me metas en líos, compadre... ¿El reggaetón? Hay que dejar que pase el tiempo, que es el que decanta las cosas. Chucho Valdez, Sobre el reggeatón
Alto como un jugador central de baloncesto, amante de la música de Lecuona, Gershwin y Rajmaninov, un poco lento en su andar, confiesa que también es amante del boxeo. "Tengo fotos con Teófilo Stevenson, hacía sparring con él, y también con Mohammed Ali una foto en la que le estoy tirando un golpe".
Indagado acerca del protagonismo del piano en la música cubana, Chucho Valdez aseguró que "se puede hablar de una escuela cubana de piano, o sea, un estilo muy peculiar, muy cubano, de hacer la misma música popular o el llamado jazz latino. Se puede hablar de una escuela".
Los padres de esa escuela, según la destacada figura de la cultura cubana, serían: "Para mí los padres ni siquiera tocaron el jazz latino, pero fueron los padres de la escuela cubana. En primer lugar, Jesús López, pianista de Cachao cuando la Orquesta de Arcaño y sus Maravillas, también Lily Martines, genial pianista de Félix Chapottin, que ha sido el más grande pianista sonero de la historia, diría Frank Emilio, para mencionar sólo a algunos, mi papá Bebo Valdez ha sido de los grandes de las generaciones de los 30 a los 60, y otros más como Felipe Dulzaides, aunque este si era jazzista y un gran músico".
La composición ha sido otra de las grandes pasiones de Chucho Valdez. A su autoría se debe, entre muchas otras fundamentales, Misa negra, una obra compleja, llena de matices, de esencias raigales. El pianista lo define así: "quise mezclar el legado de la cultura africana, que ahora llamamos afrocubana, porque pertenece a las raíces más fuertes de nuestra cultura, sobre todo de Nigeria, pero hay otras tendencias del Congo, Dahomey, etc.". Acerca de las fusiones, esencia de los trabajos realizados en el jazz contemporáneo, insiste en que "entre los músicos que han hecho aportes en cuanto a fusionar ritmos con el jazz está alguien a quien considero un verdadero héroe, el dominicano Mario Rivera, quien ha hecho un gran trabajo con el merengue dentro del jazz".
Entre los momentos más importantes de su vida, Chucho Valdez (1941) explica que ha tenido "muchos, muchos, sobre todo en mis inicios, cuando tuve la oportunidad de tocar con la orquesta de mi padre Sabor de Cuba, la primera donde hice un trabajo más serio, más formal, y mi padre que era director de la orquesta y pianista, se levantó de la banqueta para dármela a mí y me enseñó todo el trabajo de la orquestación del jazz band, el trabajar bajo la batuta de un director, y una serie de cosas que se aprenden en la calle más que en la escuela. Él siempre dice que hay dos escuelas, una natural la del conservatorio, y otra la de la calle, el contacto directo con la música popular, el trabajo cotidiano, eso hay que aprenderlo".
Preguntado acerca de qué ha sido del grupo Irakere, el maestro explica que "en la música cubana ha jugado su papel durante muchos años. Lo importante de Irakere es que se habla de un antes y un después. En Cuba se habla en cuanto a la música cubana antes de Irakere y después de Irakere, porque fue un grupo que revolucionó la historia de la música popular, y en específico del jazz en Cuba y en el mundo, pues en Estados Unidos se habla igual de un antes y un después. Pero Irakere sí existe. Lo único que jugó su papel, hizo su trabajo, se mantiene haciendo cosas. Acaba de salir un disco que se llama Irakere 30 Años Después. Pero ya el grupo hizo su trabajo y tiene su historia escrita, y me decidí por hacer mi trabajo pianístico, que no estaba hecho", recalca.
Su producción discográfica es muy grande. Con 64 años, cuenta con 56 álbumes: "Acabo de grabar dos discos solamente de piano, uno se llama Cancionero cubano, con todas las canciones populares de la música cubana, hay otro que es "Chucho en vivo", que lo grabé en una actuación en el Teatro Amadeo Roldán, de La Habana, hace poco. Ah, hay un tercero, que lo acabo de grabar y que lo hice para mí, para complacerme, para tocar las cosas que me dan la gana y que a mí me gustan. Eso posiblemente salga algún día y será un gran disco".
No me metas en líos, compadre... ¿El reggaetón? Hay que dejar que pase el tiempo, que es el que decanta las cosas. Chucho Valdez, Sobre el reggeatón
Alfonso Quiñones
Alfonso Quiñones