Ovulación secreta y otras cuestiones

Santo Domingo. Decía en el artículo anterior que no hay correspondencia total entre monogamia y ovulación secreta. De igual modo, aunque la mayoría de las especies con signos notorios de ovulación son promiscuas, no todas las especies promiscuas muestran estos signos. De hecho, en la mayoría de los primates promiscuos (20 de 34), se da tanto la ovulación secreta como los signos moderados de ovulación.
Esta complejidad de correlaciones prueba que la ovulación secreta cumple distintas funciones en los diferentes sistemas conyugales. Los autores suecos salvan esta confusión sugiriendo que este proceso evolutivo se dio en dos etapas, conciliando la contradicción entre estas teorías.
La de los "muchos padres" funcionó en la primera etapa, cuando surgió la ovulación secreta en especies promiscuas o polígamas, lo que permitía a la hembra copular con varios machos, sin que pudieran identificar a los hijos de otros machos y matarlos. Una vez establecida la ovulación secreta, surgió la monogamia, que garantiza la permanencia del padre y su colaboración en la crianza de los hijos, según predice la teoría "papá en casa".
Entre los primates hay otras diferencias que interactúan con la relación conyugal. La diferencia de tamaño entre macho y hembra es muy notoria en mamíferos poligínicos (un macho posee varias hembras). Un gorila macho pesa unas 400 libras, el doble de lo que pesa la hembra. Su gran tamaño le sirve para defender su harem de otros machos. En los mamíferos poligínicos, el promedio de hembras crece al aumentar esta diferencia.
El fenómeno se da también en aves, como pavos y gallinas. Un caso extremo de desproporción entre macho y hembra es el de un invertebrado marino, cuyo macho es tan pequeño que vive dentro de los genitales de la hembra, déficit ampliamente compensado por la tierna hospitalidad del nicho ecológico en que habita.
En las especies promiscuas, como los chimpancés, o monógamas como los gibones, macho y hembra tienen el mismo tamaño. Lo mismo sucede en aves monógamas como las palomas. En los humanos, monógamos ocasionalmente polígamos, los machos son algo mayores que las hembras (8 % más altos y 20 % más pesados).
Otro rasgo vinculado a la relación conyugal es el peso de los testículos.
Los del hombre pesan 1.5 onzas, el doble que los del gorila y del orangután. Pero los chimpancés tienen las gónadas más pesadas entre los primates (4 onzas). En el próximo, que juro será el último sobre este tema, describiré la teoría que explica estas diferencias.
Esta complejidad de correlaciones prueba que la ovulación secreta cumple distintas funciones en los diferentes sistemas conyugales. Los autores suecos salvan esta confusión sugiriendo que este proceso evolutivo se dio en dos etapas, conciliando la contradicción entre estas teorías.
La de los "muchos padres" funcionó en la primera etapa, cuando surgió la ovulación secreta en especies promiscuas o polígamas, lo que permitía a la hembra copular con varios machos, sin que pudieran identificar a los hijos de otros machos y matarlos. Una vez establecida la ovulación secreta, surgió la monogamia, que garantiza la permanencia del padre y su colaboración en la crianza de los hijos, según predice la teoría "papá en casa".
Entre los primates hay otras diferencias que interactúan con la relación conyugal. La diferencia de tamaño entre macho y hembra es muy notoria en mamíferos poligínicos (un macho posee varias hembras). Un gorila macho pesa unas 400 libras, el doble de lo que pesa la hembra. Su gran tamaño le sirve para defender su harem de otros machos. En los mamíferos poligínicos, el promedio de hembras crece al aumentar esta diferencia.
El fenómeno se da también en aves, como pavos y gallinas. Un caso extremo de desproporción entre macho y hembra es el de un invertebrado marino, cuyo macho es tan pequeño que vive dentro de los genitales de la hembra, déficit ampliamente compensado por la tierna hospitalidad del nicho ecológico en que habita.
En las especies promiscuas, como los chimpancés, o monógamas como los gibones, macho y hembra tienen el mismo tamaño. Lo mismo sucede en aves monógamas como las palomas. En los humanos, monógamos ocasionalmente polígamos, los machos son algo mayores que las hembras (8 % más altos y 20 % más pesados).
Otro rasgo vinculado a la relación conyugal es el peso de los testículos.
Los del hombre pesan 1.5 onzas, el doble que los del gorila y del orangután. Pero los chimpancés tienen las gónadas más pesadas entre los primates (4 onzas). En el próximo, que juro será el último sobre este tema, describiré la teoría que explica estas diferencias.
Simón Guerrero
Simón Guerrero