RD dice adiós para siempre a Saltimbanco de Cirque du Soleil
El espectáculo, de los más antiguos, llega a su fin el 30 diciembre

SANTO DOMINGO. Máscaras, maquillaje, vestuario, iluminación, música, movimientos escénicos, riqueza de personajes, destrezas... Todo eso es Saltimbanco y quizás algo más. Pero no tanto como "Dralion", aquella alegoría de la felicidad que sorprendió y emocionó a quienes asistieron a verlo el año pasado, también de la mano de SD Concerts.
Los primeros 15 minutos pasan con rutina de los payasos. Les siguen equilibristas de pulso. Lento va el espectáculo. Entonces aparece lo mejor que se verá, un conjunto de Palos Chinos, que hacen que suba la temperatura, mientras unos 24 artistas asumen los restos que desafían leyes físicas.
Después un mimo asiático, demasiado prolongado y escatológico, durará unos 20 minutos, más otros 20 en el segundo acto, se convierte en un abuso de confianza. ¡Pero grande!
Un pulsador con banda elástica provoca aplausos, y es cierto, nada está por gusto. Pulsos con barras fijas y contorsionismo. Un malabarista, que mejores se han visto. Las boleadoras es una danza argentina, muy aplaudida, que aporta originalidad al show antes de la pausa.
Reinicia con un espectacular número de equilibrios sobre barras, báscula y unas 30 personas en escena, más los músicos. Vuelve después el lirismo que es la piedra de toque del Cirque du Soleil, en el columpio y una mujer allá en las alturas, demostrando destreza técnica y creatividad en deslizamientos y volteretas. Luego volverá el mimo, insufrible.
Pulsistas sobre mesa, arrancan ovación. Cuatro equilibristas sobre cuerdas elásticas ascienden a los columpios. Trabajan al unísono saltan cabeza abajo unos 10 metros, dan volteretas, al unísono. hasta el vuelo del pájaro, clásico, pero reducido a dos columpios. Saltimbanco es bueno, ma non troppo!
Alfonso Quiñones
Alfonso Quiñones